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British Prime Minister David El primer ministro británico, David Cameron, el 12 de abril de 2016 en Londres

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Un primer ministro británico trata de calmar al ala euroescéptica de su partido convocando un referéndum sobre la Unión Europea (UE) y recomienda a sus ciudadanos seguir en el bloque tras arrancar concesiones a sus socios europeos. Estamos en 2016. Pero también en 1975.

El resumen sirve para el próximo plebiscito del 23 de junio y el que tuvo lugar el 5 de junio de 1975 -en el que se impuso la permanencia con un 67,2% de votos a favor. Entonces, sin embargo, el primer ministro era el laborista Harold Wilson y ahora es el conservador David Cameron.

Laboristas y conservadores han intercambiado los papeles. Los segundos, liderados entonces por Margaret Thatcher, defendían la pertenencia al bloque europeo, y la Dama de Hierro hizo campaña con un jersey con todas las banderas europeas.

"El referéndum es un arma táctica para resolver una fractura en su propio partido, y las consecuencias nacionales, son en consecuencia, de importancia secundaria para el gobierno", reprochó Thatcher a sus adversarios.

Hoy en cambio, la Dama de Hierro se hubiera posicionado contra "un Estado supereuropeo ejerciendo su dominación desde Bruselas", aventuró la diputada conservadora Anne Main.

- Europa ya no amenaza al obrero británico -

Al contrario, los laboristas defienden hoy una Unión Europea que entonces se llamaba Comunidad Económica Europea, un nombre con sabor mercantil que no les inspiraba confianza y, en cambio, excitaba la imaginación de los conservadores.

"A diferencia de hace 4 décadas, la UE hoy reúne a la mayoría de países de Europa y ha desarrollado importantes salvaguardas para el empleo, el medio ambiente y los consumidores", dijo el líder laborista Jeremy Corbyn, que en el primer referéndum votó a favor de salir y ahora defiende la permanencia.

Sara Hobolt, profesora de la London School of Economics, especialista en política europea, recordó que "la UE es actualmente mucho más que libre comercio, es una reguladora de los mercados y promueve una integración positiva con sus estándares medioambientales, la regulación de las finanzas internacionales o los derechos de los trabajadores".

"Eso", agregó Hobolt, "hace más fácil que los partidos de centroizquierda sean más pro-UE de lo que lo eran en los 70".

- Una Europa diferente: Franco al sur y Breznev al este -

La UE tenía entonces 9 miembros, en vez de 28. El euro no existía, ni el espacio Schengen, ni los tratados de Maastricht y Lisboa, y los 3,3 millones de europeos que hoy viven en el Reino Unido, y que tanto inquietan a los sectores reticentes a la inmigración, hubieran necesitado un permiso de trabajo para sobrevivir.

Europa era también muy diferente. Alemania estaba dividida y los 9 países del bloque vivían rodeados de dictaduras: al sur, la de Francisco Franco, en España, y al Este las de los países comunistas satélites de la Unión Soviética, dirigida por Leonidas Breznev.

Tanto Wilson como Cameron recomendaron la permanencia y ambos se vieron enfrentados a parte del gabinete. Cameron, concretamente, tiene en contra a 4 ministros y 128 diputados.

A los laboristas les parecía entonces que, si seguían en la UE, el país iba a perder independencia y los trabajadores derechos; a los de hoy les parece lo contrario.

"Nuestro temor era que la membresía conllevaría una pérdida de soberanía e inversiones. Nuestros temores eran infundados", dijeron en una reciente carta abierta Neil Kinnock, Margaret Beckett, David Blunkett, Jack Straw y Hilary Benn, cinco laboristas prominentes que en 1975 hicieron campaña contra Europa.

Igualmente, los conservadores de entonces creían que el país estaría más seguro ante la amenaza del bloque comunista dentro de la UE, y a muchos de hoy les parece que el país está más expuesto a un atentado por culpa de lo que ellos llaman "inmigración descontrolada".

- El debate que nunca se zanjó -

Los folletos de la campaña de 1975 y 2016 abordan prácticamente los mismos temas —soberanía nacional, economía, empleo...—, salvo uno que hoy es central, el de la inmigración europea, que ha alcanzado niveles récord a causa de la libre circulación de personas combinada con la ampliación a los países del Este y la crisis en los del sur, en España, Italia o Grecia.

Lo que sí se mantiene es el enfado de los partidarios de salir del bloque por la estrategia del miedo que atribuían a sus rivales.

"Es alarmista pretender que la retirada del Mercado Común se traduciría en un alto desempleo o en la pérdida de comercio", afirmaba el manifiesto de los anti-UE de 1975.

Wilson acabó ganando su apuesta, pero sus declaraciones al conocerse la victoria fueron una profecía fallida: "es un día histórico, uno que ha puesto fin a 14 años de discusiones".

Las discusiones han seguido hasta hoy, y el Reino Unido sigue siendo el gran país europeo con el euroescepticismo más fuerte. "El papel entusiasta" que los británicos iban a jugar en Europa, en palabras el entonces ministro Roy Jenkins, nunca se concretó, y el 23 de junio volverán a las urnas para escribir otra página de una relación difícil.

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