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#Locarno69


La magia de los 35 mm revive en Locarno




Una última mirada a la película antes de su embobinado.  Con precisión y paciencia, David Dalet y sus colegas verifican todas las películas en 16 y 35 mm previo a su proyección en el Festival de Locarno.  (swissinfo.ch)

Una última mirada a la película antes de su embobinado.  Con precisión y paciencia, David Dalet y sus colegas verifican todas las películas en 16 y 35 mm previo a su proyección en el Festival de Locarno. 

(swissinfo.ch)

Cada año, como parte de la tradicional retrospectiva, el Festival de Locarno proyecta decenas de filmes en 16 o 35 milímetros. Una opción política de defensa de la cultura que implica un esfuerzo considerable. swissinfo.ch siguió el trabajo de algunos profesionales de la película, oficio que corre el riesgo de desaparecer gradualmente.

La imagen de Bud Spencer en ‘Le llaman Trinidad’ aparece como por encanto a la luz de una lámpara. La mano protegida por un guante, David Dalet hace correr la película entre los dedos. Para adelante y para atrás. La aspira, la escudriña y finalmente la embobina con cuidado. Busca los pequeños defectos que haya entre uno y otro fotograma: colores perdidos, rasguños, roturas mal reparadas o subtítulos faltantes. ¿Objetivo? Verificar que todas las películas en 16 y 35 mm seleccionadas en Locarno estén en perfectas condiciones y listas para la proyección.

Faltan solamente unos pocos días para el inicio del festival y en el sótano del edificio, Fevi trabaja a fondo. Solamente para la retrospectiva - dedicada al cine de la joven República Federal de Alemania - no menos de 60 filmes de 16 y 35 mm serán proyectados este año. Si se considera que cada cinta tiene un promedio de seis rollos de 600 metros, son más de 250 kilómetros de película los que deben ser analizados, ajustados y embobinados por el equipo de Marc Redjil, responsable de la llamada “certificación de impresión”.

“Por cada película tenemos que llenar una hoja de verificación, que incluye todos los datos técnicos, como el tamaño, la velocidad de proyección y el idioma de los subtítulos, así como una lista de posibles defectos. El mismo trabajo será efectuado al final del festival, antes de reenviar las películas a sus propietarios”, explica Marc Redjil, quien trabaja también para el Festival de Cannes, entre otros.

El suyo es un trabajo de cartujo. Las copias proyectadas en Locarno son de hecho originales y, como cualquier obra de arte, son tratadas con el máximo de respeto.

Una elección emocional y una señal política

Cine joven de la RFA, amado y rechazado

En colaboración con el Deutsches Filminstitut, el Festival de Locarno presenta este año una amplia retrospectiva cinematográfica de la República Federal de Alemania, de 1949 a 1963. Se trata de una cinematografía poco conocida, explica el director artístico, Carlo Chatrian, que refleja las contradicciones de los años Adenauer, con directores que luchando por mirar hacia el pasado y otros que mantienen la confianza en el futuro típico del modelo americano.

Esta retrospectiva presenta 73 filmes de directores conocidos como Fritz Lang y Robert Siodmak, que regresaron a su patria para realizar sus últimas películas y trabajos menos conocidos que, sin embargo, marcaron la historia del cine alemán.

La elección de esta retrospectiva es también un “regalo” a un público de fieles entre los fieles, el de los ciudadanos suizos de habla alemana, que cada año acuden en buen número al Festival de Locarno, agrega su director.

Desde que la era digital comenzó a imponerse, hace unos diez años, el Festival de Locarno optó por mantener la proyección de las películas en el soporte para el que fueron diseñadas, es decir, el analógico, para los más “viejos”. Y ello, incluso cuando hay una copia restaurada digitalmente.

“No se trata solamente de respetar la voluntad del autor, sino también de una opción emocional”, dice el director artístico Carlo Chatrian, que durante años ha supervisado las retrospectivas de Locarno. “A diferencia de lo digital, la película es un instrumento que vive y respira el tiempo y lo sufre. De alguna manera ofrece al espectador la oportunidad de percibir, a través de sus pequeñas imperfecciones, el paso del tiempo”.

Pero también hay una razón política: mostrar una proyección en 35 mm no es solamente un placer estético, sino también, y sobre todo, un valor cultural. “En un mundo ideal, las copias restauradas y digitalizadas son idénticos al original. De hecho, por razones económicas, este paso se realiza a veces de manera inexacta y se pierde parte de la información”.

