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En la gran pantalla


Las ambivalencias de la democracia directa







El documental utilza animaciones y secuencias rodadas con políticos, expertos y ciudadanos. (thomisler.ch)

El documental utilza animaciones y secuencias rodadas con políticos, expertos y ciudadanos.

(thomisler.ch)

La idea inicial de Thomas Isler, autor de un documental sobre la democracia directa, era mostrar el atractivo del modelo político de Suiza para los movimientos populistas de derecha en Europa. Los acontecimientos políticos en su país, sin embargo, le llevaron a replantearse el enfoque.

En el momento de comenzar las investigaciones para su documental, Thomas Isler no se imaginaba que su proyecto quedaría superado por la actualidad.

La aceptación de varias polémicas iniciativas populares –como la que prohíbe la construcción de alminares, o las que exigen expulsar a los extranjeros que delinquen y limitar la inmigración– le pillaron por sorpresa. Entonces decidió indagar qué estaba pasando en Suiza y con su sistema de participación ciudadana.

El título original del documental –‘Die Demokratie ist los’ (Se ha desatado la democracia) abarca dos dimensiones –o “fuerzas centrifugas”, como las denomina Isler–, de la democracia directa y el destacado papel que han desempeñado en la política y en la sociedad suizas en los últimos años.

Isler concibe el poder de los ciudadanos como una energía fuerte, vivaz, pero que puede tornarse destructiva y salirse de control.

swissinfo.ch: ¿Qué momentos le han marcado más durante el rodaje que comenzó hace casi tres años?

Thomas Isler: He conocido a muchas personas, no solo en Suiza, sino también en Alemania, Austria y Francia que recolectaban firmas para una propuesta o que se manifestaban.

Es gente que cree en una democracia viva. Está convencida de que se puede cambiar o influenciar algo. Recuerdo encuentros en la pequeña ciudad de la antigua RDA, Gotha, donde un grupo de activistas recogían firmas en la calle. A veces los transeúntes no entendían qué estaban haciendo. Estas iniciativas no son tan evidentes como en Suiza.

Fue fantástico ver cómo a la gente se le iluminaban los ojos cuando entendían de qué se trataba.

swissinfo.ch: ¿Y los momentos menos placenteros?

T.I.: Conocer a gente a la que hubiera preferido no conocer. Extremistas de derecha que intentaban instrumentalizar la participación ciudadana.

Me ha quedado grabada una experiencia en Francia con un político populista de derecha, Gilbert Collard, cuyas habilidades lingüísticas superan con creces las mías y que utilizó sus dotes retóricas para ridiculizarme. Quise incluir a toda costa esta escena en el documental, porque se le ve el plumero.

swissinfo.ch: ¿No le surgieron dudas sobre el sistema de democracia directa?

T.I.: Este sistema nunca será perfecto y tampoco estoy seguro de que todo lo que se emprende en nombre de la democracia directa sea siempre justo.

Hay que sopesar y valorar continuamente los deseos de la población y ponerlos en práctica de la mejor manera posible.

El mundo de Collard es diferente. Para él, la verdad absoluta reside en el pueblo, que tiene casi un poder dictatorial.

swissinfo.ch: El documental se proyectó por primera vez hace un año en el Festival de Cine de Zúrich. ¿Cómo fueron las reacciones?

T.I.: El público lo miró con mucha atención y para mí fue emocionante ver una sala llena siguiendo en la gran pantalla una película bastante compleja.

A la presentación estaban invitadas varias personas que aparecen en el documental, entre ellas políticos de derecha y de izquierda. Me contaron que Christoph Blocher, el político más conocido de la derecha conservadora suiza, dijo que el filme era claramente obra de un cineasta de izquierda que no había entendido lo que es la democracia.

Es verdad, en la película tomo una posición manifiestamente crítica hacia Blocher. Me pregunto qué repercusión tiene la democracia directa sobre los valores humanos. Blocher, en cambio, pone al pueblo por encima de cualquier cosa y argumenta que las decisiones ciudadanas son sagradas.

Cine de autor

El documental de Thomas Isler ‘Die Demokratie ist los’ se ha estrenado en septiembre en algunas salas de cine independiente en ciudades como Zúrich, Berna, Basilea, Lucerna y San Gall, así como en los cines de regiones rurales.

En las presentaciones se han realizado debates con la presencia del director, políticos y expertos en jurisdicción.

El documental está también a disposición de las escuelas.

