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Foro Global Túnez 2015


La democracia, un ejercicio de malabarismo



Por Renat Kuenzi, swissinfo.ch, Túnez




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La actitud de respeto que mostraron los exponentes hacia sus adversarios políticos fue ejemplar y digna de una democracia.  (swissinfo.ch)

La actitud de respeto que mostraron los exponentes hacia sus adversarios políticos fue ejemplar y digna de una democracia. 

(swissinfo.ch)

Debates ricos en contenido e información de primera mano: es lo que ha aportado el Foro Global de Democracia Directa Moderna celebrado en Túnez. Los participantes tunecinos, entre ellos destacados políticos, llamaron a la cautela frente a los viejos ‘clanes políticos’.

El Foro Global de Democracia Directa Moderna, que concluyó el 17 de mayo, reunió durante cuatro días en Túnez a cerca de 450 personas de 38 países. Entre ellos, el primer ministro tunecino Habib Essid y diversos miembros del actual y del anterior gobierno.

Un largo proceso

Situación económica

Túnez es un país con un gran potencial. Más del 60% de sus 12 millones de habitantes tienen menos de 32 años y una buena formación (carrera universitaria).

El desempleo se sitúa en el 15%; el 30% entre los jóvenes. Casi la mitad de los universitarios no tienen un empleo (el 45% o 350 000 personas) ni perspectivas de una vida digna.

A finales de 2014, el Ministerio del Interior anunció que hay 3 000 yihadistas tunecinos en el extranjero (Siria, Irak). Ningún otro país tiene tantos miembros en las milicias islamistas.

Diputados, representantes de partidos, de sindicatos y de la sociedad civil, intelectuales, activistas, blogueros, etc. coinciden en que el camino de la transición democrática que ha emprendido el país es largo y está lleno de escollos.

La descentralización es una de las principales conquistas de la revolución social y democrática. Está anclada en el Capítulo 7 de la nueva Constitución tunecina. Los debates giraron en torno a un tema crucial: Saber cómo se inscribirá en la ley y se llevará a la práctica la cesión parcial del poder central del Estado a los ciudadanos en los municipios y provincias.

La falta de experiencia de la joven democracia tunecina quedó patente en la mesa redonda de inauguración, en la que participaron destacadas personalidades: Mokhtar Hammami, alto funcionario del Ministerio del Interior –el temido brazo derecho de Ben Ali durante la dictadura–, y representantes de los principales partidos. Estos acusaron a Hammami de retardar las reformas y, sobre todo, la convocatoria de elecciones municipales.

Hammami se defendió y recordó que su ministerio ha elaborado cuatro paquetes legislativos que constituyen la base legal que necesita la descentralización. “Pero eso no os compete, es nuestro trabajo”, exclamaron los diputados, a lo que Hammami respondió que la Asamblea de los Representantes del Pueblo no ha presentado ninguna propuesta.

Debate ejemplar

La situación refleja la contradicción sobre la que se ha construido todo el proceso de transformación de la sociedad tunecina: los ciudadanos exigen derechos, libertad y una mejor situación económica, y de forma inmediata. Pero la conciencia de que democracia significa también responsabilidad activa está poco extendida. Sigue omnipresente el reflejo pasivo-fatalista de que es ‘Túnez’ quien debe decidir.

El debate ilustró también otros aspectos. Pese a los reproches recíprocos, la actitud de respeto que mostraron los exponentes hacia sus adversarios políticos fue ejemplar y digna de una democracia.

Mehdi Ben Mimun, profesor de Agronomía y uno de los organizadores locales del Foro, destacó otra particularidad.

“Samir Ettaieb, miembro del partido declaradamente antirreligioso al Massar (excomunistas, ndlr.) dedicó la mitad de su discurso a cubrir de elogios a su colega Imed Hammami, del movimiento islamista moderado Al Nahda, por su papel, como miembro de la Asamblea Constituyente, en la elaboración del capítulo 7 sobre la descentralización”. Elogiar a un adversario político y miembro de un partido diametralmente opuesto hubiera sido algo impensable hace tan solo dos años, señala Mimun.

La sombra de los problemas

Estos pequeños gestos son símbolos significativos de una nueva cultura política y mentalidad democrática que se enfrenta a enormes problemas y amenazas, como reiteraron numerosos oradores.

En primer lugar, la catastrófica situación económica. “La imagen que se tiene en el extranjero del triunfo de la revolución, que merece todo el respaldo, contrasta con la realidad en Túnez”, afirmó Salem Labiadh. El sociólogo y ministro de Educación en 2013/2014 comparó el endeudamiento de Túnez con el de Grecia. Desde 2011, la deuda pública ha crecido más de 20 000 millones de dinares (cerca de 10 000 millones de francos suizos). Y este año se sumarán otros 7 000 millones de dinares (cerca de 3 500 millones de francos).

En segundo lugar, los viejos clanes de protegidos y enchufados que saquearon miles de millones de las arcas públicas durante el régimen de Ben Ali. Entre ellos figuran, además de las fuerzas de seguridad, la élite de las finanzas y la empresa privada. “Penalizan la revolución y el nuevo Estado con el bloqueo durante años de las inversiones”, anotó el intelectual Mehdi Mabruk, político independiente y exministro de Cultura (finales 2011-principios 2014).

Después de las elecciones de octubre de 2014, las viejas fuerzas han recuperado las riendas. “En el Parlamento ocupan prácticamente el 50% de los escaños. Se me hace un nudo en la garganta. Sí, no descarto una contrarrevolución”, confiesa Mabruk y reconoce que el Gobierno del que fue miembro cometió el error de no perseguir penalmente a las personalidades –políticos o no– que se han visto comprometidas. 

Los medios no están a la altura

En tercer lugar, el papel deplorable –según los oradores –de los medios. Nada que ver con ese cuarto poder que vela por la protección y el desarrollo de las conquistas democráticas, así como por la transparencia. Más bien ocurre lo contrario; los medios se vuelven cómplices de los abusos y las manipulaciones de las viejas fuerzas. Un ejemplo es la ridiculización en público y manipulación de los adversarios políticos. “Igual que ocurría bajo Ben Ali”, sentenció, frustrada, una joven ponente de una ONG de la sociedad civil.

“Hoy tenemos una pluralidad de medios de comunicación, pero no se abordan las cuestiones políticas candentes”, lamentó Lotfi Hajji, director de la corresponsalía en Túnez del canal de TV Al Jazeera. “En lugar de generar confianza en las nuevas instituciones, han abierto una brecha profunda entre los medios y los ciudadanos. Así lo demuestran los más de 300 ataques ciudadanos contra periodistas registrados el año pasado”, señala una periodista.

Responsabilidad civil

Las informaciones de primera mano que compartieron en el Foro personalidades que han ocupado u ocupan altos cargos  arrojan otra luz sobre la imagen –que se tiene en Occidente –del triunfo de la revolución. En alusión a la edad del presidente de Túnez, Beji Caid Essebsi, un intelectual sensible como Salem Labiadh dijo: “La revolución es como una joven obligada a casarse con un octogenario. El Gobierno ya no representa a la revolución ni a los héroes que cayeron en su nombre”. Corresponde a los tunecinos corregir esta situación para poder dar el siguiente paso. Y después de este tendrán que seguir muchos otros.


Traducción y adaptación del alemán: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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