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El secretario de Defensa estadounidense, Ash Carter, habla durante una ceremonia en memoria del 15º aniversario de los atentados del 11S, el 11 de septiembre de 2016 en Washington

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EEUU afirmó este martes que no había recibido ninguna demanda oficial por parte del presidente filipino de retirar a los consejeros militares que mantiene en el sur del archipiélago, para apoyar al Ejército en su lucha contra la insurgencia islamista.

El dirigente filipino, Rodrigo Duterte, había anunciado horas antes que había ordenado la retirada de las fuerzas estadounidenses. Su ministro de Exteriores, Perfecto Yasay, se esforzó este martes en desactivar ese principio de nueva polémica entre los dos aliados, dando a entender que el jefe de Estado solo tenía en mente preservar la seguridad de los estadounidenses.

En Washington, el Pentágono declaró que estaba al corriente del anuncio del presidente Duterte sobre los asesores estadounidenses pero no había sido contactado sobre este tema por las autoridades filipinas.

"Seguiremos manteniendo consultas con nuestros socios filipinos para adaptar de manera apropiada nuestra asistencia al enfoque adoptado" por las autoridades de Manila, "sea el que sea", declaró Gary Ross, portavoz del Pentágono.

Yasay, que cifró en un centenar el número de consejeros desplegados, confirmó a la cadena filipina ABS-CBN que los aliados aún no habían discutido la demanda de Duterte.

En una reunión de funcionarios gubernamentales en Davao, la mayor ciudad de la parte meridional de Filipinas, el presidente filipino había afirmado que el alineamiento de su país con Occidente es la causa de la insurrección musulmana persistente en el sur.

Filipinas, cuyo ejército es de los más débiles de Asia, es un aliado militar histórico de Washington en la región. El apoyo de Washington es aún más importante, porque Manila y varias capitales regionales mantienen un contencioso territorial con Pekín en el mar de China meridional.

El presidente filipino afirmó el lunes que no fue Obama quien se negó a verse con él justo antes de la reunión de la ASEAN después del insulto, sino que fue él quien se negó a estar con Obama.

"De forma deliberada no participé en las discusiones bilaterales (con) el presidente de Estados Unidos", declaró Duterte ante policías y militares. Los dos hombres conversaron brevemente al final, al margen de la cumbre de la ASEAN en Vientián.

El anuncio de Duterte se producía una semana después de que llamara a su homólogo estadounidense, Barack Obama, "hijo de puta" la víspera de una cumbre de países del Sudeste asiático (ASEAN), por las observaciones que Obama podría hacerle sobre derechos humanos y por las métodos empleados en la lucha contra el narcotráfico (unas 3.000 personas han muerto en dos meses a manos de la policía o de justicieros civiles).

Al frente de su país desde finales de junio después de salir elegido en mayo, Duterte ha relanzado los esfuerzos destinados a lograr unos acuerdos de paz con las rebeliones comunista y musulmana, para acabar con décadas de violencia que ha dejado más de 150.000 muertos.

El portavoz del presidente, Ernesto Abella, declaró que su anuncio del lunes "refleja una nueva orientación hacia una política extranjera independiente".

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