Vaya directamente al contenido
Your browser is out of date. It has known security flaws and may not display all features of this websites. Learn how to update your browser[Cerrar]

David Altman


“Suiza es el patrón de oro de la democracia directa”







"Democracia directa en cajas de cartón": Dentro van las firmas de al menos 100 000 ciudadanos y ciudadanas que el comité de la iniciativa se dispone a entregar en la Cancillería Federal en Berna.  (Keystone)

"Democracia directa en cajas de cartón": Dentro van las firmas de al menos 100 000 ciudadanos y ciudadanas que el comité de la iniciativa se dispone a entregar en la Cancillería Federal en Berna. 

(Keystone)

No hay país en la faz de la Tierra más democrático que Suiza, sostiene David Altman. El politólogo uruguayo es codirector de uno de los grandes proyectos internacionales que mide y compara las democracias de 200 países. ¿Es Altman un defensor a ultranza de la democracia directa? No del todo, como revela en esta entrevista.

David Altman ha convertido la Política Comparativa en su oficio. El profesor de la Universidad Católica Pontificia de Chile es codirector del Programa de Investigación V-Dem, en el que un grupo de 3 000 científicos han establecido 400 indicadores para medir y comparar el nivel de democracia en 200 países. En 2014, el politólogo publicó el libro ‘Direct Democracy Worldwide.

El experto pronunció recientemente un discurso en la Universidad de Berna, ocasión que swissinfo.ch aprovechó para entrevistarlo.

swissinfo.ch: Las guerras en Siria, Irak, Afganistán; el conflicto en Ucrania, la crisis de refugiados en Europa, el deterioro de la situación en Turquía. No son precisamente perspectivas alentadoras para la democracia…

David Altman: En algunos lugares, la democracia avanza, en otros retrocede. La democracia es un conjunto muy difuso de instrumentos y mecanismos en la toma de decisión: iniciativas, referéndums, plebiscitos, derecho a la contrapropuesta, etc. Los avances no resultan de una evolución linear. Si no cuidamos estas instituciones, un día desaparecerán.

swissinfo.ch: ¿Qué le gusta de la democracia directa en Suiza? ¿Y qué le molesta?

D.A.: Digamos que Suiza es una especie de patrón de oro de la democracia directa. Aquí todo ciudadano y toda ciudadana pueden cambiar cualquier aspecto de la vida. Obviamente, no solos, pero sí en grupo. Si consideramos el alcance de la democracia directa en los ámbitos nacional, cantonal y comunal, Suiza es el país más democrático en la faz de la Tierra. No se puede entender el país alpino, si no conocemos la importancia de las instituciones de la democracia directa y el federalismo. En la estación y en los trenes escuchamos anuncios en varios idiomas, y todo el mundo los comprende. Suiza es un ejemplo de cómo puede funcionar una sociedad multiétnica.

Los suizos siempre han sido un pueblo razonable, lúcido y maduro. Y disponen de una larga experiencia con las citadas instituciones. La manera como combinan y ensamblan la democracia representativa y directa es muy perspicaz.

Pero la democracia directa no está exenta de problemas y tensiones. Su lado oscuro se da cuando algunos grupos la instrumentalizan para imponer su propia agenda.

swissinfo.ch: ¿Existe otro país donde se valore tanto la voluntad popular como en Suiza?

D.A.: No. Pero en algunos estados de Estados Unidos hay una democracia directa muy desarrollada. En California, por ejemplo, pero sobre todo en Washington y Oregón. Como todas las instituciones, la democracia directa se puede aplicar de forma correcta o abusiva. También puede tener consecuencias imprevistas o efectos externos negativos. Una mayoría puede adoptar una decisión equivocada o incluso abominable. Una cosa es el proceso, y otra el contenido de la decisión.

V-Dem

‘Varieties of Democracy (V-Dem, variedades de democracia) es uno de los mayores proyectos internacionales de investigación de los últimos años cuyo objetivo es la medición exacta de las democracias en todas sus formas.

Unos 3 000 investigadores trabajan en el proyecto bajo la dirección de unos 20 profesores. Analizan los sistemas democráticos de 200 países durante los últimos 120 años, con base en 40 criterios (200 objetivos, 200 subjetivos cuya ponderación vale cinco veces más).

Los resultados se publicarán previsiblemente el 31 de diciembre de 2015 en forma de una vasta base de datos, a los que se podrá acceder gratuitamente en Internet y que serán útiles para políticos, economistas, académicos (Ciencia Política, Sociología, Historia, etc.), pero también para la sociedad civil.

(Fuente: David Altman)

swissinfo.ch: ¿El poder popular es absoluto? ¿O es imprescindible marcar límites?

