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La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, abraza a una mujer indígena en la ceremonia de apertura de una conferencia sobre mujeres en Brasilia, el 10 de mayo de 2016

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Dilma Rousseff se sienta nuevamente en el banco de los acusados 46 años después de ser condenada por la dictadura brasileña. Ni el tiempo ni las circunstancias lograron borrar la mirada desafiante con la que ahora deberá librar su última batalla, casi perdida, por el poder.

La primera presidenta de Brasil, en el poder desde 2011, no derramó aún una sola lágrima en público en medio de este tsunami político que está barriendo con 13 años de gobierno de izquierda del Partido de los Trabajadores (PT) y que la ha dejado cada vez más aislada.

El Senado decide este miércoles si le inicia un juicio político por utilizar préstamos de bancos estatales para ocultar déficit presupuestarios en 2014, año de su reelección, y 2015.

La presidenta -que a diferencia de la mayoría de sus aliados, nunca fue acusada de corrupción- defendió las medidas fiscales de su gobierno como una práctica común en Brasil.

Durante el desarrollo del proceso, que llevará un máximo de 180 días, Rousseff, de 68 años, será apartada del cargo y su puesto lo tomará temporalmente Michel Temer, su compañero de fórmula en dos elecciones y ahora convertido en un "traidor" y "conspirador".

"Voy a luchar [contra la destitución] con todas mis fuerzas, usando todos los medios disponibles, medios legales, medios de lucha", aseguró el martes Rousseff, durante una conferencia sobre políticas para mujeres.

"No estoy cansada de luchar. Estoy cansada de los desleales y de los traidores", lanzó Rousseff, quien ha repetido una y mil veces: el 'impeachment' es un golpe y por eso no renunciará.

- "Accidente presidencial" -

Desde sus tiempos de ministra, se ganó una reputación de tecnócrata firme y severa.

Es que como bien se sabe en Brasilia, Rousseff manda, no negocia. Y en el poder, Rousseff, calificada como la "dama de hierro" brasileña, quemó los puentes que ocho años antes construyó su antecesor y mentor Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010).

Sus simpatizantes afirman que esa actitud es de determinación, sus críticos, de arrogancia.

Si es apartada del poder, verá por televisión como Temer inaugurará en agosto los Juegos Olímpicos de Río que Lula conquistó en 2009.

Qué lejos parece ese Brasil de hace siete años, qué distante ese país de 2011 cuando recibió de su padrino político la banda presidencial, heredando su abrumadora popularidad y un país económica y políticamente estable.

Ambos lograron ubicar a Brasil entre las economías emergentes más importantes del globo y se convirtieron en un modelo de cómo reducir la pobreza extrema.

Hoy, la aprobación de la presidenta está en mínimos históricos y el país atraviesa la peor recesión en décadas. La crisis está agravada por el megaescándalo de corrupción en la estatal Petrobras, por el que fueron arrestados varios políticos de su partido, y que tiene al propio Lula en la mira.

Analistas coinciden en que su elección en 2010 es un clásico "accidente presidencial", ya que nunca antes había sido elegida para ningún cargo y su candidatura fue impuesta por Lula.

- "Papisa de la subversión" -

Rousseff nació el 14 de diciembre de 1947 en Belo Horizonte (sureste), en una familia de clase media formada por un inmigrante búlgaro y una maestra de escuela.

Marxista, entró en la resistencia contra la dictadura militar (1964-85), que la torturó y en 1970, con 22 años, la condenó a prisión por pertenecer a un grupo armado clandestino, responsable de asesinatos en robos bancarios.

Una foto la muestra a la joven Rousseff frente al tribunal militar, con esa mirada desafiante.

Su participación en la lucha armada está envuelta en una nebulosa, pero la mayoría de los informes coinciden en que tuvo una labor de apoyo y no estuvo involucrada directamente en operaciones comando.

Con todo, el juez que la condenó la llamó "papisa de la subversión" y en esos casi tres años que pasó en prisión fue torturada, según reveló el periodista Ricardo Amaral en una biografía de la mandataria, donde apareció la fotografía inédita de Dilma ante los jueces militares.

Dos veces separada, la mandataria tiene una hija, Paula, de su matrimonio de 30 años con su segundo esposo, el también exguerrillero de izquierda Carlos de Araujo, y dos nietos con los que exhibe su lado más tierno.

Rousseff tampoco escapó a la obsesión nacional por las cirugías plásticas: se blanqueó los dientes, se trató las arrugas, y más recientemente hizo una dieta con la que perdió más de 15 kilos.

Pero la pesadilla de su segundo mandato, sin embargo, se refleja ahora en un rostro ojeroso. "Duermo bien, no tomo somníferos", aseguró recientemente la mandataria.

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