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¿Quién quiere ser millonario?


Jóvenes suizos: el dinero no hace la felicidad


Por Andrea Ornelas


El año pasado, Suiza contaba con 1,1 millones de jóvenes en edades comprendidas entre los 16 y 25 años. (Keystone)

El año pasado, Suiza contaba con 1,1 millones de jóvenes en edades comprendidas entre los 16 y 25 años.


(Keystone)

Tienen entre 16 y 25 años y son los técnicos, vendedores, médicos, obreros, políticos o artistas del mañana. Confían en el futuro, pero llevan el realismo tatuado en la piel. ¿Con qué sueñan los jóvenes suizos? ¿Imaginan una vida mejor que la de sus padres?

La jornada es radiante en Berna. Es mediodía y el parque 'Grosse Schanze' se ha poblado de jóvenes que realizan improvisados picnics sobre un prado que parece podado con precisión matemática. Las charlas y risas recorren los corrillos fundiéndose en un solo murmullo. Las terrazas de los restaurantes están a tope, pero aún son un privilegio inaccesible para los menores de 25 años.

“Cuando eres joven, el dinero es como un pez vivo que se te escurre entre las manos”, bromea Gerber, un aprendiz de relojero en segundo año de formación que nació en Basilea hace 18 años. “Me gustaría dejar la casa de mis padres porque nuestra relación es muy mala. Pero mi sueldo es bajo todavía. Necesito otros 1.000 francos al mes para independizarme”, añade.

Según sus cuentas, 1.800 francos mensuales serían suficientes si comparte vivienda con su novia y otro amigo. Sabe que no ganará ese dinero ni este año ni el próximo y  evalúa una medida extrema: “Endeudarme…. Así podría irme de casa”.

Con los pies en la tierra

En Suiza, hay 1,1 millones de habitantes de entre 16 y 25 años, según la Oficina Federal de Estadística (cifras 2013). Y casi 7 de cada 10 confían plenamente en el futuro, revela el Barómetro de la Juventud 2013 publicado por Credit Suisse y el instituto gfs.bern que explora el sentir de los jóvenes de Suiza, EEUU, Brasil y Singapur en diversos ámbitos.

En el económico, las nuevas generaciones al otro lado del Atlántico aún aspiran al “sueño americano”. Quieren ser el Steve Jobs del siglo XXI y están dispuestas a dejarse la piel en el intento. En Suiza, los jóvenes son más mesurados; el equilibrio entre vida y trabajo es una prioridad para 8 de cada 10.

“Nuestra sociedad posee un alto grado de seguridad y ofrece un entorno en el que los suizos pueden perseguir sus sueños individuales y a la vez asegurar su bienestar económico. Saben que si estudian, lo lograrán sin problemas. Y tienen claro que no es necesario ganar millones para vivir bien, así que no suelen perseguir metas inalcanzables. Esto es positivo, aunque implica que en Suiza haya menos emprendedores que en otras culturas”, explica Lukas Golder, politólogo del gfs.bern.

Educación en Suiza

La enseñanza obligatoria contempla 6 años de educación primaria y 3 de secundaria. Su objetivo es dotar de cultura general al alumno en dominios como las lenguas, matemáticas, historia o geografía.

El ciclo de secundaria II se divide en formación profesional y académica. No es obligatorio, pero el 90% de los jóvenes lo cursan.

Siete de cada diez se decantan por la formación profesional (o dual), que combina las aulas con el trabajo en una empresa. El resto cursa el bachillerato con miras a obtener la Matura (equivalente de la Selectividad en España o el Abitur en Alemania), la prueba de acceso a la universidad.

Corinne, estudiante de Medicina de 24 años nacida en Lausana y futura cirujana, opina que “los jóvenes suizos suelen ser pragmáticos, quieren ganar dinero, y ser independientes. Algunos optan por estudios largos; otros, por aprendizajes más cortos. Pero todos tienen clara la importancia de la formación. Personalmente, no conozco a muchos que elijan actividades artísticas. Tal vez no hay muchos soñadores… al menos en mi entorno”, reflexiona.

Golder atribuye el optimismo de los jóvenes a las bondades del sistema de formación dual suizo, que “permite a los estudiantes de 17 o 18 años encontrar un aprendizaje y llegar a los veintitantos con una posición laboral relativamente cómoda”. Su confianza también se debe a que la última crisis global afectó a bancos y empresas del país, “pero casi no tocó a los jóvenes”.

