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El candidato del partido xenófobo AfD en Berlín, Georg Pazderski (d), junto a otros candidatos del partido antes de una rueda de prensa el 5 de septiembre de 2016 en Berlín

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Aunque el partido xenófobo AfD llena salas en toda Alemania, capitalizando la hostilidad hacia los migrantes de una parte creciente de la sociedad, existe otra realidad, la de los millones de voluntarios movilizados para ayudar a los refugiados.

"¿Saben cuánto cuesta al mes un refugiado a Alemania?", pregunta Georg Pazderski, candidato del AfD en Berlín, antes de responder: "3.500 euros". "Aquí todos somos contribuyentes, ¡es nuestro dinero!"

Los aplausos llenan la sala municipal de Zehlendorf (sudoeste de Berlín), que acoge un encuentro del AfD con vistas a la elección del domingo al parlamento de la capital alemana. Entre los asistentes hay muchos votantes decepcionados con la CDU, el partido cristianodemócrata en el poder, que no se reconocen en la política migratoria de la canciller Angela Merkel.

"¿Por qué deberíamos aceptar que los refugiados que ya están seguros en Grecia, Italia o Turquía, vengan a Berlín?", se preguntaba Bastian Behrens, manager de comunicación de 42 años, militante de la CDU que el domingo votará a la AfD.

Para él, "de los dos millones que llegan, muchos son migrantes económicos" y no refugiados de guerra. "Dejar las fronteras abiertas y permitir entrar a todo el mundo sin saber quiénes son es un riesgo para nuestro país", se inquieta Maja Bönisch, educadora de 54 años, otra tránsfuga de la CDU.

Ambos albergan serias dudas sobre la capacidad de integrarse que puede tener el millón de demandantes de asilo llegados en 2015 a Alemania. Ponen como ejemplo a la comunidad turca, presente desde hace décadas en el país y que forma, según ellos, una "sociedad paralela".

No son los únicos pesimistas: según un sondeo del instituto Allenbach, solo el 21% de las personas interrogadas considera que las posibilidades de integración de los refugiados son "muy buenas" o "buenas".

Pero pese a las dudas, millones de alemanes permanecen movilizados para ayudar a los migrantes en su día a día, incluso si, pasada la urgencia, este compromiso es menos visible que cuando la multitud acudía con flores a las estaciones de tren a recibir a los refugiados.

- 'Wilkommenskultur' -

Ni las agresiones sexuales de Colonia en la noche de Año Nuevo ni los ataques reivindicados por la organización Estado Islámico (EI) a finales de julio han desalentado a los voluntarios, afirma la fundación Bertelsman en un estudio publicado el mes pasado.

"Entre 3 y 4 millones de alemanes participan activamente de lo que llamamos la 'Wilkommenskultur' [cultura de la acogida], ya sea haciendo donaciones económicas o aportando una ayuda práctica a los refugiados", señala Wolfgang Kaschuba, director del Instituto berlinés de Investigación sobre la Integración y la Migración (BMI).

Es el caso de Conrad Küpper, de 18 años. Durante varios meses, ayudó a distribuir comida a los refugiados instalados en una sala de deporte de su barrio. Ellos acaban de ser realojados, pero Conrad y su madre han encontrado otra forma de ayudar, principalmente, guiando a los migrantes a través del laberinto burocrático del proceso de demanda de asilo.

"No entiendo cómo pueden decir que no hay que acoger a los refugiados o que solo hay que acoger a los cristianos", se indigna el joven.

"Yo estoy orgulloso de que Alemania sea el país que ayuda", afirma, y explica que le "entristece" el ascenso del AfD. "Mi Alemania es la de Berlín: personas que son tolerantes y trabajan juntas".

Para Sophia Döring, lingüista de 32 años que también ayuda a los refugiados con el papeleo, la población alemana no se da cuenta de "hasta qué punto la vida es difícil (viviendo) en un gimnasio" ni de que los refugiados "están lejos de recibir mucho dinero".

"La mayoría, lo que más desea, es aprender alemán, quieren trabajar y ganarse la vida", insiste. Se trata de puntos de vista completamente divergentes. Wolfgang Kaschuba cree que "la sociedad alemana se ha dividido" profundamente sobre la cuestión "de una sociedad diversa, móvil y multicultural".

"Entre los votantes del AfD no solo hay una reacción contra los refugiados, sino contra la parte de la sociedad que dice 'Podemos hacerlo'", podemos acogerlos, considera.

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