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Derechos ciudadanos


Qué une y qué separa a Suiza y la Unión Europea



Por Bruno Kaufmann




Unos 3,26 millones de ciudadanos comunitarios firmaron la iniciativa 'Stop TTIP, que se entregó el 7 de octubre de 2015 en Bruselas. (Stop TTIP)

Unos 3,26 millones de ciudadanos comunitarios firmaron la iniciativa 'Stop TTIP, que se entregó el 7 de octubre de 2015 en Bruselas.

(Stop TTIP)

Renta básica o protección de los animales, seguridad social o derechos fundamentales: en Suiza como en la Unión Europea, el instrumento de la iniciativa popular permite dar voz a los ciudadanos sobre múltiples temas. En ambas comunidades políticas se debate el futuro de la democracia directa.

Desde el 1 de abril de 2012, la Unión Europea (UE) se ha vuelto un poco ‘suiza’. Desde esa fecha, los cerca de 500 millones de ciudadanos y ciudadanas de los 28 Estados miembros pueden participar directamente en el proceso legislativo de la UE. La Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) es el primer instrumento transnacional de democracia directa.

La ICE se adoptó en el marco del Tratado de Lisboa, aproximadamente 120 años después de que Suiza introdujera el derecho de la iniciativa popular a escala nacional.

En ambos casos, la adopción de este instrumento estuvo precedida por conflictos sociales que amenazaban la unión de la comunidad política. En la Confederación de los años 1880 se trataba primordialmente de integrar a los cantones católicos de la Suiza central. En Europa, los ciudadanos reivindicaron una mayor participación tras el ‘no’ en los referéndums que convocaron países como Dinamarca o Irlanda en la década de 1990 sobre las enmiendas a los tratados europeos.

Después de cuatro años de experiencia en la UE podemos establecer una comparación entre los dos mecanismos de democracia directa en Europa y en Suiza. Ambos parten de la misma idea: una minoría de la sociedad tiene derecho a cuestionar a la mayoría y a obtener una respuesta. En este sentido, el derecho de iniciativa en la UE y en Suiza constituye un derecho político de las minorías, pero también un derecho a entablar un diálogo ‘desde abajo’ sobre un determinado asunto. Y esto independientemente de que el tema guste o no a la mayoría.

Tres iniciativas triunfaron

Si comparamos las cifras también vemos paralelismos. En los últimos cuatro años, en Suiza se presentaron 94 iniciativas populares. En 28 casos, sin embargo, los comités que las lanzaron no consiguieron reunir las 100 000 firmas de apoyo en el plazo de 18 meses. En otros ocho, decidieron retirarlas, y en 26, las propuestas se sometieron a votación popular. Pero solamente tres de las iniciativas votadas lograron el visto bueno de la población y de los cantones –la denominada doble mayoría– que requiere toda enmienda constitucional. Las que superaron el veredicto de las urnas fueron la iniciativa ‘contra los salarios desorbitados’ de los ejecutivos (2013), la que exigía que los pederastas no puedan trabajar con menores (2014) y la denominada ‘contra la inmigración masiva’ (2014).

Actualmente, el Parlamento y el Gobierno analizan 14 iniciativas. Otras cuatro están en fase de recolección de firmas. No son muchas, si pensamos que en algunos momentos se llegaron a registrar hasta 15 iniciativas simultáneas en este proceso.

Por tanto, no se puede hablar de una marea de iniciativas, como pretenden los detractores de este mecanismo de participación.

Curiosamente, la situación es muy similar en la UE. En los últimos cuatro años se lanzaron 56 Iniciativas Ciudadanas Europeas. Veinte de ellas fracasaron en el intento, ya que las autoridades –la Comisión Europea y el Tribunal de Justicia como última instancia– no admitieron que se iniciara la recolección de firmas. Otras 16 fracasaron por no alcanzar el cuórum necesario, es decir, un millón de firmas de ciudadanos de al menos siete Estados miembros de la UE en el plazo de doce meses. Ocho fueron retiradas y tres superaron los requisitos para ser presentadas a la Comisión Europea: Derecho al Agua (2013), Uno de nosotros (células madre, 2015) y ‘Stop Vivisection’. Actualmente, en la UE se están recogiendo firmas para cuatro iniciativas –el mismo número que en Suiza. En 2012/2013, eran más de diez.

ICE en mantillas

Últimamente, la iniciativa ciudadana ha perdido popularidad tanto en Suiza como en la UE, aunque por razones distintas. Y es que la fuerza y la funcionalidad de este instrumento de democracia directa son muy diferentes. En Suiza, la iniciativa popular tiene un papel fundamental de comunicación y fuerza legal. En la UE, en cambio, la ICE está en mantillas. No es una casualidad que quienes más han recurrido a la iniciativa en los últimos cuatro años en Suiza hayan sido los partidos, y en particular la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora), que ha utilizado este derecho a modo de martillo. Con éxito.

En Europa, en cambio, los ciudadanos aún no han entendido realmente qué pueden conseguir con la ayuda de este instrumento transnacional.

No sorprende, pues, que tanto en Suiza como en Europa se reflexione sobre el futuro del derecho de iniciativa. En Suiza, el debate gira en torno a cuestiones como la calidad, la validez y la aplicación de las iniciativas populares. En Europa, por el contrario, se discute cómo reforzar los canales directos entre las instituciones y los ciudadanos.

Durante la reciente ‘Jornada de la Iniciativa Ciudadana Europea’ (7 de mayo) celebrada en Bruselas, cuatro de seis instituciones comunitarias –el Parlamento, el Defensor del Pueblo Europeo, el Comité Económico y Social Europeo y el Comité de las Regiones– se manifestaron a favor de reformar la democracia directa en la UE.

El Consejo Europeo y la Comisión Europea, sin embargo, bloquean todos los pasos en este sentido. A diferencia de la mayoría de los demás actores, no quieren oír hablar de ampliar el derecho de la iniciativa ciudadana.

En el pasado, el Gobierno suizo y una parte del Parlamento compartían esta posición. Tras la Segunda Guerra Mundial, durante la cual el gobierno helvético tenía plenos poderes, se necesitó una iniciativa popular para reintroducir la democracia directa. Una iniciativa que el Gobierno y la mayoría del Parlamento habían rechazado.

Solo una petición, pero tiene potencial

Bruno Kaufmann, de origen suizo, es presidente del Instituto Europeo de la Iniciativa y el Referéndum (IRI, un laboratorio de ideas transnacional) y copresidente del Foro Global sobre Democracia Directa Moderna. Además, es  el corresponsal para el norte de Europa de la Radio SRF del ente público suizo SRG SSR y redactor jefe de people2power.info, una plataforma de democracia directa creada y albergada por swissinfo.ch.

Si en Suiza la iniciativa popular se ha consolidado como un derecho de participación, no ocurre lo mismo con la iniciativa ciudadana en Europa. De hecho, este instrumento solo permite proponer cambios de ley. Aun así, la ICE abre las puertas a una democracia directa moderna a escala transnacional. Por ejemplo, para la recolección de firmas dispone de una plataforma electrónica en los 23 idiomas oficiales de la UE. Y algunas instituciones comunitarias ofrecen incluso un servicio de traducción para los textos de las iniciativas.

Tras el declive de la presunta ‘marea de iniciativas’ registrada en los últimos cuatro años, ahora se trata de sacar conclusiones de los puntos fuertes y débiles de los instrumentos y las prácticas que existen y aprovecharlas para ser un referente en el mundo y servir de ejemplo en materia de fortalecimiento de la democracia.

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Traducción del alemán: Belén Couceiro

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