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Un sobre en el que se lee "La familia de la dama estadounidense", entre las flores depositadas cerca del escenario del crimen en Russell Square, en Londres, el 5 de agosto de 2016, donde un hombre apuñaló a varias personas, matando a una de ellas

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En España, un 'flashmob' generó pánico entre los veraneantes que pensaron que había un atentado y, en otros países europeos, el miedo a un ataque inminente hace que salten las alarmas ante el menor atisbo de una agresión, que en otro contexto sería tratada como una noticia de sucesos.

Después de una ola de atentados yihadistas en el Viejo Continente en los últimos meses, un ataque con un cuchillo perpetrado el miércoles en Londres por un noruego de origen somalí, que dejó un muerto y cinco heridos, desató las alarmas.

Tras horas de incertidumbre, la policía terminó por descartar la "pista terrorista" y señalar que se trató de un asesinato cometido por un desequilibrado mental.

En esta "época de nerviosismo", lo peor "es esta impresión que nos hace sufrir dos veces: no solamente el miedo (...) sino también el desconcierto de sentirse en un ciclo infernal que parece que nada puede detener", señalaron en una tribuna publicada recientemente por el diario francés Libération el escritor Edouard Louis y el filósofo Geoffroy de Lagasnerie.

Los temores a que hayan ataques en Europa los alimentan las advertencias de las autoridades a los ciudadanos desde que el grupo yihadista Estado Islámico (EI) proclamó un califato en Irak y en Siria en junio de 2014.

Muchos países europeos participan en la coalición internacional que lucha contra el grupo, que ha amenazado con derramar la sangre de los "infieles" y de los "cruzados" occidentales.

Londres advirtió recientemente sobre el riesgo de atentado y Austria anunció el jueves que recibió por correo electrónico "amenazas terroristas" contra la policía.

En Francia, el primer ministro, Manuel Valls, ha repetido hasta la saciedad que habrá "nuevos ataques" y "otros inocentes muertos", después de que en el último año y medio hubiera una serie de cruentos atentados.

- Rumores y arrebato -

La impresión de que sobre Europa se cierne una espada de Damocles se alimenta también por los anuncios de las detenciones de sospechosos de planear atentados.

A finales de julio, Bélgica inculpó a un hombre por tentativa de asesinato terrorista. El país, golpeado por los ataques del 22 de marzo contra el aeropuerto y una estación de metro, que dejaron 32 muertos, mantiene un nivel de alerta de tres, en una escala cuyo máximo es cuatro.

En Francia, donde sigue vigente el estado de emergencia desde los ataques del 13 de noviembre, que dejaron 130 muertos en París, las autoridades anuncian regularmente registros y arrestos en operaciones antiterroristas.

Ocho días después del atentado de Niza, que dejó 85 muertos cuando un conductor lanzó su camión contra una multitud que celebraba la fiesta nacional francesa del 14 de julio, un tiroteo en un centro comercial de Múnich, en Alemania, que dejó nueve muertos, hizo saltar de nuevo las alarmas.

Antes de que se supieran las motivaciones, la sombra del grupo yihadista Estado Islámico emergió, en particular en las redes sociales. Entonces, la policía alemana pidió expresamente que no se propaguen rumores.

La investigación reveló que el autor, un alemán-iraní de 18 años, estaba fascinado por las matanzas, las ideas de extrema derecha fascista, los videojuegos violentos y estaba obsesionado con Anders Behring Breivik, autor de la masacre de 77 personas en Noruega hace cinco años.

- La psicosis y la prensa -

Cada vez que se produce una agresión con arma blanca, las cadenas de información 24 horas se vuelcan a cubrir el ataque para seguir en directo la intervención de las fuerzas del orden y los equipos de rescate, como si se tratara de un nuevo atentado.

En Francia, el ataque con cuchillo perpetrado por un marroquí contra una mujer y sus tres hijas mientras estaban de vacaciones en los Alpes, el 19 de julio, fue tratado en varios medios como un posible atentado yihadista.

El agresor, que dijo sufrir problemas mentales, reprochó al padre de familia que se había rascado la entrepierna delante de su mujer.

Para Christian Delporte, especialista francés de historia de los medios, "no son los medios los que alimentan la psicosis, es la psicosis la que alimenta los medios. Los responsables políticos tienen un gran responsabilidad, mayor a la de los medios, ya que deben llamar a la calma".

Según este experto, los medios desempeñan un papel a la hora de "canalizar" los miedos. "Cada uno está detrás de su televisor, el hecho de hablar de ello a través de los medios, en una especie de comunión, genera calma".

A veces, las bromas terminan con un sabor amargo. En la localidad turística catalana de Platja d'Aro en la costa noreste de España, un 'flashmob', una reunión rápida de un grupo de personas para ejecutar una acción, tuvo un final inesperado.

El grupo simulaba que una persona era famosa y que las otras la perseguían. Pero, en el momento de la representación, los veraneantes pensaron que se trataba de un ataque indiscriminado y salieron corriendo.

Al final, once personas tuvieron que ser atendidas por contusiones, ataques de ansiedad e incluso por una leve taquicardia.

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