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140 días


Formación acelerada para hijos de solicitantes de asilo


Por Jo Fahy, Zúrich



“Bär, Bärrrrr”.  Tres niños de lengua materna árabe, sentados en el piso del aula, miran junto a la maestra la imagen de un oso. Aprenden a decir el nombre del animal en alemán. Durante un máximo de cinco meses reciben clases especiales en el Centro de Asilo de Juch, en una zona industrial de la periferia de Zúrich.

Su futuro, como el de sus padres, depende de la respuesta a la solicitud presentada bajo los nuevos criterios del procedimiento de asilo acelerado implementado en Zúrich desde enero  del 2014.  El objetivo del proyecto piloto consiste en analizar las solicitudes en un máximo de 140 días y se implementará hasta septiembre del 2015. Si el balance fuera positivo, el Gobierno podría extenderlo al nivel nacional.

El objetivo para los niños de ese centro no es solo proseguir su proceso educativo, sino también acostumbrarse a una clase suiza, para el caso en que la solicitud familiar sea aceptada y continúen con su educación en el país de acogida.

“No todos los niños han estado antes en una escuela; no todos saben escribir y algunos tienen ya seis o siete años. Deben entonces iniciar este aprendizaje” explica a swissinfo.ch Gynna Zuberbühler, una de las dos institutrices del centro, al tiempo que hojea un libro con imágenes de animales junto con los alumnos más pequeños.

Si los hijos de los solicitantes de asilo son ubicados en esas clases y no en las escuelas locales, es debido al tiempo de espera de la respuesta al trámite que es mucho más corto que el año escolar normal.

Las clases en los centros de asilo existen desde los años 1990. Pero en la actualidad son relativamente escasas.

Según la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, éstos deben gozar del acceso a la educación, sea cual fuere la fórmula escolar propuesta.  “La escolarización  de los niños puede haber sufrido perturbaciones  si han transitado la ruta del exilio durante un cierto tiempo, o si vivieron en un país en guerra como actualmente es el caso de Siria”, evalúa Hélène Soupios-David,  responsable de proyecto en el Consejo Europeo para los Refugiados y Exiliados (ECRE). 

Test para reducir tiempo de trámite de asilo

Desde enero 2014 un proyecto piloto promovido por el Gobierno intenta reducir a 140 días el proceso de análisis de las solicitudes de asilo.

Para facilitar tal proceso, los solicitantes de asilo obtienen consejos jurídicos gratuitos que les ayudan a preparar sus legajos y obtener los comprobantes y documentos requeridos.

A inicios de junio, el Gobierno presentó una evaluación de los avances realizados hasta entonces. Un número mayor de casos que los previstos pudieron ser evaluados: 669  demandantes iniciaron un procedimiento más rápido y 319 obtuvieron respuesta. El asilo fue acordado en 44 casos.

En 2013, las autoridades helvéticas recibieron  21.465 demandas, según la Oficina Federal de Migración.  En el primer semestre del año en curso se registraron 10.278 solicitudes.

Una clase propia

En el Centro de Juch los niños reciben la misma enseñanza que cualquier otro alumno que no sea de lengua materna alemana y que asiste a una escuela local, asegura Markus Truniger, jefe de la sección de Ciencias interculturales de la Educación para las Escuelas Primarias del Cantón de Zúrich. “Tienen 28 horas semanales de curso, como todos los otros alumnos”.

Los niños están felices de venir a esa escuela transitoria, afirma Gynna Zuberbühler. “Algunos aprecian la estructura regular que se les ofrece. Otros prefieren los paseos al campo organizados por la escuela. La clase se convierte en su propio espacio, no el de sus padres”.

 “No hay ninguna rutina”, completa la maestra al explicar que cada día es diferente dadas las grandes diversidades culturales que existen en la clase y su composición, que cambia frecuentemente. Los alumnos están divididos en dos grupos, según sus edades. La clase tiene un horario fijo e incluye un conjunto de actividades cotidianas, como por ejemplo, la visita a la biblioteca el viernes a la mañana.

¿Clases especiales o escuelas locales?

La cuestión sobre dónde escolarizar a los hijos de los solicitantes de asilo que pueden a permanecer en el país durante un periodo corto, suscita divergencias.

“En Suiza existe un debate en torno a la edad en que los niños deben ser incorporados al sistema escolar. Muchos especialistas estiman que la incorporación temprana es la mejor solución. Pero el proyecto piloto sigue un modelo diferente”, sostiene Claudio Bolzman, profesor de Sociología de la Universidad de Ginebra.

El especialista subraya que el hecho de no enviar a los niños a las escuelas locales está “en contradicción con la política general de integración que las autoridades quieren desarrollar para los hijos de los migrantes, en particular si tienen la posibilidad de permanecer aquí un periodo largo”.

Pero la existencia de clases separadas para aclimatar a los niños puede ser benéfica e incluso recomendable en un primer momento.  “Si un niño nunca o raramente ha asistido a una escuela, no se le puede lanzar simplemente al sistema escolar normal donde no comprenderá nada” sostiene Hélène Soupios-David.

Si se trata de prepararlos para la escuela o enseñarles el alemán, la opción de las clases separadas puede ser buena, prosigue la colaboradora del ECRE. “Pero es necesario tratar de integrarles lo antes posible en el sistema educativo nacional”.

Preparar a los maestros

Trasladarse a un nuevo país, dejando atrás la casa y los amigos, acostumbrarse a una nueva realidad es tal vez el mal menor para esos niños. “Los hijos de los solicitantes de asilo muchas veces han sufrido traumatismos, sea en sus países de origen o en la ruta hacia el exilio”, recuerda Hélène Soupios-David.

El Centro de Asilo de Juch cuenta con psicólogos para abordar esas cuestiones. Muchos de los refugiados llegan de países como Eritrea o Somalia. Han viajado durante semanas en condiciones peligrosas, han dormido en espacios superpoblados. Han debido luchar para alimentarse. Están marcados por la pobreza y los impactos de la guerra civil y de la represión”, complementa.

 “Los maestros no son terapeutas. No pueden realizar todas las funciones al mismo tiempo. No es su trabajo. Su tarea consiste en ofrecer un ambiente adaptado a los niños y darles la oportunidad de aprender”, precisa Markus Truniger.

El objetivo de la case es, en general, la enseñanza del idioma alemán y los educadores cuentan con las competencias necesarias para atender a estudiantes que no son de lengua materna alemana. “Una parte del desafío consiste en comprender las numerosas diferencias entre los idiomas de los alumnos. Respetar y reconocer las cuestiones ligadas al aprendizaje intercultural. Se trata también de desarrollar la autonomía de los educandos”, señala  Jörg Keller, jefe de la unidad de “Alemán como lengua extranjera” de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich.

Como en cursos similares en otras instituciones, no se pone ningún acento especial cuando se trata de solicitantes de asilo. Markus Truniger reconoce que podría ser una ventaja para los educadores tener una visión global de los problemas psicológicos a los que pueden confrontarse los hijos de los solicitantes, lo que permitiría trabajar mejor con ellos. “Durante la guerra en Kosovo, contamos con algunos cursos que respondían a esa necesidad. Pero ya no existen”.  


Traducido por Sergio Ferrari, swissinfo.ch

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