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El presidente de EEUU, Donald Trump, habla con su homólogo ruso, Vladimir Putin, por teléfono, el 28 de enero de 2017, desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, en Washington

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Tres semanas después de la investidura de Donald Trump, Moscú se impacienta y le gustaría, por fin, conocer las intenciones del nuevo inquilino de la Casa Blanca, que defendió en campaña un acercamiento con el Kremlin, que todavía no se ha traducido en acciones concretas.

El misterio podría esclarecerse a partir del primer encuentro el jueves del ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Lavrov, con el secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, con motivo del G20 en Bonn (Alemania).

Hasta ahora, las cosas parecían claras para Moscú. Donald Trump era un "amigo" de Rusia, su elección abría la vía a una reanudación de las relaciones bilaterales y debía permitir, en un plazo más o menos lejano, el levantamiento de las sanciones económicas decretadas a raíz de la crisis ucraniana y el fin de lo que ya parece una 'Segunda Guerra Fría' entre Rusia y Estados Unidos, un cuarto de siglo después de la caída de la Unión Soviética.

"Lo hemos celebrado durante tres días", bromeó en diciembre el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, refiriéndose a la elección de Trump. "Toda esperanza de algo positivo [en las relaciones ruso-estadounidenses] provoca euforia", agregó.

No obstante, desde su llegada a la Casa Blanca el 20 de enero, el nuevo presidente no se ha dado prisa en apretar el botón de 'reset'. Vladimir Putin y él solo han mantenido una conversación telefónica, en la que ambos acordaron desarrollar relaciones "de igual a igual", dando "prioridad" a la lucha contra el "terrorismo".

Un trato escasamente formal, pues, y nada sobre el delicado tema de las sanciones. Peor aún, las presuntas relaciones de allegados de Trump con Rusia han causado revuelo en la administración estadounidense.

El martes, el presidente republicano se vio obligado a prescindir de su consejero de Seguridad Nacional, Michael Flynn, uno de los pilares de su campaña electoral.

Flynn fue cuestionado por el contenido de sus conversaciones telefónicas con el embajador de Rusia en Washington, Serguei Kisliak.

Además, The New York Times aseguró que el equipo de campaña de Trump había mantenido reiterados contactos con altos responsables de los servicios de inteligencia rusos antes de su elección, afirmación que el Kremlin calificó de "propaganda".

- "Devolución de Crimea" -

Sin embargo, el influyente diario liberal ruso Vedomosti mostró su preocupación el miércoles en un editorial por la dimisión de Flynn, que "podría reducir considerablemente la esperanza de ver las sanciones levantadas".

"La élite dirigente concluye [sobre la dimisión de Flynn] que no se debe esperar una rápida mejoría [...], esta quizá no tenga lugar", estimó Alexandre Baunov, del Centro Carnegie de Moscú.

Para intentar calmar la tormenta que esta dimisión ha desatado en Estados Unidos, Trump endureció en Twitter este miércoles el tono frente a Moscú: "Crimea fue TOMADA por Rusia bajo la administración Obama. ¿Fue Obama demasiado blando con Rusia?".

Por su parte, el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, aseguró que el presidente estadounidense esperaba "del Gobierno ruso una reducción de la violencia en Ucrania y la devolución de Crimea", incorporada en marzo de 2014 por Moscú tras una intervención militar y un referéndum de anexión, considerados ilegales por Kiev y los occidentales.

Si bien la portavoz de la diplomacia rusa, Maria Zajarova, respondió secamente que Rusia "no entrega sus territorios", las declaraciones de Trump y de su portavoz cayeron como un "jarro de agua fría" al presidente de la comisión de asuntos exteriores de la Duma (cámara baja del Parlamento ruso), Leonid Slutski.

"Esta reacción enfría algunas de nuestras expectativas, demasiado rápidas y exageradas, respecto a la administración Trump", declaró.

La decepción es todavía mayor, teniendo en cuenta que los diputados de la Duma aplaudieron el anuncio de la victoria de Trump, el 9 de noviembre.

Viacheslav Volodin, presidente de la Duma, pidió al presidente estadounidense que "respete sus promesas de campaña, que decían que mejoraría sus relaciones con Rusia".

El Kremlin, por su parte, prefiere no avivar el fuego. "No es necesario precipitar las cosas [...]. Tenemos que esperar a los primeros contactos", declaró Peskov a los periodistas.

Según Baunov, los responsables rusos "entienden que todo elogio a lo que haga Trump será utilizado inmediatamente contra él en Estados Unidos, y complicará el acercamiento que tanto ansían aquí".

AFP