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Mauricio Macri el 4 de diciembre de 2015 en Sao Paulo durante un encuentro con la Federación de Industriales de Brasil

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Argentina expresó el jueves confianza en la solidez de la democracia de Brasil, su principal socio comercial en la región, luego de la suspensión de su presidenta Dilma Rousseff, aunque también la considera una "oportunidad" para refundar el Mercosur.

La reacción del gobierno de centroderecha del presidente Mauricio Macri frente a la crisis brasileña le valió críticas de los frentes opositores de izquierda, que vieron en las declaraciones oficiales lo que consideran "un reconocimiento al golpe institucional" contra Rousseff.

Rousseff fue suspendida de su cargo por 180 días este jueves por decisión del Senado para someterla a un juicio político por supuesto maquillaje de las cuentas públicas.

"Ante los sucesos registrados en Brasil, el gobierno argentino manifiesta que respeta el proceso institucional que se está desarrollando y confía en que el desenlace de la situación consolide la solidez de la democracia brasileña", sostuvo el escueto texto divulgado por la cancillería.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, agregó que abogaban por "la paz y el diálogo" y admitió que Argentina "ve con mucha preocupación la situación en lo económico".

"Brasil es nuestro vecino, nuestro hermano, nuestro aliado estratégico", subrayó Peña en declaraciones a la televisión pública.

El ministro de Hacienda, Alfonso Prat-Gay, cuestionó la política económica de Brasil consultado durante un foro de empresarios sobre la crisis vecina: "Brasil va a entender que su manera de integrarse al mundo no puede ser de manera individual", indicó.

- Una crisis, una ¿oportunidad? -

La crisis económica que atraviesa Brasil le costará a Argentina un punto de su producto interno bruto, estimó Prat-Gay en un Congreso del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).

"No sólo la recesión brasileña afecta la macroeconomía pero también las economías regionales e industrias como la automotriz. Es responsable en gran medida de que la Argentina aún no esté mostrando señales de crecimiento", dijo según citas del diario La Nación.

"Hay que aprovechar esta oportunidad, para intercambiar ofertas entre Mercosur y la Unión Europea. Si logramos ese acuerdo va a tener sentido discutir un acuerdo entre Mercosur y Alianza del Pacífico", indicó al agregar que le parecía que eran "cosas en la agenda que exceden la discusión coyuntural".

El economista Dante Sica, director de la consultora ABECEB y referente del gobierno argentino, sostuvo que ahora "Argentina necesita que Brasil empiece a encausar su economía, deje de caer y comience a traccionar".

"Para Argentina, que también está en un proceso de rebalanceo de economía y cambios", dijo Sica en un comunicado, "sería importante que Brasil empiece a acompañar, no sólo en lo que hace a la mejora del tipo de cambio porque reduce la brecha de competitividad, sino también por todo lo que implica la demanda de un Brasil recuperándose para la industria local".

La relación comercial se vio fuertemente impactada en los últimos tiempos. En 2011, el intercambio comercial alcanzaba los 39.600 millones de dólares, y en 2015, se redujo a 23.083 millones, un 42% menos.

El déficit bilateral se triplicó hasta los 1.400 millones de dólares en los últimos cuatro meses.

- Repudio local -

Dos líderes de la oposición a Macri y exadversarios por la presidencia en 2015, criticaron la suspensión de Rousseff y la postura de Argentina.

El vicepresidente del Partido Justicialista, Daniel Scioli, dijo que "observa con indignación" la suspensión de Rousseff.

"Están atacando un proyecto político, económico y social representado por el PT (partido de los Trabajadores), nacido de un gran estadista como Lula. Es una injusticia. Soy un fiel defensor de la gobernabilidad e institucionalidad, sea del partido que sea", agregó Scioli, excandidato presidencial kirchnerista.

El líder de la izquierda, Nicolás del Caño, repudió "el reconocimiento y apoyo del Gobierno argentino al golpe institucional que se consuma en Brasil".

"Quieren hacerlo pasar como un proceso constitucional normal, pero el impeachment no se basa en ninguna prueba de corrupción, sino en actos administrativos del Gobierno, sin demostrar ningún delito, como presupone la propia Constitución brasileña que dicen defender", agregó.

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