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El aeropuerto de Bruselas, en Zaventem, Bélgica, fotografiado el 1 de mayo de 2016

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El aeropuerto de Bruselas, golpeado por unos atentados suicidas el 22 de marzo, no disponía de plan de crisis en caso de ataque terrorista y la comunicación entre servicios de socorro fue "un fracaso global", según una investigación revelada este jueves.

La comisión de investigación parlamentaria belga critica duramente la gestión de la situación y la comunicación entre servicios de socorro en las primeras horas posteriores a los atentados, en un informe aún confidencial pero publicado por la radiotelevisión pública RTBF.

Los atentados, reivindicados por el grupo yihadista Estado Islámico, causaron 32 muertos en el aeropuerto y en el metro de Bruselas.

"El 22 de marzo asistimos a un fracaso global de la comunicación", escriben los autores del informe de la comisión de investigación. Y ponen a modo de ejemplo la red de radio Astrid, de la policía y los servicios de socorro, saturada hasta el punto de que el 23% de los 34.000 intentos de llamada se vieron frustrados.

El informe preconiza también revisar en profundidad el funcionamiento del centro de crisis y lamenta la congestión de la red de telefonía móvil, "totalmente saturada".

"En la práctica, los servicios de socorro tuvieron que recurrir en muchos casos a soluciones creativas", añade el informe. Según la prensa, los bomberos y los conductores de ambulancias se vieron obligados a comunicar por Whatsapp.

Además, y al contrario que en la red de metro, "los planes específicos del aeropuerto fueron concebidos sobre todo para afrontar una catástrofe" como un avión que se estrella, lo que "desde un punto de vista estadístico es el riesgo principal", detalla la comisión.

"Esos planes no incluyen un capítulo específico dedicado al terrorismo", y dicho aspecto tampoco estaba previsto en los ejercicios del personal de socorro del aeropuerto de Zaventem, lamenta.

El informe insiste en que el plan de gestión de crisis del aeropuerto sea "actualizado de forma urgente", para incluir la posibilidad de catástrofes no aéreas en las zonas accesibles al público.

"También ha quedado de manifiesto, durante el atentado, que solo había en el aeropuerto un perro especializado en la búsqueda de bombas y explosivos", apunta la comisión, recordando que una tercera bomba colocada en la sala de salidas no llegó a estallar.

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