A la caza de piezas de repuesto

Promover la película analógica implica un esfuerzo que no es poco para un pequeño festival como el de Locarno. Y ello, desde la infraestructura misma. “Para hacer circular los filmes, las películas se enrollan y se pegan en una bobina grande”, dice Elena Gugliuzza, coordinadora del sector imagen y sonido. “En nuestro caso, sin embargo, como se trata de copias originales, debemos utilizar cinco o seis bobinas. Por lo tanto se requieren dos proyectores por cada sala. Cuando en la pantalla aparecen los clásicos puntitos, inicia el segundo proyector para leer la película y así sucesivamente”.

Con el cierre de muchas fábricas históricas, el mantenimiento de los viejos proyectores se hace cada vez más difícil y costoso. En particular porque las piezas de recambio ya no se producen en serie. “No sabemos si en el futuro podremos encontrar los objetivos y las lámparas que necesitamos. Así que reunimos por el mundo las piezas de recambio y las almacenamos”, prosigue Elena Gugliuzza.

Una pérdida no solamente de los instrumentos de trabajo, sino también, y sobre todo, de las habilidades de aquellos que durante años hicieron funcionar la industria del cine, desde los laboratorios de impresión hasta las salas de proyección.

Habilidades que desaparecen  

En la minúscula cabina del antiguo Rex de Locarno, la sala histórica dedicada a la retrospectiva, Pierre Ebollo pone a punto dos viejos proyectores de 35 mm. En sus gestos se advierte el cariño por lo que hace, pero este sonriente camerunés rechaza sucumbir a la nostalgia.  

“Los oficios cambian y nos toca adaptarnos a lo nuevo, sin olvidar lo viejo”. Pierre Ebollo conoce de memoria estas máquinas, así como las digitales. “Desde los años 1960 trabajo como proyeccionista y técnico, primero en Camerún y ahora en Francia o en festivales del mundo”.

En los festivales de cine existe en efecto una red bien establecida de personas que saben cómo manejar las viejas películas. Pero, ¿qué sucederá dentro de diez años? En Suiza, al igual que en otros países, ya no hay una formación específica para los proyeccionistas en 35 mm, dice con pesar el director de la Cinemateca Suiza, Frédéric Maire. “Es una evolución problemática ya que basta un pequeño mal manejo o una máquina mal preparada para destruir una obra de arte”. Por ello, la Federación Internacional de Archivos Filmográficos (FIAF) considera la creación de una formación ‘ad hoc’. “Los filmes en película son sin duda un nicho de mercado, pero están lejos de extinguirse”, subraya Frédéric Maire.

¡La película ha muerto, viva la película!

Además de todo el material de archivo, que representa un siglo de la historia del cine, todavía hay cineastas que prefieren el celuloide. En Cannes y Berlín, pero también en el Festival de Locarno, sucede con regularidad que se tienen obras contemporáneas que por elección del autor deben ser proyectadas en analógico.

Quentin Tarantino incluso ha tenido que instalar proyectores de 70 mm en diversas salas de América y Europa para su última película ‘The Hateful Eight’ (Los odiosos ocho) (2015). Una especie de cruzada en favor de la película por parte de uno de los más grandes realizadores del mundo.

¿Y el público? Carlo Chatrian no tiene dudas: “Los del festival son espectadores con experiencia, que encuentran un placer adicional en ver películas en 35 mm”. En resumen, la magia de esas imágenes que vibran en la pantalla y el murmullo del proyector continuarán a hacer soñar a los que aman el cine, al menos durante el espacio de un festival.

La sexagésima novena edición del Festival de Cine de Locarno se celebra del 3 a 13 de agosto de 2016 y este año cuenta con una fuerte presencia suiza.

Dos películas compiten por el Leopardo de Oro: ‘Marija’, del joven Michael Koch, y ‘La idea de un lago’, de Milagros Mumenthaler. Suiza también estará presente en la Plaza Grande con ‘Moka’, de Frédéric Mermoud. En cuanto a los filmes fuera de concurso: el retrato de Jean Ziegler firmado Nicolas Wadimoff, y ‘Un judío para el ejemplo’ de Jacob Berger, sobre Suiza y el nazismo.

Entre los invitados a Locarno: Stefania Sandrelli, Alejandro Jodorowsky, Bill Pullman, Ken Loach, Howard Shore, Valeria Bruni-Tedeschi e Isabelle Huppert.

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Traducido del italiano por Marcela Águila Rubín

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