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Una mujer mira bolsos en una tienda en las afueras de Sao Paulo, Brasil, el 1 de octubre de 2014

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Crisis económica, inflación y corrupción endémica: Brasil es un "caos", pero aún así este gigante sudamericano atrae la inversión extranjera.

Sobre todo ahora que será Michel Temer quien deberá asumir las riendas de Brasil si, tal como indican los pronósticos, la presidenta Dilma Rousseff es destituida del poder.

Lo cierto es que los fondos de inversión internacionales, fabricantes de automóviles y mineras ven en la mayor economía de América Latina un mercado de 200 millones de consumidores y un fácil acceso a las materias primas.

"A pesar de sus problemas, es un país que es demasiado grande para ignorar", señaló Joao Augusto Neves de Castro, director encargado para las Américas de la consultora Eurasia Group.

"El costo de hacer negocios es muy alto, pero una vez que apuestas por el largo plazo, se gana mucho dinero", aseguró.

China ha sido el principal inversor en Brasil este año, con unos 4.000 millones de dólares invertidos en activos, según la agencia de noticias financieras Bloomberg.

La Inversión Extranjera Directa (IED) alcanzó los 64.700 millones de dólares en 2015, según la conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Y para 2016 el Banco Central de Brasil revisó al alza su pronostico de IED, en 70.000 millones de dólares.

Sin embargo, no todo es color de rosa.

Con el desempleo en niveles récord, la inflación rozando los dos dígitos y un gigantesco déficit fiscal, la economía brasileña se contraería otro 3,27% este año, según el último reporte del Banco Central en base a operadores del mercado, que muestra una mejora suave de las expectativas.

"Es un caos", opinó Mark Weisbrot, codirector del Centro para la Investigación Económica y Política, con sede en Washington. "Hay un gobierno de legitimidad dudosa que redobla la apuesta por políticas económicas que han fracasado completamente", afirmó.

- Atrás quedaron los años dorados -

Y los mercados hace tiempo que no ven con buenos ojos a Dilma.

La economía brasileña vivió una era dorada durante el mandato de Lula (2003-2010), cuando millones de brasileños salieron de la pobreza con aplaudidos programas sociales, que fueron modelo de referencia en América Latina. Pero la bonanza terminó con Rousseff.

"Es una tensión habitual en América Latina. Muchos de los gobiernos de izquierda toman medidas para favorecer a las empresas nacionales en detrimento de las extranjeras", afirmó la analista Jimena Blanco, directora de las Américas de la consultora de riesgos británica Verisk Maplecroft.

La presidenta está acusada de maquillar las cuentas públicas en 2014, año de su reelección, e inicio de 2015; sumado a las revelaciones del millonario fraude a Petrobras, que salpicó a políticos del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) de la mandataria, pero también al PMDB de Temer.

Tres de sus ministros renunciaron tras ser acusados de estar implicados en la red de corrupción y algunos analistas coinciden en que Temer podría igualmente ser investigado.

Pero por lo pronto, el presidente interino, que ha dicho que quiere pasar a la historia como el "salvador" de la economía en crisis, tiene el beneplácito de los mercados, a pesar de que su legitimidad sea constantemente colocada en tela de juicio por no haber llegado al poder con el aval de las urnas.

- La confianza de los inversores -

El desenlace del juicio a Rousseff, que comenzó el jueves, está prácticamente cantado: será probablemente destituida, poniendo fin a cuatro gobiernos seguidos del PT.

Temer, que completará el mandato hasta 2018, quiere viajar a la reunión del G20 en China -probablemente para mostrar las ventajas de invertir en su país- sin el título de interino, según la prensa local.

Con una aprobación de 13%, la misma que Rousseff al ser suspendida, Temer tiene una intención de voto muy baja, de entre 1 y 2%.

Pero eso no preocupa a los mercados. "A ellos les importan las ganancias a corto plazo", señaló Weisbrot.

Así, desde finales de enero, la Bolsa de Sao Paulo se valorizó 37% y el rendimiento de un bono estatal brasileño a 10 años ha caído alrededor de 30%, a medida que caía Rousseff.

Es la muestra de la confianza que recibió el nuevo gobierno conservador, que asumió prometiendo poner orden en las cuentas, con planes de recorte del gasto público, sobre todo en las jubilaciones.

"América Latina precisa que Brasil vuelva al crecimiento", indicó Ramón Aracena, economista jefe del Institute of International Finance, una asociación internacional bancaria y de inversión. "Hay una gran interconexión en la región. Si le va bien (a Brasil), levantará al resto de las economías". Y el mercado ve una salida con Temer.

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