Dos años después de los acuerdos de Minsk, la guerra aún late en Ucrania


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El ataúd de Mijaíl Tolstyj, comandante en la autodeclarada República del Pueblo de Donetsk, en su funeral en esta ciudad del este de Ucrania, el 10 de febrero de 2017. Miles de ucranianos despidieron al jefe militar, muerto en un ataque con cohete

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Dos años después de los acuerdos de paz de Minsk, negociados bajo los auspicios de París y Berlín en febrero de 2015, la guerra sigue presente en el este de Ucrania, donde los combates nunca se han detenido del todo y han dejado más de 5.000 muertos suplementarios.

Con la firma de los acuerdos en la capital bielorrusa, Kiev, Moscú y las autoridades separatistas consensuaron el fin de los combates y una compleja hoja de ruta política que debía conducir a la paz.

Aunque ese pacto cerró la posibilidad de una guerra abierta en el este de Ucrania, no eliminó del todo los enfrentamientos ni permitió el restablecimiento de la confianza entre Kiev y las autoridades rebeldes.

Cerca de 10.000 personas han muerto desde el inicio del conflicto en abril de 2014 y ciertas industrias cruciales para la economía ucraniana, especialmente las minas de carbón e importantes complejos siderúrgicos, se encuentran en las regiones controladas por las repúblicas autoproclamadas de Lugansk y Donetsk.

Las sanciones de la Unión Europea contra Rusia siguen en vigor pese a las reservas mostradas por un número creciente de países, que lamentan el impacto sobre sus economías de las medidas tomadas por Moscú en represalia.

Los acuerdos de Minsk II, ¿tuvieron en algún momento la menor posibilidad de éxito? "Es culpa de todo el mundo, no hay voluntad política de ponerlos en marcha", asegura a AFP un diplomático europeo en Kiev.

Los países europeos siguen convencidos de que Rusia desencadenó y alentó el conflicto, pero consideran que Kiev también es responsable por no haber mostrado nunca intención de dar autonomía a las regiones rebeldes, un aspecto clave de los acuerdos.

- Un plan de 13 puntos -

Los acuerdos, resultado de 18 horas de negociaciones entre Vladimir Putin y Petro Poroshenko bajo el patronazgo de François Hollande y Angela Merkel, consisten en un plan de 13 puntos.

El documento, supervisado por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), llamaba a un "cese el fuego inmediato y total", así como a la rápida retirada del armamento pesado de la línea de frente por parte de ambos bandos.

El texto concedía a Kiev la recuperación del control de su frontera con Rusia, pero permitía cambios constitucionales que garantizaban a las regiones separatistas un "estatuto especial" y la instauración de un "gobierno provisional" en el este.

La fecha límite para la implantación de los trece puntos era finales de 2015, pero nadie ha respetado las condiciones impuestas y los acuerdos de Minsk han sido prolongados una y otra vez.

En Kiev, los partidos políticos nacionalistas y populistas que dominan el parlamento se han negado repetidamente a dar poderes a las autoridades separatistas, temiendo que ese movimiento suponga de facto la cesión de los territorios a Moscú.

Las autoridades rebeldes jamás han organizado elecciones conformes a la legislación ucraniana y supervisadas por la OSCE, pese a haberse comprometido a ello. Y una larga porción de la frontera ruso-ucraniana sigue fuera del control de Kiev, permitiendo el tráfico de armas y combatientes provenientes de Rusia.

- Postura estadounidense -

Pese al incumplimiento de los compromisos, los acuerdos de Minsk han permitido algunos avances, entre ellos, el más relevante, limitar la escala e intensidad de los combates, circunscritos en la actualidad a ciertos puntos calientes como la ciudad de Avdiivka, donde varias decenas de personas han muerto en las últimas semanas.

Las autoridades ucranianas temen un eventual levantamiento de las sanciones occidentales contra Rusia, temor amplificado por la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, que ha mostrado su interés en mejorar las relaciones entre Washington y Moscú.

Kiev siente frustración asimismo por la negativa de los poderes europeos a suministrar armamento moderno y letal al ejército ucraniano, por miedo a que la entrega de armas incite a Putin a implicarse aún más en el conflicto.

"Creo que la administración estadounidense aún está reflexionando sobre su estrategia con Rusia", afirmó el ministro alemán de Relaciones Exteriores, Sigmar Gabriel, mostrando su esperanza de que la decisión final no vaya en detrimento de Ucrania o de Europa.

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