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Un edificio del barrio de Karrada de Bagdad detruido por el atentado, fotografiado el 4 de julio de 2016

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Cinco condenados a muerte fueron ejecutados este lunes en Irak, al día siguiente del atentado suicida en Bagdad que dejó más de 200 muertos, informó el Ministerio de Justicia.

En un comunicado, el Ministerio anunció "la implementación de la pena de muerte contra cinco convictos (el lunes) por la mañana", sin precisar los delitos por los cuales habían sido condenados.

El Ministerio señaló que quería que las familias de las víctimas del atentado del domingo supieran que "sus hermanos en el Ministerio de Justicia siguen aplicando castigos justos a aquellos cuyas manos están manchadas con sangre de iraquíes".

El atentado en Bagdad, reivindicado por el grupo Estado Islámico, dejó al menos 213 muertos y más de 200 heridos, según el último balance, por lo que es uno de los más graves en la historia de Irak, un país castigado desde hace años por atentados contra lugares muy frecuentados, como centros comerciales, mercados o mezquitas.

El atentado del domingo puso de nuevo de relieve la incapacidad de las autoridades de instaurar medidas de seguridad eficaces.

El primer ministro, Haider Al Abadi, que el domingo visitó el lugar del ataque, prometió castigar a los responsables y anunció tres días de duelo nacional.

El atentado fue perpetrado por un kamikaze del EI que hizo estallar un coche bomba en una calle del barrio comercial de Karrada. La zona estaba llena de gente que hacía sus compras para la fiesta que marca el final del ramadán, el mes de ayuno musulmán.

Además de los fallecidos, más de 200 personas resultaron heridas, indicaron unos responsables de seguridad. El balance se agravó porque la explosión provocó incendios en edificios y comercios cercanos.

- Yihadistas bajo presión en Irak -

El atentado fue reivindicado por el EI, que indicó en un comunicado que un kamikaze iraquí atacó a los chiitas, la comunidad musulmana mayoritaria en Irak y considerada como hereje por los radicales sunitas.

El ataque también demuestra que el EI es capaz de cometer acciones devastadoras en pleno centro de Bagdad a pesar de las derrotas militares en Irak que ha sufrido en los últimos meses, con la pérdida de ciudades como Tikrit, Ramadi y sobre todo Faluya, que fue reconquistada en junio por las fuerzas iraquíes.

El primer ministro Al Abadi, criticado por ser incapaz de proteger a los civiles, anunció el domingo la modificación de medidas de seguridad, entre ellas la retirada de los detectores de explosivos considerados ineficaces.

También ordenó al Ministerio del Interior que acelere el despliegue de un dispositivo para inspeccionar vehículos en todas las entradas de Bagdad, por donde cada día pasan miles de camiones y coches particulares.

El domingo, los habitantes de Bagdad demostraron su cólera lanzando piedras al convoy de Al Abadi, que dijo comprender los "sentimientos de emoción" y de "tristeza y rabia".

"Lo juro por Dios, este Gobierno es un fracaso", afirmó una mujer que perdió su apartamento por la explosión.

"¿Si las tácticas (del EI) evolucionan. ¿Por qué el Gobierno mantiene la misma estrategia?", se planteó un hombre, que puso como ejemplo los puntos de control y los detectores de explosivos que se han mostrado ineficaces.

En el lugar del ataque, los residentes del barrio encendían velas para recordar a las víctimas, mientras otros barrían las calles llenas de cenizas, con la esperanza de encontrar a personas desaparecidas.

El atentado de Bagdad ha sido condenado por numerosos responsables extranjeros, entre ellos el enviado de la ONU en Irak, Jan Kubich, que lo calificó de "acto cobarde y odioso de proporciones sin precedente".

El ataque "no hace sino reforzar nuestra determinación de apoyar a las fuerzas de seguridad iraquíes", dijo por su parte el portavoz del Consejo Nacional de Seguridad estadounidense, Ned Price.

Estados Unidos lidera la coalición internacional que cada día lleva a cabo ataques aéreos contra posiciones del EI. Esta ofensiva ha permitido a las fuerzas iraquíes retomar parte de los territorios perdidos en 2014 y progresar hacia Mosul, la segunda ciudad del país y último gran bastión del EI.

Los yihadistas también están bajo presión en Siria, donde pierden terreno en el norte y el este, pero todavía conservan importantes territorios como la ciudad de Raqa, convertida en su "capital".

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