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Homenaje el 7 de julio de 2016 a las víctimas del atentado del pasado 3 de julio en Bagdad que dejó 300 muertes

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Cerca de 300 personas fallecieron el domingo en Bagdad en un atentado suicida reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico (EI), según el último balance anunciado el jueves, uno de los ataques más sangrientos jamás cometidos en Irak.

El atentado con vehículo bomba dejó al menos 292 muertos y cerca de 200 heridos, indicó la ministra de Sanidad Adila Hammoud en un comunicado, revisando al alza una vez más el balance anterior, de 250 fallecidos.

Según el comunicado, hasta ahora han sido identificados y entregados a sus familias 115 cuerpos. Las autoridades siguen con las tareas de identificación de otras 177 personas muertas en el atentado ocurrido en Karrada, un barrio de mayoría chiita de la capital iraquí.

La zona estaba llena de gente que hacía sus compras para la fiesta que marca el final del ramadán, el mes de ayuno musulmán.

El minibús que el kamikaze hizo estallar estaba cargado con explosivos plásticos y nitrato de amonio, indicó el general de la policía Taleb Khalil Rahi en una rueda de prensa en Bagdad. Esta es la primera vez que las autoridades informan del tipo de bomba empleado en un ataque.

La explosión mató a un número limitado de personas, pero las llamas provocadas por la deflagración se propagaron y atraparon a quienes se encontraban en las tiendas de los alrededores, explicó el responsable policial.

Muchas de las víctimas murieron quemadas, lo que está dificultando las tareas de identificación, mientras el balance mortal sigue agravándose desde el domingo.

Ante la cólera de las familias que exigen información sobre sus seres queridos, la ministra aseguró que había ordenado al personal médico que no detuviese el trabajo de identificación incluso durante la fiesta de Eid al Fitr, que se celebra desde el miércoles. También urgió a los parientes de las víctimas a acudir al departamento de Medicina legal para dar sus muestras de ADN.

El atentado ha reavivado la ira de los iraquíes ante la incapacidad gubernamental para proteger a su población civil.

"Este gobierno corrupto llegó al poder gracias a nosotros (...) Los ciudadanos deben tumbarlo sea como sea", aseguró Alí al Yassiri, procedente de la ciudad santa de Kerbala y presente en una de las vigilias en la Bagdad.

El ministro iraquí del Interior, Mohammed Al Ghabban, que admitió fallos en las medidas de seguridad, dimitió dos días después de un atentado.

El EI ha reivindicado este ataque, uno de los más sangrientos de la historia del país, mostrando que aún es capaz de cometer acciones devastadoras en pleno centro de Bagdad a pesar de las derrotas militares sufridas en Irak en los últimos meses, con la pérdida de ciudades como Tikrit, Ramadi y Faluya, reconquistada en junio por las fuerzas iraquíes.

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