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Un hombre llena una cesta con flores del árbol ylang ylang en Morori, islas Comoras, el 24 de febrero de 2015

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La vainilla tiene un gusto amargo para los compradores. Su precio se ha triplicado en dos años y la calidad ha bajado, afirman los expertos, que culpan de ello a una cosecha decepcionante en Madagascar, la especulación y el blanqueo de dinero.

Madagascar, una isla pobre del océano Índico situada frente a Mozambique, suministra más del 80% de la producción mundial. En 2014, el kilo de vainilla de Madagascar costaba unos 60 dólares pero en 2015 pasó a 135 y actualmente vale 220 dólares.

La vainilla es tan cara que en algunos supermercados de la capital, Antananarivo, las vainas ya no se encuentran en los estantes de las especias, sino cerca de las cajas, para disuadir a los ladrones.

"La cosecha malgache de 2015 no ha sido excelente: alrededor de 1.200 toneladas, contra 1.800 el año anterior", explica Emmanuel Née, director del departamento de ingredientes de Touton, un negociante francés que se dedica sobre todo a la vainilla.

"Pero esto no justifica un aumento de los precios como el de este año", añade. "Los operadores están especulando mucho" y el mercado es irracional, denuncia Née.

"Hay grandes operadores que disponen de reservas importantes y pujan", abunda Dominique Rakotoson, al frente de una empresa familiar de recogida de vainilla en Sambava (nordeste) y uno de los pocos del sector dispuesto a hacer declaraciones.

Debido a la subida de los precios, "algunos compradores en el extranjero han tenido que anular o reducir los pedidos", se queja. La mitad de la vainilla local se exporta a Europa y un tercio a Estados Unidos.

Algunos empresarios del sector agroalimentario se plantean recurrir a la vainilla sintética, más barata, afirma Emmanuel Née.

Además la calidad de esta especia se ha deteriorado: los productores la recogen cuando todavía no está madura para aprovechar la subida de los precios y para prevenir robos en las plantaciones.

- Blanqueo de dinero -

El envasado al vacío, cuando aún está empapada de agua, "interrumpe el proceso de secado, lo que deteriora la calidad", reconoce Landry Njaka, secretario de la Plataforma Nacional de la Vainilla, un organismo privado que reagrupa al sector.

El complejo proceso de preparación de la vainilla - escaldado, deshidratación, secado al sol y a la sombra- se hace apresuradamente. "Los preparadores se ven obligados a repetirlo" antes de exportar las vainas, lo que contribuye a la subida del precio, detalla Née.

Para luchar contra la producción de la vainilla de mala calidad, el gobierno ha multiplicado las medidas, como la prohibición del envasado al vacío.

En una muestra de firmeza, el gobierno quemó en marzo 500 kilos de vainilla no madura, informó la directora de comercio exterior Sylvia Pages.

Las autoridades también anunciaron brigadas especiales encargadas de prevenir robos o la recogida temprana de vainilla.

Emmanuel Née duda sin embargo de la eficacia de estas medidas.

Existe otro factor que explica que los precios se hayan disparado: el comercio de la vainilla sirve para blanquear dinero del tráfico ilegal de palo de rosa, una madera muy apreciada por los chinos para la fabricación de muebles y de instrumentos musicales, afirman varias fuentes a la AFP.

La vainilla y el palo de rosa crecen en la misma región, el nordeste de Madagascar. El dinero ilícito del tráfico de madera se "reinvierte" en el comercio legal de vainilla, lo que alimenta la especulación con esta especia. Los especuladores se hallan "en los bastiones del palo de rosa", explica Dominique Rakotoson.

A medio plazo, Madagascar podría convertirse en víctima del aumento de los precios. Debido a su rentabilidad actual, varios países como Vietnam, India e Indonesia se interesan de nuevo por la producción de vainilla.

Hay que contar unos cinco años para la primera cosecha, pero la competencia asestaría un golpe a Madagascar, donde 200.000 personas trabajan directamente en el sector, que generó 192 millones de dólares en exportaciones en 2015.

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