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Odisea Iraquí


“La nostalgia como arma contra el fundamentalismo”


Por Islah Bakhat


1959: a un año del derrocamiento de la monarquía en Irak, la familia de Samir (niño aún, segundo desde la derecha) de día de campo, con algunos amigos, en las afueras de Bagdad.  (Dschoint Ventschr)

1959: a un año del derrocamiento de la monarquía en Irak, la familia de Samir (niño aún, segundo desde la derecha) de día de campo, con algunos amigos, en las afueras de Bagdad. 

(Dschoint Ventschr)

En ‘Odisea Iraquí’, Samir, su realizador, traza la historia de su familia, desde el Irak de los años 50, al de hoy, desgarrado por la violencia. Una obra personal que es también un arma contra el integrismo y el sectarismo del Estado Islámico.

Iraquí sentimental, perfeccionista suizo, Samir realizó su primer documental en 3D. Son 162 minutos de historia, tanto nacional como familiar, desde la época otomana hasta nuestros días, narrada por los familiares del director, esparcidos por todo el mundo. Entrevista.

swissinfo.ch: Usted muestra ese Irak en blanco y negro de los años 50 y 60, de  mujeres vestidas al estilo occidental, visiblemente emancipadas y felices. Pero también el Irak en colores de hoy, sobre todo el rojo de la sangre y el negro de las explosiones y los velos de las mujeres. El contraste es impresionante.

Samir: ¡Eso es realmente lo más importante a tener en cuenta! Creo que todo este integrismo es una guerra contra las mujeres, no contra los occidentales. Y, porque hay hombres que no están bien educados, han sido instrumentalizados por el conservadurismo. Hay miedo a la emancipación y a la igualdad.

Pero, ¿cómo hablar de ello sin firmar un panfleto feminista? Pensé entonces en presentar a mi madre, mis tías y todo ese bello mundo a través de esas bellas imágenes de los viejos tiempos. La nostalgia en mi película es como un arma contra el integrismo. Hurga en la memoria para mostrar que era posible para las diferentes religiones y culturas convivir en el mismo país. Recordar que había  respeto para las mujeres, sus costumbres y sus formas de ser mujer. No debían ocultar su belleza. Creo que las imágenes son más fuertes que las palabras.

swissinfo.ch: Estas imágenes son un tesoro que usted tuvo a la mano.

S.: Fue realmente una gran sorpresa. Nunca imaginé encontrar tal cantidad  de fotos. Pensé que tenía que buscar en los archivos de los museos y las bibliotecas, pero no se encuentra nada en Irak. ¡Es un desastre, todo está destruido! Cuando me puse en contacto con el presidente del Museo Nacional, me dijo que podía encontrar todo en Youtube. Me quedé consternado. Se trata de la memoria del país. En ese momento, me di cuenta de que yo necesitaba esas imágenes no solamente como cineasta, sino también como un árabe que quiere reconstruir la historia de nuestros países. Incluso mis primas, que no querían que hiciera esa película, terminaron por prestarme sus fotos. Entendieron que no se trataba de exhibirse, sino de reconstruir nuestro país, nuestra historia, y recuperarla de esos integristas.

A finales de 2013, yo estaba en Irak para terminar mi película. Daech (acrónimo árabe utilizado a veces para designar al Estado Islámico) había atacado las ciudades de Ramadi y Fallujah. Seis meses más tarde, sus hombres entraron a Mosul. Fue una gran confusión. Me preguntaba qué hacer. Yo soy cineasta, no hago reportajes de televisión o de radio u otro. Hago películas, soy un artista. En la sala de montaje, miraba todas esas fotos de la familia, y cuando volvía  a casa, veía las imágenes de Daesh. ¡Advertí que había construido un arma contra esos idiotas!

swissinfo.ch: ¿Es por eso que no aparecen en su película?

S.: No tengo que mostrarlos. Ese fue el momento en que me dije: recuperemos nuestra historia, mi película es un instrumento político. Lo entendí también cuando lo presenté en Toronto ante los expatriados árabes, en Abu Dabi y en Túnez. Y creo que la preservación de estas fotos fue también un acto político por parte de mi familia.

swissinfo.ch: La “desnudez” ante la cámara es inusual en la cultura árabe. Sin embargo, usted nos deja entrar en la intimidad de la familia. ¿Cómo logró ganar su confianza?

S.: No estamos en la intimidad profunda como se sugiere en la cultura occidental. Ganar su confianza fue realmente el gran problema desde el principio. Conozco a mi familia, los diferentes caracteres, y los códigos de la cultura árabe. Es curioso, pero creo que mi película sobre los judíos iraquíes ‘Forget Bagdad’ (2002) me ayudó enormemente a que confiaran. Comprendieron que yo era un cineasta serio (risas).

Una sola pregunta, planteada en París, en 2001, por uno de mis tíos antes de la salida de esa película fue suficiente para desencadenar todo. “¿Por qué una película sobre los judíos iraquíes?, ¿Por qué no una película sobre nosotros? ¡Pero sin mí!” (risas). Pronto me encontré en el centro de esa contradicción. ¡Hacer una película sobre mi familia, sin mostrarla! No pude convencer a muchos de ellos - ni siquiera con mis viejas películas. Los sentimientos oscilaban entre entusiasmo y miedo. Algunos temían que explotara ciertas “cosas”.

Al final quedaban sobre todo mis tíos y tías, personas de una cierta edad. Yo seguí naturalmente el camino correcto para honrar a esa generación, la que ha luchado por la laicidad y la modernización, para que los países árabes se unan al mundo moderno sin perder sus raíces y sus culturas.

swissinfo.ch: Usted dice que la palabra “revolución” ha definido el curso de su vida. ¿Cree en ella a pesar del caos en los países árabes, donde las revoluciones de 2011 aún no han concluido?