D.A.: La democracia contemporánea es una combinación de tres grandes líneas de pensamiento: la democracia ateniense con el principio de mayoría absoluta; el republicanismo de la antigua Roma en el que los poderes se controlan recíprocamente y el liberalismo en su vertiente británica o francesa.

Si el principio de la mayoría carece de un contrapeso, es fácil que la democracia se convierta en una tiranía de la mayoría y desemboque en una dictadura. Quiere decir que la voluntad popular y el pueblo soberano necesitan un control. Y es el pueblo mismo quien ejerce ese control, a través de las leyes.

La primacía del derecho es un factor crucial. Pues hay derechos que no se pueden limitar ni abolir, aunque el pueblo así lo quiera. Los suizos no pueden volver a introducir la esclavitud o la pena de muerte. De ninguna manera. Un ejemplo reciente fue la prohibición de los alminares. Por tanto, hay que ser muy cautelosos. El poder del pueblo: Suena bien, pero únicamente en determinadas condiciones y dentro de ciertos límites.

swissinfo.ch: ¿Quién debe establecer los límites y cuándo?

D.A.: Hay varias opciones. En primer lugar, es importante proceder a una evaluación previa o posterior por una instancia como un Tribunal Constitucional. Es el caso en Estados Unidos, donde una demanda puede anular una decisión popular.

swissinfo.ch: Acaba de mencionar la iniciativa para prohibir la construcción de alminares que los suizos aprobaron en 2009. ¿Qué opina de la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora) y su empeño por convertir en absoluta la voluntad popular? Una voluntad que el partido quiere imponer a toda costa y por encima del derecho internacional.

D.A.: No me gusta nada, pero están en su derecho de hacerlo. Los instrumentos de la democracia directa están a disposición de toda la ciudadanía. Cuando alguien reclama democracia directa, siempre le digo lo siguiente: ‘Detente y cierra primero los ojos. Si te gusta la idea de la democracia directa, imagínate que tus mayores enemigos políticos promulgan una propuesta que te disgusta y que supera el veredicto de las urnas. ¿Estás dispuesto a aceptar la decisión popular? Si tu respuesta es afirmativa, entonces estás preparado para el juego democrático. Si es negativa, no lo estás’.

Así, la UDC puede seguir adelante con su agenda política. Otros partidos también se aprovechan de la democracia directa para protagonizar titulares y ganar electores. Juegan la carta de la democracia directa para mejorar su posición en el juego por la democracia representativa.

La UDC ha sido muy perspicaz en ese juego y aún lo es. Pero la mayoría de los suizos han sido lo suficientemente sabios para rechazar en las urnas la mayoría de las iniciativas que presentó el partido.

swissinfo.ch: En Europa y Estados Unidos crece la desafección política. ¿La democracia directa puede ser un remedio para recuperar la confianza perdida?

D.A.: En parte. La iniciativa popular y el referéndum me permiten manifestar mi opinión. Que los ciudadanos recojan firmas cuando tienen la impresión de que el Gobierno no les toma en serio o quieren enmendar la Constitución es muy saludable. E incluso puede reforzar el amor de los ciudadanos por la política.

En cambio, si un gobernante me pide que lo reelija por enésima vez por plebiscito, tengo que negarme. Los plebiscitos son el lado oscuro de la democracia directa. No debemos calificar todos los instrumentos de la misma manera. Algunos garantizan el poder del pueblo. Otros, en cambio, son instrumentos de los poderosos y pueden ser muy peligrosos.

La democracia directa dispone de todo tipo de colores y aromas, en lo bueno y en lo malo.


Traducción del alemán: Belén Couceiro, swissinfo.ch

Derechos de autor

Todos los derechos reservados. Los contenidos de la oferta web de swissinfo.ch están protegidos por los derechos de autor. Solo se permite su utilización para fines personales. Cualquier uso de contenidos de la oferta web que excede esta finalidad, especialmente su difusión, modificación, transmisión, almacenamiento y copia, solo puede tener lugar con el previo consentimiento por escrito de swissinfo.ch. Si tiene interés en un uso en estos términos, le rogamos que nos envíe un correo electrónico a contact@swissinfo.ch.

Más allá del uso personal, se permite únicamente la colocación de un hiperenlace a un contenido específico en el propio sitio web o en un sitio web de terceros. Los contenidos de la oferta web de swissinfo.ch solamente pueden incorporarse respetando su integralidad y en un contexto sin publicidad. Para todo soporte lógico, directorio, todos los datos y sus respectivos contenidos de la oferta web de swissinfo.ch que explícitamente se ponen a disposición para descargar, se otorgan licencias exclusivas y no transferibles que se limitan a la descarga y al almacenamiento en equipos personales. Todos los derechos extensibles que van más allá, continúan siendo de la propiedad de swissinfo.ch. No se admite, en particular, la venta o cualquier tipo de uso comercial.

×