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Sharmila Mackwan, una madre portadora india, de 31 años, embarazada de gemelos el 1 de septiembre de 2016 en el hospital de Akanksha, en la localidad de Anand, a unos 80 km de Ahmedabad

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Sharmila Mackwan está embarazada de gemelos que no son suyos. Cuando dé a luz, esta joven viuda india no se quedará con los bebés pero sí recibirá unos 6.000 dólares, aunque India pondrá fin próximamente a este negocio de las madres de alquiler.

En el albergue de un hospital del Estado de Gujarat (oeste), unas 60 madres de alquiler remuneradas esperan, como Sharmila, a que pasen los nueve meses hasta el día de dar a luz.

"La gestación subrogada debería ser mantenida, si no yo no habría tenido nunca la posibilidad de ahorrar tanto dinero, incluso trabajando toda mi vida", asegura esta mujer, de 31 años.

Tras haber autorizado esta práctica en 2002, India se convirtió rápidamente en el país líder de gestación subrogada. Miles de parejas extranjeras han acudido a India, atraídas por la calidad de los servicios médicos de las clínicas especializadas, por la cantidad de voluntarias y por los precios muy inferiores a los practicados en Occidente.

Sin embargo, el Gobierno nacionalista indio quiere poner fin a esta práctica en nombre de la protección de la mujer. India aprobó recientemente un proyecto de ley que prohíbe pagar a una mujer portadora y sólo permite la gestación subrogada para las parejas indias casadas. El texto aún debe pasar por el Parlamento.

Sharmila Mackwan, embarazada de cuatro meses, forma parte de las 2.000 mujeres indias que "alquilan" cada año su vientre. Quizás lo hagan ahora por última vez.

Con las 400.000 rupias (unos 6.000 dólares) que recibirá como compensación, Sharmila quiere enviar a la escuela a sus dos hijos de 9 y 12 años, y construirse una pequeña casa.

Sin embargo, teme el estigma social que rodea a las madres de alquiler, pues la gestación subrogada es mal comprendida. Sharmila teme ser acusada de haber tenido relaciones sexuales con un hombre.

Para evitarlo, esta mujer -viuda desde hace nueve años- confió, muy a su pesar, a sus dos hijos a un hospicio para que no supieran nada de su embarazo.

"Mi borracho marido se mató poco después de que naciera mi segundo hijo. Mi familia política me expulsó y yo no tenía a nadie a quien acudir", afirma.

- Salir de la pobreza -

El comercio de las madres de alquiler ha generado un intenso debate ético en India sobre el derecho de las mujeres a poner su cuerpo a disposición de parejas sin hijos.

Esta actividad genera, según diferentes estimaciones, entre 450 y 2.000 millones de euros por año.

El país ha restringido progresivamente el acceso a la gestación subrogada, excluyendo primero en 2012 a las parejas homosexuales y a los solteros. Después, el pasado mes de noviembre, el Ejecutivo pidió a las clínicas que no aceptaran más a clientes extranjeros, una disposición que ahora será objeto de ley.

Los expertos en salud pública estiman que semejante ley pondrá fin a un sistema que, según ellos, explota a las mujeres pobres y a menudo analfabetas, sin preocuparse por su salud o bienestar. Algunas mujeres pueden incluso ser obligadas por sus proxenetas o maridos a convertirse en madres de alquiler, alegan.

Pero quienes se oponen a la prohibición de este comercio temen que la medida transforme este dispositivo en un mercado negro imposible de controlar.

Una madre de alquiler "no hace nada inmoral. No rompe una familia y cuando realiza tan noble gesto ¿quiénes somos nosotros para acusarla y decirle que está vendiendo su útero?", afirma Nayana Patel, especialista en infertilidad, que ha ayudado a dar a luz a más de un millar de bebés producto de la gestación subrogada.

Patel insiste: para las mujeres sin recursos, un embarazo remunerado es la "oportunidad de toda una vida" para sacarlas de la pobreza.

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