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Iniciativa Ciudadana Europea


La hora de los jefes poco queridos



Por Bruno Kaufmann




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Por Bruno Kaufmann

En los últimos años, los ciudadanos europeos han recurrido a un nuevo instrumento para inmiscuirse en la política de Bruselas. La iniciativa ciudadana europea contra el tratado de libre comercio entre la Unión Europea y Estados Unidos (TTIP) ha recogido más de un millón de firmas y despierta acaloradas discusiones, tanto en la derecha como en la izquierda.

Simpatizantes de la Unión Demócrata Cristiana (UDC) se manifestaron, el 24 de mayo de 2014 en Düsseldorf, contra el acuerdo de libre comercio entre la UE y Estados Unidos. (Keystone)

Simpatizantes de la Unión Demócrata Cristiana (UDC) se manifestaron, el 24 de mayo de 2014 en Düsseldorf, contra el acuerdo de libre comercio entre la UE y Estados Unidos.

(Keystone)

La promesa de la Comisión Europea sonaba y suena bien: “Vosotros dictáis la agenda política”, explicaba el entonces vicepresidente de la Comisión, Maroš Šefčovič, el 1 de abril de 2012, al entrar en vigor el primer instrumento de participación ciudadana transnacional en el mundo, la Iniciativa Ciudadana Europea.

El derecho popular que conquistó el movimiento democrático europeo después de la caída del Muro de Berlín (“El pueblo somos nosotros”) en el marco de la convención europea de 2002/03 confirió al Parlamento Europeo la competencia de presentar propuestas de ley a la Comisión. Con la entrada en vigor de la legislación actual, el denominado Tratado de Lisboa, este derecho fundamental de democracia directa, el primero a escala transnacional, adquirió rango constitucional.

Dos años después, los Estados miembros y el Parlamento Europeo llegaron finalmente a un acuerdo sobre las reglas de juego: Los requisitos son que un millón de ciudadanos comunitarios (que deben suscribir la iniciativa en el plazo de un año y ser originarios de al menos siete países miembros) pueden presentar una propuesta de ley y “participar así en la vida democrática de la Unión”, como consta en el tratado de la UE.

Pequeña revolución

La exigencia de este principio y su aplicación era y es aún elevadas: Por fin se va a reconocer y aplicar el principio de la soberanía popular en el contexto de una unión política transnacional. En efecto, la mera existencia de este nuevo derecho popular equivale a una pequeña revolución, sobre todo para los ciudadanos de los Estados miembros que, a excepción de las elecciones parlamentarias, se ven relegados a un papel de meros espectadores. Al brindar la posibilidad de recoger en línea las firmas necesarias, Bruselas ha superado incluso el sistema de democracia directa de Suiza.

Los ciudadanos tienen la posibilidad de participar (al menos parcialmente) en el proceso legislativo. Esto significa que tienen la última palabra. Una opción que han acogido con los brazos abiertos. En los primeros meses después de la entrada en vigor de este derecho popular en 2012, en la página oficial de registro de la Comisión se incluyeron las primeras iniciativas ciudadanas europeas, entre ellas el proyecto de ley de los sindicatos contra la privatización de la gestión del agua potable, el de los jóvenes europeos en favor de un mejor programa de intercambio o el destinado a limitar drásticamente la investigación sobre las células madre.

Bruno Kaufmann

Bruno Kaufmann, de origen suizo, es presidente del ‘Democracy Council and ElectionCommission’ de Falun, Suecia; presidente del Instituto Europeo de la Iniciativa y el Referéndum (IRI, un laboratorio de ideas transnacional) y copresidente del Foro Global sobre Democracia Directa Moderna. Es corresponsal para el norte de Europa de la Radio SRF del ente público suizo SRG SSR y redactor jefe de people2power.info, una plataforma de democracia directa creada y albergada por www.swissinfo.ch.

Privatización del agua, células madre...

Hasta la fecha se han presentado más de cincuenta iniciativas ciudadanas europeas, de las cuales tres han superado todas las etapas y han cumplido todos los requisitos para recibir la aprobación de la Comisión. Dos iniciativas, una contra la privatización de la gestión del agua y otra para limitar la investigación sobre las células madres, ya han sido tratadas.

Todo un éxito para la democracia. Si no fueran todos los problemas, obstáculos y la resistencia que han mermado el interés inicial que despertaron en la opinión pública. En este momento se están recogiendo firmas únicamente para tres iniciativas que por ahora cuentan con el respaldo de algo más de 8 000 ciudadanos comunitarios. En otras palabras: el derecho de iniciativa de los ciudadanos europeos vive su peor crisis y sin amplias reformas y los correspondientes esfuerzos políticos corre el riesgo de tener un triste final.

No son solo la base de una democracia moderna y la razón para desarrollar la participación activa de los ciudadanos en la UE: Muchas personas y organizaciones recurrirían encantadas a este nuevo instrumento, si fuera posible. Y es que mientras la antigua Comisión bajo la presidencia de José Manuel Barroso intentó por todos los medios esquivar la participación ciudadana que le fue impuesta, el nuevo jefe en Berlamont, el exprimer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker, aún no se ha manifestado en la materia.

Rechazadas casi la mitad

Bajo la presidencia de Barroso, el vicepresidente de la Comisión Šefčovič se declaró favorable a las iniciativas y contrató a algunos colaboradores competentes. El despacho de la actual secretaria general Catherine Day ha descartado como  inadmisibles casi la mitad de las iniciativas. Y la justificación de Day es que la Comisión carece de las competencias necesarias para elaborar las propuestas de ley. A causa de la incoherencia de la Comisión, el Tribunal de Justicia Europeo debe ocuparse de seis causas por iniciativas rechazadas. El último caso concierne a la iniciativa popular sobre el tratado de libre comercio entre la UE y Estados Unidos, el llamado Transatlantic Trade and Investment Partnership (TTIP).

El comité detrás de la iniciativa ‘Stop TTIP’ no tiró la toalla y recogió, sin seguir el camino oficial, más de un millón de firmas a favor de la misma. Cabe preguntarse por qué la Comisión y los promotores de la iniciativa no fueron capaces de llegar a un entendimiento sobre una formulación común que hubiera facilitado el diálogo en el marco de una iniciativa ciudadana registrada. Al mismo tiempo, este caso muestra que gracias al nuevo derecho popular se pueden incluir cuestiones apasionantes y comprometidas en la agenda europea.

¿Y ahora qué? Por suerte, en la UE se han emprendido varios cambios y habrá que ver si la nueva mano derecha de Juncker, Frans Timmermanns, exministro holandés de Asuntos Exteriores, consigue desbloquear la situación y fomentar en la Comisión una actitud más favorable a los derechos de los ciudadanos.

Por suerte, la actual legislación de la Iniciativa Ciudadana Europea contempla una primera revisión en este 2015. Es una gran oportunidad para infundir nueva vida a un instrumento que promete mucho, mediante la eliminación de muchos obstáculos, una aplicación más simple y las lecciones de la experiencia adquirida. Ha llegado nuestra hora, la de los ciudadanos, la de los jefes poco queridos de Europa.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.


Traducción del alemán: Belén Couceiro, People2Power

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