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Donald Tusk da una rueda de prensa el pasado 8 de septiembe en Riga, tras entrevistarse con el primer ministro de Letonia

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Casi tres meses después del referéndum británico, los líderes de la Unión Europea intentarán esta semana impulsar un proyecto europeo debilitado por una serie de crisis, apostando por la seguridad para responder a las preocupaciones de 500 millones de ciudadanos.

"La Unión y sus Estados miembros deben demostrar nuestra fuerte determinación y capacidad para hacer frente a los principales problemas y preocupaciones de sus ciudadanos", dijo el pasado viernes el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, quien apuntó a "la migración irregular, el terrorismo y los temores de la globalización".

Tusk hizo estas declaraciones en Estocolmo, en el marco de su gira por varios países europeos para preparar la cumbre del próximo viernes en Bratislava, donde los mandatarios de la UE se reunirán sin Gran Bretaña. "(El objetivo es retomar el control político de nuestro futuro común", explicó.

La voluntad de los británicos de abandonar el bloque, expresada en referéndum el 23 de junio, añadió una nueva crisis a una UE a la defensiva desde la crisis financiera de 2008, que echó a la calle a millones de trabajadores, y la más reciente crisis migratoria, pasando por los atentados yihadistas contra el corazón de Europa.

Los 27, ya sin Reino Unido, abordarán en Bratislava "el concepto de seguridad", tanto "externa" con la protección de las fronteras exteriores, como "interna" para luchar contra el terrorismo, explicó un diplomático europeo.

"Pienso que ahora tenemos un espacio político para hacer cosas que no eran realmente posibles los años anteriores", confesó recientemente la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, dejando entrever que la marcha de Reino Unido podría facilitar la tarea.

Aunque hace unos días descartó la creación de un "ejército europeo" en un futuro próximo, Mogherini apostó por una mayor cooperación militar, como reclaman Alemania y Francia, con la creación de un cuartel general en Bruselas, y anunció la presentación de un plan "ambicioso" antes de finales de año.

Según Rosa Balfour, del German Marshall Fund, "los dirigentes europeos piensan que [apostando por la seguridad] responden a las preocupaciones de los ciudadanos". Sin embargo, el asunto de la defensa europea "avanzó a paso de tortuga estos últimos 20 años", por lo que es "irreal esperar una gran aceleración", agregó.

- ¿Más o menos Europa? -

El primer acto de esta semana decisiva lo protagonizará el miércoles el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, quien aprovechará su discurso anual sobre "el estado de la Unión" ante la Eurocámara para presentar una "agenda positiva", según su entorno.

Bajo presión, Juncker quiere prolongar más allá de 2018 el plan de inversiones que lanzó en 2014 para estimular el crecimiento y superar el objetivo inicial de 315.000 millones de euros.

Y, ante los europarlamentarios, defenderá un plan para reforzar la cooperación con los países africanos con el objetivo de frenar la migración y llamará también a la unidad a los mandatarios de la UE.

El proyecto europeo se encuentra actualmente en un momento crucial para su futuro, por lo que los contactos entre grupo de países afines se suceden para analizar sus soluciones a las crisis, aunque en ocasiones vayan en direcciones contrarias.

Los países del denominado Grupo de Visegrado (Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia) abogan por una Europa menos integrada. "Un buen ambiente y una foto de familia [en Bratislava] no resolverán los problemas", alertó recientemente la primera ministra polaca, Beata Szydlo.

Estos países no pueden "confiscar la discusión sobre el futuro de Europa", respondió por su parte el primer ministro griego, Alexis Tsipras, quien urgió el viernes, junto a los mandatarios de Francia, Italia y otros países del sur de Europea, a una mayor solidaridad en cuestiones migratorias y más flexibilidad en el rigor presupuestario.

Según Janis A. Emmanouilidis, del grupo de análisis European Policy Center (EPC), la UE quiera "mostrar a sus ciudadanos (...) que todavía es capaz de trabajar unidos", pero advirtió de que el rumbo no parece ser más Europa, sino "consolidar y salvar lo que se pueda, o incluso una tendencia hacia menos Europa".

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