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Seminario internacional


Chile quiere una nueva Constitución



Por Mariel Jara, Santiago de Chile




La Constitución chilena en vigor data de 1980, en plena dictadura de Pinochet. (Reuters)

La Constitución chilena en vigor data de 1980, en plena dictadura de Pinochet.

(Reuters)

Un cuarto de siglo después de recuperar la democracia, Chile aún se rige por la Constitucion que vio la luz durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1971-1990). Uno de los compromisos del actual gobierno de Michelle Bachelet es elaborar una Carta Magna que sea más inclusiva y participativa.

Con el objetivo de recoger la experiencia de países que han cambiado sus Constituciones y conocer mecanismos de participación ciudadana, la semana pasada se realizó en Santiago de Chile un seminario con la participación de varios expertos internacionales.

El seminario ‘Cambio Constitucional en Democracia’, celebrado el pasado jueves en la capital chilena, fue organizado por el Ministerio de la Secretaria General de la Presidencia, el Banco Interamericano de Desarrollo, IDEA Internacional (organismo intergubernamental para la democracia y la asistencia electoral) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Su objetivo fue recoger la experiencia de países que han cambiado sus Cartas Magnas y conocer la opinión de destacados académicos, entre ellos el suizo Carl Baudenbacher, acerca del momento constituyente chileno.

“La reforma tributaria, la reforma educacional y una nueva Constitución son tres desafíos que el gobierno de la presidenta Bachelet se ha propuesto para corregir las desigualdades que existen entre los chilenos. Ya avanzamos en los dos primeros y nos queda el tercero: generar una Constitución nacida en democracia, que nos represente a todos y fortalezca los derechos fundamentales”, señaló la ministra de la Secretaría General de la Presidencia, Ximena Rincón, al inaugurar el acto.

Una Constitución nacida en democracia

La Constitución vigente nació durante la dictadura, con una mirada negativa de la política y de los partidos políticos. “Consagró un sistema de derechos bajo una lógica individualista, que no los garantizaba plenamente. Y aunque se han realizado importantes reformas, como la derogación del artículo 8°, que impedía la existencia de las fuerzas políticas de izquierda, la incorporación de tratados de derechos humanos y la eliminación de los senadores designados vitalicios, estos avances no son suficientes. La ciudadanía de hoy demanda un pacto en el que se reconozca la pluralidad del mundo en que vivimos y el rol central en la participación ciudadana”.

Ximena Rincón destacó que “la experiencia internacional nos muestra que no es posible deliberar constitucionalmente sin el elemento participativo” y citó los ejemplos de Suiza y Uruguay, dos países que han incorporado mecanismos de participación en su Carta Magna. “Nuestra actual Constitución, en cambio, carece de mecanismos que fomenten una efectiva participación ciudadana en los procesos de toma de decisión. Es más, desconfía de ellos”.

¿Podría Chile replicar un modelo como el de la democracia directa suiza? “Es importante conocer y analizar las formas y mecanismos que han adoptado otros países para lograr cambios profundos, consensuados y perdurables en el tiempo. Pero, obviamente, cada país tiene su propia realidad y debe llegar a su propio acuerdo político y social (…), encontrar su propio modelo, con base en las experiencias políticas pasadas, la madurez democrática, la tradición constitucional y las raíces históricas”, respondió Ximena Rincón.“Nada puede ser replicado exactamente de un país a otro”, coincidió Carl Baudenbacher, presidente del Tribunal de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA) y exprofesor de la Universidad de San Gall. “Sin embargo, el modelo de consulta institucional de Suiza tiene elementos de participación que probablemente pueden ser adaptados a la realidad chilena”, señaló a swissinfo.ch.

Procedimiento de consulta  

Carl Baudenbacher fue invitado al seminario internacional para exponer la experiencia suiza,  a través de uno de los mecanismos más típicos y arraigados de la política helvética: el procedimiento de consulta.

El procedimiento de consulta en Suiza es un instrumento que permite a los cantones, partidos políticos y todos los actores interesados  expresar su opinión durante el proceso de elaboración de un proyecto legislativo.

Este procedimiento permite al Consejo Federal presentar al Parlamento proyectos de ley que cuentan con el mayor apoyo posible.

La Constitución de 1999 contiene un artículo específico dedicado al procedimiento de consulta.

“El artículo 147 de la Constitución federal estipula que los cantones, los partidos políticos y grupos de interés están invitados a expresar sus opiniones cuando se prepara cualquier legislación importante o un proyecto con impacto social, así como sobre tratados internacionales significativos. Este procedimiento crea transparencia. Las opiniones individuales se hacen públicas a través de Internet”, explicó.

Si los chilenos quieren basar su legislación en un proceso de  consulta – ya sea en esta Constitución o no –, en primer lugar, tienen que negociar en buena fe y tener en cuenta el factor tiempo, según el experto en Derecho Internacional y Europeo. “Este es un procedimiento lento, hay que tener paciencia. La política suiza en este tema es como la del Vaticano; toma tiempo. Pero lo que sale finalmente debe ser de calidad. Además, los diferentes grupos de interés deben sentir que sus preocupaciones son tomadas en serio”.

Del mismo modo, Baudenbacher se mostró partidario de hacer las modificaciones legales que sean necesarias para que la Carta Magna responda y se adecue a las necesidades de los ciudadanos: “No comparto el concepto que existe en Estados Unidos de que la Constitución es casi un texto sagrado. En Suiza no es para nada así. La Constitución puede ser cambiada constantemente por el pueblo” mediante el instrumento de la iniciativa popular.

¿Sería posible replicar este modelo en Chile? “En Derecho Comparado existe la teoría del trasplante legal y la historia muestra que ha habido casos exitosos y otros que no. En Suiza, por ejemplo, un caso exitoso fue el trasplante del sistema bicameral de Estados Unidos, en la primera Constitución suiza de 1848. También el trasplante del sistema de gobierno de directorio (consejo) que provenía de la Francia postrevolucionaria. Ese sistema tenía cinco miembros y en Suiza, el Consejo Federal (Gobierno) tiene siete”, explicó Baudenbacher.

Pero también existen situaciones en que los trasplantes han fracasado, por lo que no hay fórmulas que garanticen el éxito. “El procedimiento de consulta es una herramienta que tiene como objetivo crear legitimidad y que puede crearla. En esta instancia, todo puede ser negociado, revisado. Con esto no estoy diciendo que Chile tenga que copiar a Suiza, sino solo cómo funciona este mecanismo, que podría servir en una u otra forma en este momento en que el país ha decidido que necesita una nueva Constitución.”

Lo que sí puedo decir es que si el proyecto constitucional de la presidenta Bachelet busca tener éxito, todas las partes interesadas – incluidas las que en esta etapa podrían tener sus reservas – deben ser tomadas en cuenta tan pronto como sea posible”. 

Más y mejor democracia

Según la Auditoría a la Democracia 2013 del PNUD, el 72% de los chilenos considera importante cambiar la Constitución.

Para el 30%, el principal motivo es que “el contenido no sirve”. Otro 20%, “porque se originó en dictadura” y un 28%, “por ambas razones”.

Hay un fuerte cuestionamiento a la legitimidad de origen de la Constitución, concluye el informe. “Aún se asocia con un periodo traumático para el país”, señaló Marcela Ríos, representante del PNUD.

La experta citó una encuesta de la Universidad Católica de 2012 en que se consultó cómo hay que cambiar las leyes y la Constitución. La respuesta apunta a que “la ciudadanía vote a favor o en contra de los proyectos de ley y que el Congreso, como representante de la sociedad, decida”.


swissinfo.ch

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