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Ética y transparencia en los negocios


Materias primas, una "bomba de relojería"




La bolsa mercantil de Chicago para las materias primas agrícolas fue fundada en 1898. (AFP)

La bolsa mercantil de Chicago para las materias primas agrícolas fue fundada en 1898.

(AFP)

Suiza enfrenta presiones crecientes para endurecer la regulación que aplica a las boyantes empresas del sector. Autoridades y activistas coinciden en que esta industria pone en riesgo la imagen del país, pero difieren sobre la estrategia a seguir.

Poco supervisado y fuera de la mirada de la opinión pública, el mercado suizo de las materias primas ha crecido de forma espectacular durante la última década. Hoy, representa el 3,5% del PIB y supera a los sectores de la maquinaria y el turismo.

Los críticos de los llamados commodities sostienen que la elevada concentración que registran empresas con sede en Suiza -como Glencore, Xstrata o Trafigura-, además de dinero, ha traído también riesgos y responsabilidades adicionales.
“Siento que estamos sentados sobre una bomba de relojería”, destacó el pasado 11 de septiembre el exsenador suizo, Dick Marty, durante una conferencia sobre negocios y derechos humanos organizada por el Ministerio de Asuntos Extranjeros de Suiza.

El antiguo fiscal del cantón del Tesino apoya una campaña que exige reglas legales claras que obliguen a las empresas con sede en Suiza a respetar estándares de derechos humanos y medioambientales en todo el mundo.

“Los consejos directivos de las empresas basadas en Suiza deben responsabilizarse de las actividades de sus subsidiarias. Y las víctimas de violaciones a los derechos humanos o de desastres medioambientales en países con sistemas legales ineficaces deberían estar en capacidad de exigir una reparación de daños a las firmas suizas en los tribunales helvéticos”, explica Marty a swissinfo.ch.
En junio pasado, la campaña Justicia corporativa, respaldada por una alianza de 50 ONG, entregó a las autoridades suizas una petición suscrita por 135.285 personas. La alianza evidencia casos problemáticos en los que están implicadas las subsidiarias de Glencore en la República Democrática del Congo y las de Xstrata en Perú y Argentina, entre otros casos.

Preocupaciones nacionales

“Hablamos de una área controvertida en la que las cosas están cambiando a escala internacional, lo que genera temores a escala nacional”, señala Claude Wild, jefe de la División de Seguridad Humana del Ministerio de Exteriores y organizador de la conferencia.
“Queremos un sector del comercio limpio y transparente”, añade.

Durante el último año, numerosos parlamentarios han urgido al Gobierno a fijar su posición respecto a los riesgos potenciales que existen y, sobre todo, a presentar una estrategia de mediano y largo plazos.
La respuesta más reciente data del pasado 15 de agosto. El Ejecutivo reconoció en un escrito ser consciente de las acusaciones que existen sobre abusos a los derechos humanos en actividades mineras que desarrollan grupos suizos en naciones en desarrollo y matizó que, de ser reales, ponen en riesgo la reputación de Suiza y “contradicen nuestro compromiso internacional con los derechos humanos y medioambientales”.

Iniciativas voluntarias

En lugar de sentar reglas vinculantes, las autoridades helvéticas han optado hasta ahora por iniciativas de cumplimiento voluntario que promueven los negocios responsables.

En particular, Berna apoya las directrices para multinacionales fijadas por la Organización para la Cooperación  y el Desarrollo Económico (OECD), los Principios Voluntarios en Materia de Seguridad y Derechos Humanos; así como la Guía de Principios de Naciones Unidas en los Negocios y Derechos Humanos, que adoptó por consenso el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU en junio de 2011. 

Países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y Holanda trabajan en planes de acción de carácter nacional para aplicar los citados principios de la ONU y afinan temas como cuáles son los “límites razonables” (por ejemplo, cuánta y que tipo de diligencia debida se requiere en los casos de derechos humanos).

“Esperamos que éste sea también el caso de Suiza”, afirmó en la conferencia John Morrison, director ejecutivo del Instituto de Negocios y Derechos Humanos en Londres.

En mayo pasado, el Gobierno estableció un grupo intergubernamental de trabajo, conformado por miembros de los Ministerios de Exteriores y Finanzas, que tienen como meta preparar un informe sobre el sector de las materias primas, e iniciar conversaciones sobre cómo podrían aplicarse los  principios de la ONU en Suiza.

