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Una pantalla de televisión muestra informaciones sobre el ensayo nuclear norcoreano en una estación de trenes en Seúl el 9 de septiembre de 2016

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El quinto ensayo nuclear norcoreano prueba la ineficacia de las sanciones económica tomadas contra el régimen comunista, consideran los expertos, algunos de los cuales apuestan por volver a la negociación diplomática, tal y como sugiere desde hace tiempo Pekín, principal aliado de Kim Jong-Un.

El ensayo nuclear del viernes, el más potente jamás realizado por los norcoreanos, "muestra que nuestro método ha fracasado: no hemos logrado hacer que renuncien a sus ambiciones nucleares", constata Jenny Town, redactora jefe del sitio web 38 North, especializado en Corea del Norte.

"Sin China, la batalla está perdida antes de empezar", añade.

Pekín ha mostrado su "firme oposición" al ensayo nuclear, la misma terminología empleada tras el ensayo precedente en enero.

Los chinos han llamado a resolver la crisis via conversaciones a seis - las dos Coreas, Rusia, China, Japón y Estados Unidos- un proceso que lleva atascado desde hace tiempo.

Desde su primer ensayo nuclear en 2006, Pyongyang ha soportado cinco tandas de sanciones del consejo de seguridad de la ONU. China ha apoyado estas medidas, pero las resoluciones incluyen lagunas y los expertos dudan de que China, primer socio económico de Corea del Norte, las cumpla.

Parece poco probable que China "opte por una presión mucho más fuerte" sobre Corea del Norte, observa Bonnie Glaser, especialista de Asia en el Center for Strategic and International Studies (CSIS) en Washington.

El régimen chino cree que una "colaboración diplomática" con su vecino convencería a Pyongyang de renunciar a su programa nuclear "a cambio de una ayuda económica y de un reconocimiento oficial por parte de Estados Unidos".

- Población habituada a las sanciones -

A cuatro meses del fin de su mandato, parece poco probable que el presidente estadounidense Barack Obama, que ya se encuentra en una situación comprometida en Siria, se lance a una estrategia de mano tendida con Corea del Norte.

Sobre todo dado que su aliado surcoreano, bajo la presidencia de Park Geun-hye, propugna una línea dura frente al vecino del norte.

"A menos que China decida que la situación se está volviendo demasiado peligrosa, no aumentará la presión" sobre Corea del Norte, pronostica John Carlson, del instituto Lowy en Sydney.

"La única manera de modificar el comportamiento de Corea del Norte es cooperar con ella para ver si es posible persuadirla a congelar su programa nuclear y su programa de misiles", afirma.

La política de la "zanahoria" ya fue probada en 2007, cuando después del primer ensayo nuclear y el lanzamiento de misiles el año anterior, Pyongyang decidió prestarse a iniciar el desmantelamiento de su programa nuclear y de recibir a inspectores de la Agencia Internacional de la Energía (AIEA) a cambio de un millón de toneladas de carburante y de su retirada de la lista de estados calificados como terroristas por Washington.

Pero las negociaciones a seis tropezaron al año siguiente con las modalidades de inspección de las instalaciones atómicas nucleares. En 2009, Corea del Norte realizó su segundo ensayo nuclear ignorando las sanciones internacionales.

"Corea del Norte supo aislarse de las intrusiones del resto del mundo y su población se habituó a las sanciones", opina Adam Cathcart, especialista en relaciones sino-norcoreanas de la Universidad de Leeds.

A pesar de los ensayos nucleares, los vínculos entre Pekín y Pyongyang siguen siendo relativamente estrechos, incluso si Kim Yong Un aún no ha viajado a China desde su llegada al poder en 2011.

El ministro norcoreano de Relaciones Exteriores, Ri Su Yong, fue recibido el pasado mayo por el presidente Xi Jingping. Ambos países se acercaron por un proyecto de defensa antimisiles que Estados Unidos proyecta instalar en Corea del Sur.

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