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Democracia directa en Bulgaria


“El modelo suizo es una espada de doble filo”



Por Bruno Kaufmann, Sofía




Hadzhi Toshko Jordanov, ‘rockstar’ búlgaro de la democracia directa. (Slavi’s Show)

Hadzhi Toshko Jordanov, ‘rockstar’ búlgaro de la democracia directa.

(Slavi’s Show)

El 6 de noviembre, las ciudadanas y ciudadanos búlgaros votarán por primera vez tres iniciativas populares. Entre otros motivos, el plebiscito es fruto de la colaboración con Suiza durante varias decenas de años.

Este artículo es parte de #DearDemocracy, la plataforma de swissinf.ch sobre democracia directa

Aquí la arquitectura moderna es otra cosa. En Sofía, la capital búlgara, la construcción masiva es gris y pesada. Domina este espacio el gigantesco Palacio de Cultura, el mayor centro de conferencias y congresos del sur de Europa. El coloso en el que entro fue construido en 1981 por iniciativa de Liudmila Zhivkova, hija del dictador comunista Todor Zhivkov.

La sombra de aquel dinosaurio comunista es aún palpable, especialmente en los pasillos interminables e increíblemente sombríos por los que transito y casi me pierdo en este lluvioso día de otoño. Busco a un hombre llamado Hadzhi Toshko Jordanov.

De repente, una gigantesca puerta de madera se abre y aparece en el umbral un hombre regordete, frisando la cincuentena, con el pelo largo que me dice: “Bienvenido al show de Slavi”, y me invita a entrar en su despacho.

“Aquí organizamos el año pasado la mayor recolecta de firmas de la historia de Bulgaria”, me explica nada más entrar este personaje con aspecto de estrella de rock.

En el plazo de pocos meses, Jordanov y su equipo del ‘Slavi Show’ consiguieron más de 700 000 firmas para seis proyectos de reforma política.

El ‘Slavi Show’ es la variante búlgara de los ‘Late night show’ norteamericanos. Desde el cambio de siglo este programa ha estado informando diariamente de temas de actualidad a más de un millón de personas. “Queremos más democracia y menos corrupción”, afirma Toshko Jordanov, uno de los productores del famoso programa de televisión.

El 6 de noviembre, coincidiendo con las elecciones presidenciales, serán sometidas a votación popular tres iniciativas que tienen por objeto la modificación del derecho electoral, la obligatoriedad del voto y la reforma de la financiación de los partidos políticos.

Una estrecha colaboración con Suiza

En el amplio despacho de Jordanov se encuentra también Slaveia Hristova, directora de BalkanAssist, una organización no gubernamental que desde el inicio de siglo lucha a favor del reforzamiento de las estructuras democráticas y para que los siete millones de habitantes de ese país aprovechen ese plebiscito histórico.

“Son nuestras tres primeras iniciativas populares las que se van a votar”, señala esta mujer de poco más de cincuenta años. Sin embargo, no parece especialmente feliz. “Estamos todavía muy lejos de lo que quiero verdaderamente”, afirma Hristova.

Tras la caída del Telón de Acero y del cambio político Hristova obtuvo, en los años 90, una beca de postgrado en Suiza, donde descubrió “cómo puede funcionar una sociedad en la que la desconfianza no está instalada de manera generalizada”.

Durante esa estancia, que tuvo lugar hace casi 20 años, Hristova se sintió particularmente fascinada por la democracia directa. “Una auténtica innovación”, afirma hoy, aún totalmente convencida. Desde entonces, esta mujer, madre de una hija de 18 años, ha estado colaborando estrechamente con distintas instituciones suizas para promover la democracia directa en su país.

Primero con el cantón de Berna, en el marco de un programa de ayuda a la democratización mediante el hermanamiento con otros municipios búlgaros. Después, la Agencia Suiza de Cooperación al Desarrollo (COSUDE) abrió una oficina en Sofía, apoyando especialmente el intercambio de información entre Suiza y Bulgaria. “En aquellos años trabajamos intensamente para introducir la democracia directa en los ayuntamientos y a nivel nacional”, recuerda Slaveia Hristova.

COSUDE dejó Sofía tras el ingreso de Bulgaria en la Unión Europea en 2007. Desde entonces, Hristova y la extensa red de especialistas en temas democráticos que la rodea han participado en proyectos financiados por el programa de los ‘mil millones de la cohesión’, la contribución solidaria con la que Suiza colabora en la ampliación de la UE. Un fondo que fue aprobado por el pueblo suizo en una votación popular celebrada en 2006.

Esta suma solidaria ha permitido, hasta hace dos años, mantener numerosos proyectos de cooperación en los que, entre otros, participó el ‘Zentrum für Demokratie’ (ZDA, Centro para la Democracia), con sede en Aarau.

Suiza ha apoyado también el desarrollo de estructuras democráticas en Polonia. Esta colaboración se ha centrado principalmente en la democracia directa a escala municipal, en el uso del voto electrónico y en la política de información de las autoridades (siguiendo el ejemplo del folleto informativo que la Cancillería Federal envía a todos los ciudadanos suizos antes de cada votación nacional).

Tras muchos años de trabajo entre bastidores, los miembros de la red de Slaveia Hristova han conseguido entrar en el escenario político. Unos han sido elegidos como ediles en diversos ayuntamientos, otros como miembros del Parlamento nacional y algún otro como miembro del Gobierno.

Maniobra antidemocrática contra la participación

Los resultados de esta colaboración a favor de la democracia allende nuestras fronteras son absolutamente visibles: Sofía dispone actualmente de una de las leyes más progresistas en materia de derechos políticos. Una clasificación mundial, recientemente publicada, coloca a Bulgaria en un segundo grupo, al lado de Canadá, Alemania y Finlandia.

“Sin la colaboración suiza no lo habríamos conseguido”, afirma Slaveia Hristova. Sin embargo, considera el ejemplo helvético como “una espada de doble filo”. No a causa de la propia Suiza, sino por circunstancias históricas y económicas muy diferentes.

En efecto, Bulgaria sigue siendo uno de los países más pobres y corruptos de la Unión Europea. “Me duele mucho. Y me duele también cuando constato qué lejos queda Suiza”, señala Hristova.

Y es que la sombra de la dictadura comunista seguirá planeando sobre la convocatoria a las urnas del 6 de noviembre. La ley actual, que permite la celebración conjunta de elecciones presidenciales y la votación de las iniciativas populares, pone claramente en entredicho el secreto de voto.

Los centros electorales ponen a disposición de los ciudadanos las listas de candidatos a la presidencia del país. Por el contrario, los electores tendrán que solicitar expresamente las papeletas de voto para pronunciarse sobre las iniciativas.

Y esto no es todo. Cada una de las votaciones de las tres iniciativas solo será válida si la participación es superior al 50% del electorado. En consecuencia, bastará con no votar para decir ‘no’. Y aquel que solicite una papeleta será automáticamente considerado como partidario de las reformas.

En Sofía esto no tiene casi importancia. La capital cuenta con más de un millón de habitantes y los electores pueden votar en un perfecto anonimato. Por el contrario, muchos ayuntamientos pequeños y de entorno rural se hallan bajo el peso de la tradición y están dominados por los caciques locales, que no ven con buenos ojos que los ciudadanos se ‘’se inmiscuyan’ con su voto en las decisiones políticas.


Traducción: José M. Wolff, swissinfo.ch

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