Bloqueos

Los activistas manifiestan sentimientos encontrados con respecto a lo que está sucediendo.

“Me siento completamente confiado. Cada vez hay más conciencia en el Gobierno sobre los problemas potenciales que existen y nadie quiere que esto le explote a Suiza en el rostro como lo hizo el secreto bancario”, afirma Lorenz Kummer, de la ONG Swissaid.
Chantal Peyer, de la ONG Pan para el Prójimo, reconoce que la existencia de los dos grupos de trabajo es positiva, pero expresa también sus inquietudes.
En su opinión, el Gobierno está siendo reactivo. No hay información pública. ¿Qué hará después con el informe? ¿Cuál es su objetivo? El proceso íntegro está condenado a quedar bloqueado, pues ni los miembros de las divisiones participantes ni la Secretaría de Estado de Economía (Seco) quieren un debate real. Y lo más triste es que el Ministerio de Asuntos Exteriores otorgue públicamente tanto apoyo a John Ruggie, representante especial de la ONU en materia de Negocios y Derechos Humanos, sostiene Peyer.
Respecto a firmas como Glencore, se trata de grupos que “no entienden lo que significan los principios, y no tienen ni el tiempo ni la intención en el corto plazo de preocuparse por ello”.

"Bomba de relojería"

Suiza corre el riesgo de verse rebasada pronto por los acontecimientos y por una creciente presión venida desde el extranjero. En agosto, la Securities and Exchange Commission (SEC), autoridad supervisora de los mercados financieros en EEUU, adoptó severas medidas obligatorias para las empresas que están registradas en Estados Unidos, pero que realizan operaciones mineras y petroleras en el extranjero.

La Unión Europea (UE), por su parte, trabaja en establecer estándares semejantes antes de que concluya el año, lo que dejaría a Suiza aislada en este tema.

“El peligro reside en que solo reaccionemos cuando ya estemos frente a un desastre real, como sucedió con el tema de las cuentas no reclamadas de las víctimas del Holocausto, durante la crisis de Swissair o el escándalo del banco UBS. En todos esos casos tuvimos alertas tempranas que decidimos ignorar. Y esta vez Suiza tiene la gran oportunidad de dar ejemplo y actuar, pero necesita ser creativa y valiente”, puntualiza Marty.

Suiza, centro del comercio de materias primas

Debido a su ubicación estratégica en Centroeuropa, ciudades como Winterthur, Lucerna y Lausana cuentan con una larga tradición en el comercio en materias primas (commodities), especialmente de productos como el algodón o el café.

La compañía Volkart Brothers, basada en Winterthur, marcó un hito en el comercio del algodón, el café y las especias con mercados como Sri Lanka e India desde 1857. Y la Union Trading Company, de Basilea, fue uno de los primeros comerciantes de granos de cacao en el mundo.

Tras los estragos que generaron las dos guerras mundiales, los comerciantes de materias primas se interesaron cada vez más en la neutral Suiza, que gracias a las características de sus estructuras económica y política, había salido ilesa de los conflictos.

Las primeras firmas de comercialización de granos se establecieron en Ginebra en 1920. Con los años, Suiza se confirmó como un terreno neutral para realizar negocios entre bandos con diferencias políticas en periodos como la Guerra Fría.

Ginebra siempre fue un destino predilecto de los ciudadanos de Oriente Medio. Y gracias a ello, obtuvo ventajas cuando inició el auge de la industria petrolera en esta región. En los años 1960, a los comerciantes de petróleo establecidos en Suiza se sumaron los comerciantes de algodón que abandonaban Egipto.

Los negocios petroleros rusos en Suiza iniciaron en la década de 1990, simultáneamente al crecimiento de la industria de las materias primas en Zug.

Actualmente, algunas de las empresas más grandes del mundo en el comercio de materias primas y recursos mineros tienen sede en Suiza, como Glencore, Xstrata, Trafigura, Vitol, Gunvor, Litasco, Mercuria, ADM, Bunge, Cargill, Dreyfus, Holcim y el Grupo Kolmar.


(Traducción: Andrea Ornelas), swissinfo.ch



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