S.: En Túnez ganamos, ¿no? Estuve allí hace poco con esta película y me gustó lo que vi. Realmente sentí la energía de ese pueblo valeroso. Las condiciones son muy duras, pero encontraron una vía de negociación con todos los componentes de la sociedad para crear esta nueva Constitución. No todo es perfecto, pero está en buen camino. (Ndlr: La entrevista fue realizada antes  del ataque al Museo del Bardo, el 18 de marzo).

En Irak, las guerras y las dictaduras han destruido a la sociedad civil y necesitamos mucho tiempo para reconstruirla. Pero soy optimista porque conozco a muchos jóvenes en Bagdad, artistas, cineastas, escritores y activistas políticos, que siguen haciendo cosas increíbles porque ya no tienen miedo. Eso es lo que más me sorprendió durante mis visitas a Irak de los últimos años. Antes era muy diferente. Yo mismo, cuando visitaba a mi familia en Irak hace mucho tiempo, estaba en las mismas condiciones que los demás, un miedo  profundo ante cualquier policía de la esquina. Hoy vencieron ese miedo y ese es el primer paso hacia la liberación. No tener más miedo a las autoridades del Estado, decir que el Estado debe estar a nuestro servicio.

swissinfo.ch: ¿Y este Estado Islámico  autoproclamado que se extiende cada vez más, no asusta a la gente en Irak?

S.: Por supuesto que los asusta, pero eso es terrorismo. Tienen miedo porque quieren sobrevivir, pero es imposible convencer a la gente de esa manera. Vi la primera reacción de mis amigos el año pasado. Era una especie de humor negro. Dijeron: “Vienen, ok. Mientras tanto, vamos a seguir viviendo, para practicar nuestras artes, reír juntos, beber algo juntos, sin miedo”.  Entendieron que Daech era terrorismo puro. Pero esos hombres van a perder su poder sobre la gente, porque es imposible construir un Estado con algunos miles de jóvenes. Ellos solamente llegaron en el buen momento. Había corrupción en el seno del Estado iraquí y sectarismos impulsado por Maliki y su gobierno chiita (por cierto, yo soy de origen chiita). Fue una estupidez no tratar de hallar un equilibrio entre los diferentes componentes étnicos y religiosos.

swissinfo.ch: En la película, la historia de Irak parece una ida y vuelta entre la dictadura y la guerra, y el pueblo no quiere ni una ni otra. ¿Qué salida ve usted?

S.: Después del embargo, Irak ha cambiado. Ya no es pobre, y tiene un potencial enorme, incluso cuando evidentemente hay ladrones que saquean sus riquezas. El pueblo debe recuperar poco a poco su poder. Es un proceso largo, que sienta mal a la impaciencia humana, pero que seguramente continuará. Yo vivo en Suiza. Es un país donde uno puede enfrentar comportamientos racistas y xenófobos, pero dispone de instrumentos políticos que ayudan a la gente a luchar por sus intereses y derechos. Es un ejemplo también para todos los países árabes. Demuestra que es posible vivir en un Estado bastante disperso, multicultural y multiconfesional. Cuando algunos me dicen, “no se puede vivir con los sunitas”, respondo: “No estás obligado a amarlos, pero puedes vivir con ellos, es normal, y tal vez algún día serán tus amigos”. Esta es mi vida y mi experiencia en Suiza. Tengo un gran respeto por este sistema que los suizos han creado, a pesar del tiempo que les llevó.

swissinfo.ch: ¿Qué siente usted al ver a su país en ese estado?

S.: Después de ver la película, mi esposa me dijo: “Estamos juntos desde hace 20 años y no sabía que eras de origen chiita”. Nosotros no crecimos en esas divisiones entre chiitas y sunitas, árabes y kurdos. Estamos en este callejón sin salida y hay que dar la vuelta para salir. ¡Todos nosotros! Y mi película representa todo eso: mi tía tiene un marido kurdo, mi prima tiene un marido cristiano. Debemos recordar esas cosas a la gente y reavivar los recuerdos. Estas historias son un acto político contra el sectarismo.

Samir, el zuriqués de Irak

Nacido en 1955 en Bagdad, Irak, Samir (literalmente: el narrador) es ahora uno de los más famosos y reconocidos cineastas de Suiza, especialmente en la parte de habla alemana.

Emigró a Suiza con sus padres a principios de los años 60. En los 70, efectuó un aprendizaje de tipógrafo en la Escuela de Artes Visuales de Zúrich, seguido de una formación de camarógrafo. Activista en el movimiento de la juventud radical, hizo su primera película en 1982.

En 1994 se hizo cargo de la productora Dschoint Ventschr al asociarse con el realizador Werner Schweizer y la productora Karin Koch. Aparte de su actividad de cineasta, Samir lleva a escena obras de teatro  y expone regularmente en el campo de las artes plásticas.

El carácter innovador de su trabajo atrajo la atención en diversos festivales y le ganó varios premios. Su filmografía incluye más de 40 documentales y largometrajes para cine y televisión, incluyendo ‘Babylon 2’ (1993) ‘Forget Bagdad’ (recompensada en 2002 en el Festival de Locarno) y ‘Snow White’ (2005).

Su ‘Odisea Iraquí’  recibió el premio a la mejor película asiática en el Festival de Cine de Abu Dabi (2014).


Traducción del francés, Marcela Águila Rubín

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