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Suiza, vitrina de la democracia (1)


¿La Landsgemeinde, folclor o democracia de base?



Por Stephanie Hess, Appenzell




En Appenzell Rodas Interiores se celebra la forma más antigua de la democracia directa. Ni el frío ni la nieve arredran a la tenaz ciudadanía. Pero, ¿hasta qué punto ese sistema que se remonta a finales del siglo XIV es democrático?

No obstante la nieve, los ciudadanos acuden a dar su voto levantando la mano. (Stephanie Hess)

No obstante la nieve, los ciudadanos acuden a dar su voto levantando la mano.

(Stephanie Hess)

Una vez al año, en Appenzell se redoran los cascos y se sacan de los armarios familiares las grandes banderas y los vestidos negros para el “día más importante”: el de la Landsgemeinde (asamblea comunitaria). Ni siquiera la nieve que cayó inusualmente tarde esta primavera sobre los manzanos en flor y los techos de dos aguas, pudo empañar el ambiente festivo.

Entre los copos flota el olor de las salchichas a la parrilla y de la ‘Landsgmendchrempfli’, pastelería tradicional con relleno de avellanas,  especialmente preparada para este día. La gente se agolpa en las calles, o más bien en las callejuelas de esta capital de medio cantón, de 6 000 habitantes.

Todos los caminos conducen a la Landsgemeindeplatz, en el centro de la ciudad. Es aquí donde desde hace siglos, los ciudadanos de Appenzell votan, levantando la mano, sobre los grandes temas de la política cantonal. Eligen a los miembros de su Gobierno y a sus jueces. ¿Quiere decir que la democracia florece en Appenzell en su forma más directa? ¿O se trata más bien de mantener vivo, con una buena dosis de folclore, un auténtico fósil político?

Desde la Edad Media

¿Cómo nacieron las primeras Landsgemeinden? Diversas teorías se enfrentan al respecto. Según Hans-Peter Schaub, del Instituto de Ciencias Políticas de Berna, quien en una tesis recién publicada compara el sistema de las Landsgemeinden con el de la democracia a través de las urnas, “durante mucho tiempo se pensó que descendían de las asambleas populares germánicas, pero la tesis que domina hoy es que se habrían desarrollado en la Edad Media a partir de las comunidades corporativas”. Es decir, de grupos que administraban juntos las tierras o los pastizales comunitarios.

Hoy en Suiza, la Landsgemeinde existe solamente en Appenzell Rodas Interiores y en Glaris. En el pasado, ese sistema político reinaba en ocho cantones. Pero finalmente pasaron uno tras otro al sistema de las urnas: Schwyz y Zug incluso antes de la fundación del Estado federal, en 1847, Uri en 1928 y Nidwalden, Appenzell Rodas y Obwalden, en la década de 1990.

La fanfarria comienza a tocar para saludar la entrada de los ministros. Los seis hombres y la única mujer que forman el Gobierno cruzan solemnemente la plaza. Ha comenzado a nevar y los copos blancos constelan en sus negros atavíos. Montan al “púlpito”, como designan aquí a la tribuna que domina la plaza. Pero no les está reservada de manera exclusiva y será accesible a todos los ciudadanos que deseen expresarse sobre algún punto de la orden del día.

La misma información para todos

“El derecho de todos a la palabra es la mayor fuerza democrática de la Landsgemeinde”, dice Schaub. “Por lo tanto, se puede deliberar sobre los temas y todos los ciudadanos están al mismo nivel en cuanto a la información, mientras que en el sistema de las urnas el debate tiene lugar ante todo en los medios de comunicación”. Un debate más bien cerrado, al que no todos tienen acceso. Otro punto fuerte de la Landsgemeinde es que a diferencia del sistema de las urnas, las decisiones pueden ir en varias direcciones. No se pide a los ciudadanos decir simplemente sí o no, sino que también pueden hacer propuestas o solicitar modificaciones.

Pero esto no sucederá en la Landsgemeinde este año. La asamblea es más bien breve, quizá a causa de la nieve que forma una capa cada vez más gruesa sobre los tejados. La reelección del Gobierno y de los jueces cantonales es tramitada de manera expedita, luego los ciudadanos adoptan cuatro revisiones de leyes y rechazan una iniciativa individual sobre una reforma del sistema escolar. Durante el voto, la gente debe cerrar sus paraguas, cargados de nieve, para que puedan verse los brazos levantados. La mayoría se mide a simple vista, no se cuentan los votos más que en caso de duda.

No hay secreto de voto

A diferencia del sistema de las urnas, aquí todo el mundo puede ver lo que vota la gente a su alrededor. Lo particular es que casi todos se conocen. Para Hans-Peter Schaub es una de las principales debilidades de la Landsgemeinde: “el secreto del voto no es respetado, y se trata de un principio fundamental de la democracia”.

Esta manera de actuar es también contraria a la Convención Europea de Derechos Humanos, lo que obligó a Suiza, durante su ratificación, a introducir una cláusula de excepción para las Landsgemeinden. ¿Ese voto, a la vista y al conocimiento de todo el mundo, puede tener influencia en la orientación política de las decisiones? Hans-Peter Schaub recuerda que las ‘Landsgemeinden tuvieron durante mucho tiempo la imagen de asambleas con voto más bien a la derecha”. Todos recuerdan aún casos como el de la Landsgemeinde de Appenzell Rodas Interiores, que en 1990 negó una vez más a las mujeres el derecho al voto a nivel cantonal.

Sin embargo, subraya el politólogo, esas asambleas populares, también han tomado decisiones progresistas recientemente. “Por lo tanto, hay que partir de la idea de que el sistema de las Landsgemeinden no favorece a ningún campo político”. La participación, sin embargo, es más bien débil. “En promedio, el número de personas que participan en la Landsgemeinde es 10 a 15% inferior al de aquellos que acuden a votar a las urnas”.

Remediar debilidades

Sin embargo, la multitud transida de frío que se abalanza sobre los cafés y restaurantes de la plaza no es desdeñable. Ello obedece, quizá, al hecho de que además de la ciudadanía de Appenzell, visitantes de toda Suiza acuden al evento. Y ello, porque el país entero ama la Landsgemeinde, aunque, como lo señala Hans-Peter Schaub, “históricamente, esta democracia de asamblea popular está más bien en declive”.

No obstante, las Landsgemeinden disfrutan todavía de un gran apoyo de la población. “No es solamente nostalgia folclórica. El apoyo está justificado”, dice el politólogo. “Nuestras investigaciones muestran que la Landsgemeinde no es menos democrática que el sistema de las urnas”. Pero si estas asambleas populares quieren sobrevivir, tienen que superar sus debilidades. Por ejemplo, reflexionar sobre soluciones técnicas para garantizar el voto secreto o encontrar ideas para traer más gente cada año a la plaza.

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Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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