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Élites en la sociedad suiza


La red de viejos amigos ya no funciona




Ministro, miembro del consejo de administración del UBS y consejero delegado de Ems Chemie, una importante empresa suiza: Christoph Blocher es un buen ejemplo de la polifacética élite suiza. (Keystone)

Ministro, miembro del consejo de administración del UBS y consejero delegado de Ems Chemie, una importante empresa suiza: Christoph Blocher es un buen ejemplo de la polifacética élite suiza.

(Keystone)

Antes, un puñado de líderes ejercía múltiples cargos y controlaba las principales entidades suizas, desde el Parlamento hasta el banco Credit Suisse. Pero las cosas han cambiado. Los sociólogos revelan una nueva realidad del poder en Suiza que, por cierto, es cada vez menos suizo.

Con frecuencia, la palabra ‘élite’ se asocia con atletas o instituciones educativas del más alto nivel. Los sociólogos recuerdan que el término describe perfectamente el poderoso núcleo que conforman los tomadores de decisiones en Suiza.

“A veces, la gente piensa que cuando se habla de élite, nos referimos siempre a un pequeño número de personas que son muy buenas para algo”, señala a swissinfo.ch Felix Bühlmann, profesor de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Lausana. “Pero esta palabra se deriva del término ‘elegido’. Y en las Ciencias Sociales hablamos de élites como grupos de personas que pueden tomar decisiones de gran relevancia para la sociedad de la que forman parte”.

Bühlmann es el autor principal del documento ‘Transformation des élites en Suisse’, el primer texto de una serie de investigaciones en torno al ‘Cambio Social en Suiza, editado por el Centro Suizo de Especialización en Ciencias Sociales, la Universidad de Lausana y el Centro Nacional Suizo de Competencia para las Investigaciones.

Para la primera entrega, Bühlmann y sus colegas utilizaron una base de datos sobre las élites suizas del siglo XX y trazaron a partir de ella un mapa de la actividad profesional y de las conexiones que han existido entre los hombres y las mujeres más poderosos del país.

Descubrieron que en el siglo pasado, los miembros de este selecto grupo solían compartir el estrato social, habían estudiado en las mismas escuelas y mantenían estrechos lazos con el poder. En el siglo XXI, sin embargo, las cosas han cambiado. La élite se ha diversificado y sus miembros dependen cada vez menos los unos de los otros.

“Desde la década de los 90, observamos una conexión menor entre las diferentes esferas que componen la élite suiza. Nos encontramos en un estado de transición y no sabemos realmente hacia dónde se dirige todo”, explica Bühlmann.

Miembros exclusivos

La base de datos sobre la élite suiza que usaron los investigadores contiene más de 20 000 entradas sobre las trayectorias personal y profesional de quienes conformaron las esferas del poder político, económico, administrativo y académico en Suiza entre 1910 y 2010. La información fue dividida en cinco intervalos de 20 años que muestran que durante la mayor parte del siglo XX las élites suizas eran ricas habían recibido una educación del más alto nivel y sus integrantes era exclusivamente varones.

Los especialistas descubrieron también que cuando un individuo lograba acceder a una esfera del poder, posteriormente su nombre aparecería de forma recurrente en otros círculos de toma de decisión. En 1957, por ejemplo, el 19,5% de los miembros del Parlamento tenían algún cargo en el consejo de administración de una de las 110 empresas más grandes de Suiza.

Este fenómeno de la doble función –legisladores que compaginan su mandato político con una actividad profesional –es conocido por los sociólogos como "sistema de milicias".

"La carga de trabajo de los miembros del Parlamento ha aumentado y el proceso legislativo se ha vuelto cada más complejo. De ahí que quien hoy se dedique a la política deba consagrar todo su tiempo a este tipo de mandato. Algo que no sucedía antes”, dice André Mach, coautor el estudio y profesor en la Universidad de Lausana (UNIL).

Zapatero a tus zapatos

Sin embargo, la creciente carga laboral en el ámbito parlamentario es solo una de las razones que han transformado la antigua forma de tejer redes de poder en Suiza. Hoy, el dinero también juega un rol muy importante. Antes, los directivos bancarios solían tener un cargo en las grandes empresas, pero esta práctica comenzó a abandonarse en los años 90.

“En los últimos 30 años, con la liberalización de los mercados financieros, son las bolsas internacionales las que marcan la pauta de la economía en Suiza y en el resto del mundo. Una nueva forma de capitalismo que está cambiando las cosas”, sostiene Bühlmann.

Mach detalla que “los hombres clave de los bancos se han desvinculado paulatinamente de los consejos de administración de las grandes compañías industriales, porque sus principales ingresos ya no provienen del otorgamiento de crédito, sino de la banca de inversión y de los mercados financieros, que les resultan mucho más rentables. Por su parte, las principales empresas suizas están cada vez más relacionadas con el mercado de valores, en el que se financian en vez de acudir a los bancos”.

Pero hay una tercera razón que es tan sutil como poderosa: la mirada social.

"Hoy, los medios de comunicación y la opinión pública aceptan cada vez menos que una persona desempeñe varios cargos vinculados a la toma de decisiones. Se piensa que una persona no puede hacer bien su trabajo si dispersa su atención en diferentes posiciones”, dice Mach.

Nuevo contra lo antiguo

Una de las transformaciones más dramáticas que ha experimentado la élite suiza es la internacionalización de su esfera económica. Hasta la década de los 90, el control de las multinacionales suizas estaba en manos helvéticas.

En 1980, solo el 3,7% de los cargos ejecutivos de las 110 principales empresas del país eran extranjeros. La proporción aumentó al 35% en 2010. El gigante bancario Credit Suisse es un botón de muestra de esta tendencia: el consejero delegado saliente, Brady Dougan, es de origen estadounidense, y su sucesor, Tidjane Thiam, nació en África. 

Esperar y observar

Los investigadores seguirán tomando muestras y analizando los datos concernientes a las élites suizas cada cinco o 10 años para identificar nuevos patrones. Hasta que compilen más datos, es difícil predecir el comportamiento de las élites en la sociedad helvética.

“Quienes piensan que el sistema antiguo de élites era mejor dicen que antes era posible reaccionar con rapidez, porque los lazos eran muy estrechos, y cuando se tenía que tomar una decisión importante podía hacerse desde un pequeño grupo, lo que ayudaba a que la sociedad funcionara sin problemas”, explica Bühlmann. Pero esta dinámica era poco transparente y totalmente contraria a los principios democráticos, agrega.

Mach destaca que hacer nuevas predicciones será particularmente difícil después de la votación del 9 de febrero de 2014, cuando los suizos decidieron limitar la inmigración.

“Y es que tenemos una élite realmente internacional con directivos extranjeros en las grandes compañías; y también en el ámbito académico es cada vez mayor el número de profesores de origen foráneo. En la esfera política, en cambio, los partidos conservadores, más reticentes a la idea de la internacionalización, cosechan éxitos. Observamos dos tendencias opuestas”, apunta Mach.


Traducción del inglés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch



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