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Miembros del Parlamento Europeo el 17 de noviembre de 2014 en Estrasburgo

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Los diez países de la UE que negocian la creación de un impuesto a las transacciones financieras, al que se opone Gran Bretaña, se dieron una vez más un nuevo plazo para finalizar la elaboración de este gravamen destinado a desalentar la especulación financiera.

El proyecto de un impuesto a las transacciones financieras, una 'tasa Tobin del siglo XXI', fue inicialmente propuesto por la Comisión Europea en 2011 para paliar las fallas de los mercados financieros, que hundieron al mundo en una crisis en 2008.

Como el proyecto no prosperaba entre los miembros de la Unión Europea, hace más de tres años una decena de países decidió avanzar en la elaboración de este gravamen al margen del bloque.

Debía entrar en vigor el 1 de enero de este año, pero en diciembre aplazaron su conclusión para junio. Este jueves, los ministros de Finanzas de los 10 países que participan en el proyecto volvieron a darse un nuevo plazo: septiembre.

"Hay dos temas técnicos que aún necesitan trabajo", dijo el ministro de Finanzas austríaco, Hans-Joerg Schellin, que pilotea las negociaciones, al llegar a una reunión de ministros en Luxemburgo.

"Quedó claro para todos que si no hay una solución en septiembre probablemente no hallemos una", agregó.

Alemania, Austria, Bélgica, Eslovaquia, Eslovenia, España, Francia, Grecia, Italia y Portugal participan en los trabajos.

"Hay algunos países que plantean dudas al respecto", dijo a la prensa el ministro de Finanzas español, Luis De Guindos, que participó en la reunión.

Guindos precisó que algunos países dieron su apoyo a un nuevo documento que circuló en el cónclave y que otros consideraron que hacía falta nuevas consultas, considerando que la reunión no fue lo suficientemente "concluyente".

"Queremos un impuesto a las transacciones financieras y batallaré para que este impuesto nazca", afirmó el ministro francés, Michel Sapin.

Para Francia, el impuesto debe alcanzar a la mayor cantidad de productos posibles con una tasa reducida para no distorsionar algunos mercados.

Este impuesto, destinado a desalentar las especulaciones financieras excesivas, tiene el fuerte respaldo de Alemania y Francia, las principales potencias económicas del bloque.

Pero las discusiones sobre el alcance del impuesto y los productos financieros que se gravarán siguen irresueltas.

Gran Bretaña, que alberga una de las principales plazas financieras a nivel mundial, se opone rotundamente a este impuesto y ya amenazó con llevar el caso a los tribunales europeos si, en su configuración final, la tasa tiene un impacto en los países que no participan de la iniciativa.

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