La cinta contó con la financiación de la cadena de distribución Migros y el ente público suizo SRG SSR, del que forma parte swissinfo.ch.

Después de Zúrich, lo presenté en las Jornadas Cinematográficas de Solothurn y en varias escuelas. En el marco de un congreso sobre democracia en Alemania desencadenó un vivo debate. Y me sentí orgulloso.

swissinfo.ch: El documental se ha estrenado en las salas suizas que se centran en el cine de autor y también cines de algunas regiones rurales. ¿A qué público se dirige?

T.I.: Obviamente, me gustaría que lo vieran todos los ciudadanos que participan en la democracia suiza y, en especial, los exponentes de la Unión Democrática del Centro (UDC, derecha conservadora). Y en el caso ideal me gustaría que suscitara un debate sobre el futuro del sistema y sus problemas.

Me alegro de que el filme se proyecte también en los cines pequeños. De lo contrario, creo que a las proyecciones asistiría solo gente que comparte mis ideas.

swissinfo.ch: Hace unos diez años, el cineasta Stéphane Bron cosechó un éxito inesperado con el documental ‘Mais im Bundeshaus – Le génie helvétique’, que mostraba el Parlamento suizo entre bastidores. ¿Confía en que su cinta tenga la misma suerte?

T.I.: Sería genial cosechar un éxito similar, claro, pero eso no se puede prever. De todos modos, el éxito comercial no es el aspecto más importante. Espero, ante todo, que suscite un debate.

swissinfo.ch: Al principio, usted tenía otro proyecto en mente. ¿Qué le llevó a cambiar de planes?

T.I.: Inicialmente quería hacer un documental sobre los populistas de derecha en Europa que se inspiran en el modelo de Suiza. Mientras llevaba a cabo mis primeras investigaciones, en Suiza ocurrieron cosas dramáticas.

La UDC puso en práctica su amenaza de eludir el Parlamento en la aplicación de la iniciativa que pretendía expulsar automáticamente a los extranjeros condenados. En otras palabras, recolectó firmas para una segunda iniciativa que dice exactamente lo que debe establecer la legislación para expulsar a estas personas.

Entonces tuve claro que tenía que revisar mi proyecto y centrarme en Suiza. Además, se había generado un gran debate político sobre el papel y los límites de los derechos populares.

La situación en los países vecinos debe entenderse como un mero reflejo de la evolución en Suiza.

Asimismo quería mostrar cómo la izquierda, con la ayuda del referéndum y la participación ciudadana, logró impedir la adquisición de nuevos cazas de combate.

Y por si fuera poco, llegó la votación del 9 de febrero de 2014, en la que la población aceptó por escasa mayoría limitar la inmigración.

El mayor desafío fue entrelazar todo y contar una historia, sin un personaje principal. Hay muchos protagonistas en la cinta. Es como si observáramos un hormiguero.

swissinfo.ch: ¿Cómo fueron los contactos con las diferentes formaciones políticas? ¿Se mostraron accesibles?

T.I.: Fue una experiencia interesante y sorprendente.

Con los populistas de derecha fue fácil. Se mostraron generalmente muy accesibles y nada complicados. También con la izquierda fueron buenos.

En cambio, resultaron más difíciles con los representantes de los partidos de centro. Entre los miembros del Partido Liberal Radical, se palpaba la inseguridad por los recientes acontecimientos. Salvo pocas excepciones, los exponentes de este partido tenían, obviamente, miedo de hablar de los tradicionales valores ‘burgueses’ (partidos de centro y derecha), como la separación de los poderes en un Estado.

Me sorprendió que alguien que se define como liberal no quiera tomar posición sobre valores de la Revolución Francesa.

swissinfo.ch: Usted es un acérrimo defensor de la democracia directa. En el documental dice que los suizos son un pueblo feliz porque pueden votar sobre cualquier asunto. ¿No le hace sufrir a veces esta forma de gobierno?

T.I.: No soy el único que sufre en estos tiempos. Hay gente que quiere ser elegida al Parlamento justamente por esta razón. Yo no quiero convertirme en un político, pero hago películas políticas. Es mi manera de expresarme.

Soy un ciudadano comprometido a escala local, en mi barrio. Es en este nivel donde la democracia directa más impacto tiene.

Creo que las películas son una voz como otra. Mi documental solo no cambia nada, pero la suma de muchas opiniones puede generar un debate y desembocar en cambios.


Traducción del inglés: Belén Couceiro, swissinfo.ch



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