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A 30 años de Chernóbil


¿Qué queda de la peor catástrofe nuclear de la historia?




Una de las imágenes más significativas del accidente de Chernóbil: la ciudad evacuada de Pripyat, a unos kilómetros de la central. (Keystone)

Una de las imágenes más significativas del accidente de Chernóbil: la ciudad evacuada de Pripyat, a unos kilómetros de la central.

(Keystone)

El 26 de abril de 1986, la explosión del reactor de la central atómica de Chernóbil, en ucrania, liberó una nube radioactiva que contaminó buena parte de Europa. A 30 años de distancia, en Suiza y, en particular, al sur de los Alpes, en el Tesino, se registran aún la huella de elementos radioactivos. ¿Con que consecuencias para la salud pública?

“Los recuerdos se desvanecen más rápido que el cesio-137”, que tiene un periodo radioactivo de 30 años, recuerda Christope Murith, responsable de la sección Riesgos Radiológicos de la Oficina Federal de Salud Pública de Suiza, (OFSP). En su memoria, los eventos que marcaron la primavera de 1986 están vivos. Estaba en primera línea cuando la nube contaminada liberada de la central de Chernóbil alcanzó el centro de Europa, por ende, Suiza.

“Los suecos nos advirtieron que habían observado un aumento anormal de radioactividad. Yo acababa de terminar mi tesis y experimentaba una técnica de espectroscopia: de pronto me encontré haciendo medidas reales en el terreno, entre la gente que me veía con cierta desconfianza, mientras que los responsables federales me solicitaban el mayor número de mediciones posible”, recuerda Murith, entonces colaborador del Laboratorio de la Comisión de Radioprotección.

A bordo de una furgoneta prestada por el Ejército, el joven investigador recorrió todo el valle del Tesino, la región más afectada en Suiza. La radioactividad, explica el experto, se depositó donde llovía durante el paso de la nube contaminada. En el Tesino, los niveles de celsio-137 en el suelo era hasta 100 veces superior al nivel registrado en el altiplano helvético”.

La prioridad era proteger a las personas más sensibles a las radiaciones, es decir, niños y mujeres embarazadas. “Los análisis se concentraron en las siembras. Había que evitar la contaminación a través de los alimentos”. De allí la importancia de difundir y seguir una serie de medidas, como evitar el consumo de leche fresca y lavar a fondo ensaladas y verduras.

La dosis media de radioactividad acumulada en la población suiza tras la catástrofe permaneció limitada. Según estima la OFSP, es de 0,5 milisievert (mSv) al año.

A título de comparación, la dosis asociada a una radiografía convencional es de 1 mSv. “Las personas que no siguieron las recomendaciones pudieron haber recibido una dosis diez veces más fuerte”, puntualiza el experto.

Chernóbil en jabalíes y lagos

Aún hay huellas visibles de la catástrofe. En el Tesino, y en algunos valles de los Grisones está presente aún el celsio-137, debido a Chernóbil. “El celsio persiste, sobretodo, en los estratos superiores del ecosistema forestal. Se acumula en los hongos y en la carne de los animales salvajes. Aun hoy, la concentración de celsio en los jabalíes puede superar los valores límite. En este caso, la carne no puede ser destinada al comercio”.

En los lagos también hay residuos, según un artículo de la Inspección Federal de la Seguridad Nuclear, que cita un estudio suizo, publicado en 2013. En el lago de Bienne, un octavo del celsio-137 depositado entre 1950 y 2013, es atribuible a Chernóbil. El resto proviene de los ensayos nucleares producidos en los años sesenta y de la central atómica suiza de Mühleberg, según la investigación antes mencionada.

Sin aumento significativo de tumores

“En términos de salud pública, no hay ya repercusión alguna. En Suiza, no hubo un aumento posible de medir, ni tampoco tumores en la tiroides [causados por la absorción de yodo-131, ndr], ni malformaciones u otros tumores”, observa Bernard Michaud, exvicedirector de la OFSP. “La presencia de elementos radioactivos, registrada con instrumentos de medición extremadamente sensibles, es seguramente interesante para los especialistas del sector”, comenta.

Las estimaciones de la OFSP pueden indicar que unos 200 decesos pudieron haber tenido relación con el accidente en Ucrania, pero “la situación fue muy diferente en países como la propia Ucrania, Rusia y Bielorrusia, donde al menos se registraron entre 4 000 y 5 000 de tumores de la tiroides, que pudieron ser atribuidos, sin duda posible, a Chernóbil”, precisa Murith.

