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El primer ministro de Rusia, Dmitri Medvédev, escucha al presidente de Rusia, Vladimir Putin, el 18 de septiembre de 2016 en la sede de su partido, Rusia Unida, en Moscú

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Con una mayoría sin precedentes en el Parlamento, el partido de Vladimir Putin, Rusia Unida, tiene vía libre para acentuar el rigor fiscal en un país con los ingresos mermados por la caída del precio del petróleo, a la espera de dolorosas reformas para después de las presidenciales de 2018.

A pesar de dos años de crisis económica, Rusia Unida terminó reforzada en las legislativas del domingo, frente a sus principales competidores comunistas y nacionalistas que dedicaron la campaña a denunciar la orientación liberal del Gobierno.

El Kremlin podrá contar con el apoyo de los diputados para el voto del proyecto de presupuesto 2017-2019. Puede así concentrarse en los difíciles arbitrajes entre administraciones, ministerios y sectores económicos.

El presidente saliente de la Duma, Erguirse Narcotina, indicó que el nuevo Parlamento, que podría reunirse a principios de octubre, deberá "ponerse a trabajar de inmediato" en el proyecto de presupuesto que le transmitirá el Gobierno.

El ejercicio es acrobático. Petróleo y gas, que proveen la mitad de los ingresos fiscales en los años fastos, cuestan dos veces menos que hace dos años y las sanciones impuestas por las potencias occidentales por la crisis en Ucrania complican la colocación de deuda.

Las necesidades son considerables para una economía que se estabiliza apenas después de un año y medio de recesión.

Putin, que llegó al poder un año después de la humillante cesación de pagos de 1998, fijó como orientación mantener el déficit por debajo de 3% del PIN.

Para alcanzar ese objetivo, el primer ministro, Dmitri Medvédev, congeló los gastos durante tres años a un poco más de 15 billones de rublos (unos 220.000 millones de dólares al cambio actual). Corregido de la inflación, esta medida constituye en realidad una reducción inédita.

- ¿Las Fuerzas Armadas afectadas? -

La prensa rusa indica que el Ministerio de Finanzas podría sacar aún más del sector petrolero y cortar a destajo en los gastos: medios públicos, programas espaciales... y sobre todo el sacrosanto presupuesto del Ministerio de Defensa, que aumentó considerablemente en diez años y financia la modernización de las fuerzas, pero también los bombardeos en Siria o el refuerzo de las capacidades rusas en el flanco occidental frente a las tropas de la OTAN.

Según el periódico Kommersant, una reunión a principios de septiembre dedicada al programa de rearme, presidida por Putin, dio lugar a vivos intercambios entre los ministros de Finanzas, Anton Siluanov, y de Defensa, Serguei Shoigu.

Lo que sucedió en la reunión es sólo un ejemplo de las peleas entre administraciones por los fondos públicos, cuando el Ministerio de Finanzas multiplica las advertencias sobre el agotamiento el año que viene de las reservas acumuladas durante los años de bonanza.

"Putin es el que zanja", resumió el economista Chris Weafer, de la consultora Macro Advisory, interrogado por AFP.

"Será reticente a cortar los gastos militares o sociales (...) pero no quiere tomar el riesgo de que Rusia aparezca en posición financiera vulnerable frente a los occidentales (...) ni perder el apoyo popular", estimó.

- Protestas locales -

Las primeras medidas de ahorro adoptadas los últimos años ya redujeron los efectivos de los servicios públicos y el poder adquisitivo de los funcionarios y jubilados, sin que afectara a la popularidad del presidente.

La popularidad del resto del Gobierno sí declinó y una serie de conflictos sociales locales estallaron en los últimos meses. Desde los transportistas se oponen a un nuevo impuesto a los pequeños agricultores del sur aplastados por las grandes explotaciones, pasando por los empleados de un subcontratista de la industria automotriz en quiebra que no recibieron la paga.

A un año y medio de la elección presidencial, el poder camina con cuidado, más aún sabiendo que las medidas económicas adoptadas de momento sólo son un anticipo de las reformas más radicales indispensables, según Putin, para evitar el estancamiento de la economía si los precios del petróleo no vuelven a subir.

En el Gobierno algunos evocan abiertamente la necesidad de liberalizar el mercado laboral, aumentar la edad de la jubilación o agregar nuevos impuestos. Putin posterga la decisión y consulta, aunque promete mantener la orientación de una liberalización.

"No pienso que se tome antes de las elecciones medidas sociales radicales", estimó Valeri Gontmakher, economista y ex viceministro de Protección Social.

"Habrá cambios: serán impopulares y controvertidos, pero son inevitables ya que el país no tiene más medios", agregó por su parte Chris Weafer.

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