Francesca Poglia Mileti, profesora de la Universidad de Friburgo inmersa actualmente en una investigación sobre los jóvenes y el dinero, difiere ligeramente. “Ciertamente no puede decirse que Suiza esté enfrentando una gran crisis económica, pero ahora es más difícil acceder al mercado laboral que antes, sobre todo para los jóvenes que cuentan con menos formación”, precisa.

Llegar a fin de mes

Sin importar la actividad que desempeñen durante su vida adulta, la mayoría de los jóvenes suizos aprende desde temprana edad el valor del dinero y su administración.

“Desde la niñez los padres asignan a sus hijos un monto mensual y los menores deciden cómo utilizarlo. Si quieren comprar algo más caro deben pensarlo bien antes de gastar en dulces o nimiedades. Así aprenden a ahorrar. Y yo creo que es muy buena idea mostrarles cómo manejar su dinero”, dice Stefan, zuriqués de 25 años. Labora para un instituto de investigación, pero su pasión es la política. De hecho, es miembro activo de la plataforma juvenil Session des Jeunes.

Durante el primer año de aprendizaje es común que los chicos (de 16 a 17 años) reciban una remuneración mensual de entre 500 y 800 francos. Muy posiblemente, dos tercios de esos fondos cubrirán el seguro médico y otros gastos en el hogar. Una realidad que inconforma a Gerber. Sus padres –con una gran solvencia económica–, dice, “exprimen” el magro ingreso que recibe. Sin embargo, la mayoría de los jóvenes entrevistados por swissinfo.ch respalda esta práctica.

Deudas… ¡No gracias!

Según el Barómetro de la Juventud, solo el 4% de los jóvenes suizos tienen algún crédito personal vigente. En EEUU y Brasil, el dato es seis veces superior.

“Culturalmente, los suizos están acostumbrados a ahorrar. Las familias se adaptan al presupuesto que tienen. Los padres no asumen grandes deudas para pagar la educación de sus hijos, como en EEUU”, dice Lukas Golder.

Cuatro de los cinco jóvenes entrevistados por swissinfo.ch se dicen en contra de las deudas, en particular si son para adquirir un coche o aparatos tecnológicos.

Francesca Poglia reconoce que el contexto helvético no favorece las deudas como práctica de consumo, pero advierte que los jóvenes de origen extranjero incurren más en deudas porque con frecuencia tienen un menor nivel de formación y sueldos más bajos.

“Me parece perfecto que tanto los niños como los jóvenes se responsabilicen. Tienes que aprender que alguien ha ganado el dinero que gastas. Todo cuesta… la casa, la comida. Mientras eres aprendiz, no vas a dar todo lo que ganas a tus padres, pero sí una parte”, dice convencida Lisa, quien nació en Berna hace 20 años. Trabaja a tiempo parcial en una cadena de comida rápida y toma un curso para adultos con miras a pasar la Matura, la prueba de acceso a la universidad. Aún no ha encontrado la actividad que desea desempeñar durante el resto de su vida, pero ya es independiente económicamente. Comparte apartamento con dos jóvenes y sabe que para llegar a fin de mes hay que evitar los gastos superfluos.

“Me parece muy bien que los padres sean estrictos y que los hijos colaboremos con los gastos de casa”, coincide Olivia. Esta bernesa de 20 años vive con sus progenitores, pero paga su teléfono móvil, su abono de transporte y aporta al presupuesto familiar. Trabaja para los Ferrocarriles Federales Suizos y su meta es pasar la Matura para estudiar “lenguas, administración o marketing” en una escuela superior.

Olivia considera que todo joven que quiera independizarse deberá ser “organizado y no estar acostumbrado al shopping”.

Y, en general, ¿creen los jóvenes que su vida será mejor que la de sus padres? Los entrevistados están convencidos de que tienen todas las herramientas para lograrlo.

Y si no fuera el caso, siempre existe una solución. “Solo hay que ajustar los gastos; quien percibe 8.000 francos mensuales quizás tome más vacaciones o se dé más lujos que quien gana 6.000. Pero no pierde nada verdaderamente esencial. En esta vida, el dinero está lejos de ser la felicidad”, puntualiza Stefan.

swissinfo.ch

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