AFP internacional

Decenas de trabajadores se congregan a las puertas de la sede central de la compañía siderúrgica Guofeng Steel Company para protestar contra el cierre de una factoría, el pasado 5 de abril en Tangshan, al norte de China

(afp_tickers)

Las exportaciones a bajo precio no han permitido absorber la colosal sobrecapacidad de la industria siderúrgica de China, donde las fábricas se ven obligadas a paralizar su producción y los despidos generan tensiones crecientes.

En Tangshan, capital del acero en China, cientos de obreros despedidos se manifestaron esta semana ante las fábricas que debieron parar su producción.

En esta metrópolis industrial de la región de Hebei (norte), la euforia de los años 2000 queda ya muy lejos: al igual que otras acerías, el grupo estatal Guofeng cerró la semana pasada uno de sus centros de producción, alegando "factores incontrolables".

Unos 4.000 empleados se han visto afectados por los despidos. "Tengo una hija, tengo que mantener a mi familia. ¿Qué va a ser de mí?", se preguntaba uno de ellos.

Varios obreros esgrimían copias del derecho laboral chino, exigiendo el pago de indemnizaciones, mientras que los policías les impedían el acceso al complejo industrial. Guofeng, contactado por la AFP, ha rehusado hacer cualquier comentario.

Muchas acerías chinas, lastradas por la caída de la demanda interna y el derrumbe de los precios, sobreviven gracias al endeudamiento y a las ayudas públicas.

El año pasado, las pérdidas sumadas de los principales productores chinos de acero se multiplicaron por 24 respecto a 2014, para superar los 13.600 millones de euros, según su federación, la China Iron and Steel Association.

- 'Choque para el mercado' -

Entre 2000 y 2014, la producción de acero en China se multiplicó por siete, impulsada por masivas inversiones, un gigantesco plan de reactivación, el boom del mercado inmobiliario y la desenfrenada urbanización.

Con los empresarios privados sumándose a los mastodontes estatales, China llegó a producir en 2014 unos 820 millones de toneladas de acero por año. Nada menos que la mitad de la oferta mundial.

Pero es entonces cuando la demanda china empezó bruscamente a caer, en un contexto de 'enfriamiento' del sector inmobiliario y de ralentización económica.

La sobrecapacidad china es hoy de vértigo: el gigante asiático podría producir en sus fábricas hasta 1.200 millones de toneladas de acero por año, cuando la demanda nacional apenas llega a los 700 millones de toneladas.

Así, las empresas intentan multiplicar sus ventas al extranjero para dar salida a sus excedentes.

"En 2015, China exportó 100 millones de toneladas (...) Una bocanada de oxígeno para la industria local, pero un choque para el mercado internacional", admite Cai Rang, presidente del instituto de investigación china sobre el hierro y el acero.

La invasión de este acero a precios imbatibles, que compromete la frágil recuperación de las siderurgias europeas y estadounidenses, llevó a varios países miembros de la Unión Europea (UE) a pedir tasas 'antidumping', además de las sanciones ya impuestas por EEUU.

Consciente del problema, Pekín ha prometido suprimir entre 100 y 150 millones de toneladas de sobrecapacidad de producción antes de 2020. Pero ello le costará 500.000 empleos, más que los 328.000 empleados en el sector del acero en toda la UE.

Así, para los obreros de Tangshan, que vieron cómo sus salarios mensuales se disparaban desde los años 1990 -de menos de 1.000 yuanes (136 euros o 155 dólares) a varios miles hasta hace poco- el futuro se anuncia ahora sombrío.

afp_tickers

 AFP internacional