El Instituto de Medicina Social y Preventiva (IMSP) de la Universidad de Berna indica a swissinfo.ch que no pudo constatar efectos visibles de Chernóbil en la evolución de tumores en la población infantil. Ben Spycher, experto de salud infantil, releva de cualquier modo que incluso dosis relativamente bajas de radioactividad, como la radioactividad natural, pueden favorecer el desarrollo de leucemias y de tumores en el cerebro en los niños. “Una ínfima parte de esta radioactividad natural proviene de Chernóbil. Pero incluso si hubiera un efecto relacionado con el accidente de 1986, sería probablemente muy pequeño”.

¿Cuántas víctimas provocó Chernóbil ?

El Tchernobyl Forum, une conferencia institucional en la que participaron diferentes agencias de la ONU, concluyó que Chernóbil causó la muerte de 65 personas (entre las que figuran los denominados ‘liquidadores’). Los decesos suplementarios causados por los tumores y las leucemias podrían ser de 4 000 en 80 años.

De acuerdo a estudios de la Unión Europea, la Agencia Internacional de Energía Atómica, la Organización Mundial de la Salud y el Instituto suizo Paul Scherrer estima entre 9 000 y 33 000 el número de decesos.

Según Greenpeace, el balance sería mucho más serio: 200 000 muertes entre 1990 y 2004 en Bielorrusia, Ucrania y Rusia, y hasta ,6 millones en el mundo entero (en 70 años).

No bajar la guardia

Si todos los estudios muestran la ausencia de reperecusiones significativas en la salud en Suiza, por otra parte hay que decir que los datos son incompletos. No existe en Suiza, un registro nacional de tumores y el registro del Tesino fue creado apenas en 1996, 10 años después del accidente, precisa su director, Andrea Bordoni.

Una laguna, que según Bordoni, no es pertinente. “Es cierto que no disponemos de datos, por lo que teóricamente es posible que un alza en la evolución de los tumores en la tiroides no lo tengamos registrado. Pero si hubiera habido consecuencias importantes a causa de Chernóbil, nos hubiésemos dado cuenta con el trascurso de los años. Y no ha sido el caso.

Jacques Bernier, responsable del Radiooncología de la clínica de Genolier, en el cantón de Vaud, indica que el carcinoma papilar (un tipo de tumor tiroidal) presenta mutaciones cromosómicas que varían con el tiempo. “Es prudente no bajar la guardia, pues esas mutaciones podrían provocar riesgos potenciales a largo plazo”.

El Centro internacional de  investigación sobre el cáncer de Lyon, la agencia especializada de la Organización Mundial de la Salud, advierte que los efectos de las radiaciones pueden manifestarse aún décadas después de la exposición. Para una evaluación completa de las consecuencias sanitarias de Chernóbil, recomienda lanzar un programa coordinado de investigación a largo plazo.

Christophe Murith está seguro que « las depresiones, los estados ansiosos, los suicidios y el estrés postraumático para las poblaciones evacuadas continúan a ser el mayor problema. Las repercusiones psicológicas de la catástrofe rebasan los efectos radiológicos”.

En Chérnobil, la amenaza de incendios

Tras el accidente, cantidades considerables de sustancias radioactivas muy peligrosas se depositaron en los bosques y los suelos alrededor de la planta nuclear. Esas sustancias podrían ser liberadas en la atmósfera a causa de los frecuentes incendios en la región, advierte Greenpeace.

Un incendio incontrolado podría equivaler a un accidente del nivel 6 en la escala de eventos nucleares (Chernóbil se situó en el nivel 7), afirma la organización. En 2010, la radioactividad que escapó de las fumarolas de un incendio llegó hasta Turquía.

La cuestión debe “tomarse con seriedad”, indicó la OFSP al dominical Le Matin Dimanche. Si hubiese incendios de una cierta amplitud, Suiza sería advertida rápidamente, en el marco de una red internacional atenta a esta problemática. En el peor de los escenarios, la dosis de Celsio-137 que podría presentarse en Suiza sería de 100 a 1000 veces inferior a la registrada  en 1986.

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Traducción del italiano: Patricia Islas, swissinfo.ch

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