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El expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, el 11 de abril en Rio de Janeiro

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La corte suprema de Brasil postergó este miércoles la decisión acerca del bloqueo que impide al expresidente Lula asumir como ministro del gobierno de Dilma Rousseff, en un nuevo golpe para la mandataria que lucha por evitar su destitución.

"Por mayoría, la corte deliberó en el sentido de postergar el juzgamiento" del caso Lula, declaró el presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Ricardo Lewandowski, después de que uno de los 11 magistrados del panel pidiera que todos los recursos recibidos sobre el mismo caso fueran tratados posteriormente en una sola sesión.

El tribunal no fijó una nueva fecha para deliberar sobre este tema.

Luiz Inacio Lula da Silva, figura emblemática de la izquierda y padre del llamado milagro socioeconómico brasileño de la década pasada, fue nombrado el 16 de marzo ministro Jefe de la Casa Civil -una suerte de jefatura de gabinete- para salvar a Rousseff de un proceso de destitución que en ese momento estaba en ciernes en la Cámara de Diputados, finalmente aprobado el domingo y enviado al Senado.

Pero poco después un juez del STF dejó en suspenso la asunción, al sospechar que se trataba de un subterfugio para entorpecer una investigación de la justicia ordinaria que buscaba determinar si Lula se benefició de una red de corrupción en Petrobras y protegerlo con fueros privilegiados de un potencial pedido de detención.

- ¿Demasiado tarde? -

Con la postergación adoptada por el STF este miércoles, la eventual habilitación para que asuma podría llegar demasiado tarde para Rousseff.

El expresidente (2003-2010) debía incorporarse al gobierno armado de su carisma y su talento negociador para batallar contra el proceso de destitución, que si es ratificado a mediados de mayo por el Senado separaría transitoriamente a Rousseff de su cargo a la espera de una sentencia final.

En ese caso, su exaliado y ahora rival, el vicepresidente Michel Temer, asumirá el poder inmediatamente.

Si Rousseff es hallada culpable tras el juicio político, dejará el poder definitivamente y quedará inhabilitada para ejercer cargos públicos por hasta cinco años.

Mientras Lula sigue trabajando para rescatar al gobierno sin un cargo formal, Rousseff decidió viajar el jueves a Nueva York para firmar un tratado sobre cambio climático en la ONU, dejando el mando del país a Temer, a quien acusa de ser uno de los jefes de la conspiración que pretende destituirla.

Tres ministros más del poderoso PMDB del vicepresidente anunciaron este miércoles que renunciaban a sus cargos en el gobierno, que ya suma nueve de sus 32 carteras dirigidas por interinos.

Medios brasileños especulan con que la mandataria aprovecharía la exposición global que le dará la firma del acuerdo alcanzado en la conferencia sobre el clima de París en 2015 (COP21) para denunciar que es víctima de "un golpe" parlamentario, parte de la estrategia contrarreloj de supervivencia.

Esta tarde, el juez del STF Celso de Mello salió al cruce de esa narrativa.

"Es un procedimiento constitucional que transcurrió hasta el momento en clima de absoluta normalidad jurídica. Hay un equívoco cuando afirma que hay un golpe parlamentario", dijo de Mello a periodistas.

- Tiempos difíciles -

Lula participó el martes en Sao Paulo de una reunión de la dirección nacional del Partido de los Trabajadores (PT) que él fundó y llevó al poder. Durante el encuentro quedó en negro sobre blanco que la fuerza que gobierna Brasil hace más de 13 años vive tiempos difíciles.

"Tanto Lula como nosotros evaluamos que será difícil ganar en el Senado porque, aún cuando es un escenario distinto, los partidos que estuvieron en nuestra contra en la Cámara van a repetir su comportamiento", declaró a la AFP uno de los participantes de la reunión, el diputado Zé Geraldo.

"El plan (de la oposición) no es aniquilar sólo a Dilma, sino al PT. La oposición quiere formar un gobierno de coalición y trabajar en la elección de un candidato para 2018", agregó.

Pese a todas las dificultades, Lula ganaría la primera vuelta de las elecciones presidenciales de 2018 con 21% de los votos, según un sondeo de Datafolha del 10 de abril. A sus 70 años, ya se propuso como precandidato del PT.

En la encuesta quedó por delante de la ecologista Marina Silva (19%) y del líder de la oposición de centro-derecha, Aecio Neves (17%), derrotado estrechamente por Rousseff en 2014, y del actual vicepresidente Temer (1 a 2%).

"Tiene mucho carisma, hizo un gobierno muy popular con altísima aprobación (...) pero yo no creo que pueda volver a ganar una elección", afirmó Sergio Praça, analista político de la Fundación Getulio Vargas.

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