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Unos pilotos se diponen a emprender una misión el 6 de julio de 2016 en el portaviones estadounidense 'USS Dwight D. Eisenhower', que navega en el mar Mediterráneo

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Los aviones de combate rumbo a Irak y Siria despegan día y noche desde el inmenso portaviones estadounidense 'Eisenhower', pero para las 5.000 personas que trabajan sin descanso en sus entrañas, no hay tiempo para pensar en la ofensiva contra los yihadistas del Estado Islámico (EI).

El 'Eisenhower' es una pequeña ciudad que nunca duerme, siempre a punto para su tarea a la vez minuciosa y altamente tecnológica.

Las casi 5.000 personas que se encuentran a bordo, entre ellas unas 1.000 mujeres, son en su mayoría jóvenes (20 años de media) y tienen cada una de ellas tareas muy específicas para asegurarse de que los 200 pilotos a bordo puedan cumplir con éxito sus misiones.

El portaviones cuenta con numerosos especialistas en el mantenimiento de los aviones, la preparación de las bombas o la gestión de los dos reactores nucleares que hacen avanzar el gigantesco buque.

Pero en los interminables pasillos, impregnados del olor del sudor y del carburante, también trabajan jóvenes marineros en tareas que no están directamente relacionadas con la acción militar.

Son los encargados de las inmensas cocinas, de la planta desaladora, de la peluquería, el dentista, el periódico local, la prisión o la capilla, donde se celebran misas pero también la fiesta musulmana del Eid Al Fitr.

Durante un periodo de al menos siete meses, viven y trabajan juntos toda la semana, con muy poco tiempo libre y sin apenas ver la luz del sol. Comparten grandes habitaciones comunes donde sólo unas pequeñas cortinas azules delimitan un mínimo espacio de intimidad.

Andrew García, de 26 años, que se alistó en la marina para viajar y poder formarse, es el radiólogo de abordo. Cada día examina las posibles fracturas, como las manos rotas por las pesadas puertas o las víctimas de caídas en alguna de las estrechas escaleras del barco.

Cuando le preguntan si tiene la impresión de estar luchando contra el EI, responde: "Sólo estoy aquí para proporcionar la ayuda necesaria a bordo".

- Esperando las ensaladas -

En la cabina donde se tratan los residuos, Jamalli Hill, un suboficial de 36 años, no para de sudar. En 2004, se alistó por un periodo de 20 años con el objetivo de acumular experiencia y poner en marcha algún día una empresa de climatización.

Pero, mientras tanto, junto a sus 16 subordinados que trabajan en turnos de ocho horas, se ocupa de prensar, triturar e incinerar la basura en este local donde la temperatura supera los 30 grados y subirá todavía más cuando el 'Eisenhower' llegue al golfo Pérsico.

Este gigante de los mares produce cada día 1,2 toneladas de plástico, que luego se funden en inmensas "tortas" que serán recicladas cuando llegue a puerto. También genera 1,8 toneladas de metal, que se tritura, y una montaña de restos de comida y papel, que se pulverizan antes de ser lanzados al mar.

"Es un trabajo sucio pero necesario para mantener el barco en buenas condiciones sanitarias", explica Hill.

"No sé muy bien qué hacen los pilotos cuando vuelan, pero si yo me ocupo de mi trabajo y ellos del suyo, todo irá bien", dice el suboficial, que como muchos a bordo poco sabe de la operación militar contra el EI, llamada 'Inherent resolve'.

Tampoco sabe mucho de ella Christine Smith, una joven de 24 años que se alistó por cinco años en 2013 porque le gustaba nadar. Ahora trabaja siete días por semana en el café Starbucks instalado a bordo.

Su reino es un pequeño espacio en el comedor principal, dos pisos por debajo del nivel del mar, lejos del ruido de los motores de los aviones que despegan y aterrizan sin cesar en la pista del portaviones.

"No nos dicen lo que estamos haciendo, pero estoy segura de que cumplimos algo", explica.

Pocos minutos después, parece darle la razón por megafonía la voz del capitán, Paul Spedero.

"La semana pasada llevamos a cabo un centenar de salidas, incluyendo varios ataques muy eficaces en Irak y Siria", anuncia.

Luego elogia al "marinero del día" y llega por fin el anuncio que muchos, cansados de la comida congelada, estaban esperando: la llegada "en los próximos días" de un cargamento de frutas y ensaladas.

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