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Combinación de fotografías que muestra a la canciller alemana, Angela Merkel, el 29 de junio de 2016 en Bruselas, y a la primera ministra británica, Theresa May, el 12 de julio del mismo año en Londres

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La británica Theresa May y la alemana Angela Merkel tienen mucho en común, como sus orígenes y su temperamento, pero de poco les servirá en las negociaciones sobre el Brexit.

"¿Cuánto hay de Merkel en la Señora Brexit?", se preguntaba esta semana el diario más leído de Alemania, Bild.

Tanto en Alemania como en el Reino Unido, las comparaciones entre estas dos mujeres de la misma generación hacen correr ríos de tinta desde que se supo que May sustituiría a David Cameron al frente del Gobierno.

"Las dos son hijas de reverendos, son de personalidad seria, no son conocidas por su sentido del humor y se las respeta por ello", afirma el exministro británico de Relaciones Exteriores, Malcom Rifkind, en el diario alemán Handelsblatt.

Ninguna de las dos tiene hijos, han recibido una educación cristiana y están casadas con hombres relegados a un segundo plano en la vida pública. Además ambas cargan con el apodo de nueva 'dama de hierro', que se ganó Margaret Thatcher con su intransigencia a la hora de negociar.

- De sangre fría -

Poco se sabe de sus actividades de ocio, aparte de su afición por la cocina y los paseos por el monte. Un perfil sin estridencias. La única extravagancia conocida es la colección de zapatos de la británica y los vestidos coloridos de la alemana para la apertura del festival de Bayreuth.

En política, las dos son discretas y poco carismáticas, dan una imagen de animal político de sangre fría, sobre todo cuando se trata de eliminar a sus rivales. "Al igual que la canciller alemana, Theresa May es ambiciosa pero no vanidosa ni ideóloga", concluye el diario Die Welt. Un cóctel que le ha dado resultado a Merkel, con casi 11 años en el poder. ¿Se lo dará a May?

Esta última siente cierta admiración por Merkel. "Todavía hay gente que no la aprecia, que es despreciativa, quizá por su aspecto o la forma en la que se viste" pero "lo que cuenta es lo que ha conseguido hacer", declaró en 2012 al Daily Telegraph.

"Además de estar rodeada de hombres inmaduros que se hacen el harakiri públicamente, comparte con Merkel su prudencia, esa impresión de que está esperando su hora", estima Constanze Stelzenmüller, analista de la Brookings Institution.

Todo apunta a que la afinidad intelectual entre las dos mujeres será poco útil en la negociación sobre la salida del Reino Unido de la UE.

El debate sobre si el Reino Unido seguirá teniendo acceso al mercado único europeo de bienes y servicios se anuncia arduo debido a la intención de May de restringir la entrada de ciudadanos de la UE en su país. "Esto no puede seguir como en la actualidad", espetó. También discrepan sobre la crisis migratoria.

- Libre circulación -

Merkel, por su parte, defenderá "el principio de la libre circulación de las personas; en su opinión el mercado único sólo puede funcionar en su integralidad", recalca Daniela Schwarzer, del German Marshall Fund. Porque en caso contrario otros países europeos harían cola para pedir el mismo trato que Londres.

"Arriesgarse a dar mal ejemplo y liberar las fuerzas centrífugas en Europa" está más allá de lo aceptable para Merkel, afirma Constanze Stelzenmueller.

Con todo, Merkel será probablemente la interlocutora más fácil para May en la mesa de negociaciones.

La canciller parece más favorable que otros a darle tiempo a la nueva primera ministra británica. Y su mano derecha, Peter Altmaier, parece no haber perdido la esperanza de que Londres dé marcha atrás sobre el Brexit.

Y es que los intereses económicos alemanes marcan el paso. "Alemania tiene mucho interés en que el Reino Unido siga cerca de la Unión Europea", subraya Daniela Schwarzer.

Reino Unido absorbe el 8% de las exportaciones alemanas y acoge muchas fábricas de grupos alemanes. Y los dos países coinciden en "temas de política económica como el libre comercio", añade.

El semanario Der Spiegel lo tiene claro: más allá de la firmeza esgrimida, "en realidad la canciller quiere tratar a los británicos con la mayor deferencia posible".

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