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El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, pronuncia un discurso en el palacio de Malacanang, en Manila, el 12 de septiembre de 2016

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El presidente filipino, Rodrigo Duterte, anunció el lunes que ordenó que abandonen el sur del país todos los asesores de las fuerzas especiales estadounidenses que asisten a las tropas que combaten a los insurgentes independentistas musulmanas en la zona.

En una reunión de funcionarios gubernamentales en Davao, la mayor ciudad de la parte meridional de Filipinas, Duterte, que no precisó ni cuándo ni cuántos militares estadounidenses deberían partir, afirmó que el alineamiento de su país con Occidente es la causa de la insurrección musulmana persistente en el sur.

Los musulmanes "se volverán todavía más agitados. Si ven a un estadounidense, lo matarán", agregó.

La Embajada de Estados Unidos no pudo ser contactada por el momento para comentar estar declaración de Duterte.

En Washington, el Pentágono declaró que estaba al corriente del anuncio del presidente Duterte sobre los asesores estadounidenses, pero no había sido contactado sobre este tema por las autoridades filipinas.

"Seguiremos teniendo consultas con nuestros socios filipinos para adaptar de manera apropiada nuestra asistencia al enfoque adoptado" por las autoridades de Manila "sea el que sea", declaró Gary Ross, portavoz del Pentágono.

El anuncio de Duterte se produce una semana después de que tratara a su homólogo estadounidense, Barack Obama, de "hijo de puta" en la víspera de una cumbre de países del Sudeste asiático, por las observaciones que Obama podría hacerle sobre los derechos humanos y sobre todo por las métodos empleados en la lucha contra el narcotráfico (unas 3.000 personas han muerto en dos meses a manos de la policía o de justicieros civiles).

El presidente filipino afirmó el lunes que no fue Obama quien se negó a verse con él justo antes de la reunión de la ASEAN después del insulto, sino que fue él quien se negó a estar con Obama.

"De forma deliberada, no participé en las discusiones bilaterales (con) el presidente de Estados Unidos", declaró Duterte ante policías y militares.

Los dos hombres se hablaron al final brevemente al margen de la cumbre de la ASEAN en Vientiane.

Al frente de su país desde finales de junio después de salir elegido en mayo, Duterte ha relanzado los esfuerzos destinados a lograr unos acuerdos de paz con las rebeliones comunista y musulmana, para acabar con décadas de violencia, que ha dejado más de 150.000 muertos.

En agosto, retomó las conversaciones de paz con la organización separatista musulmana más importante, el Frente Moro Islámico de Liberación, que como otros grupos rebeldes lucha desde los años setenta por la independencia de las regiones con mayoría musulmana.

Los asesores militares estadounidenses presentes en la región entrenan a las fuerzas filipinas pero sin derecho a participar en los enfrentamientos, salvo en situación de autodefensa.

Antes, de 500 a 600 militares estadounidenses estaban desplegados en la isla sureña de Mindanao, pero en 2014 el ministro filipino de Defensa del momento, Voltaire Gazmin, anunció que se reducirían a 200.

Durante su discurso, Duterte mostró fotos y citó relatos que señalaban a musulmanes muertos a manos de las fuerzas estadounidenses a principios del siglo XX (Filipinas fue colonia de Estados Unidos hasta 1946).

El portavoz del presidente, Ernesto Abella, declaró que su anuncio del lunes "refleja una nueva orientación hacia una política extranjera independiente".

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