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Soldados rusos trabajan tras sus pantallas en el centro de reconciliación el 17 de marzo de 2016 en la base aérea de Hmeimim, en la provincia siria de Latakia

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Con uniformes de color claro, diez soldados rusos consultan sin cesar sus teléfonos y sus ordenadores para comprobar que no se ha violado la tregua en Siria acordada por Rusia y EEUU.

Estos militares instalaron un centro de llamadas en la base aérea de Hmeimim (oeste), uno de los centros importantes del despliegue ruso en Siria.

"Es nuestra línea directa con Ammán", explica el jefe del centro, el general Sergei Kuralenko, mostrando un teléfono que sirve para coordinar las acciones con el centro estadounidense, establecido en la capital jordana. Y "estos dos otros teléfonos se utilizan para recibir las llamadas de cualquier habitante de Siria o del mundo", explica, enseñándolos a los periodistas presentes en un viaje de prensa organizado por el Ministerio de Defensa ruso.

Rusia y EEUU propulsaron el alto el fuego en vigor desde el 27 de febrero, que ha sido violado masivamente en Alepo, por el régimen y los rebeldes, donde han muerto 285 civiles desde el 22 de abril. Los combates hicieron estragos en la segunda ciudad del país hasta que una nueva tregua de 48 horas entró en vigor en la madrugada de este jueves.

El portavoz del Ministerio ruso de Defensa, Igor Konashenkov, señaló al Frente Al Nosra, rama siria de Al Qaida, como responsable del fracaso de un primer anuncio de suspensión de los combates en Alepo, el 30 de abril. "Hoy también, el inicio de un 'régimen del silencio' (en Alepo) ha sido impedido por los terroristas del grupo Al Nosra", insistió el miércoles el general Kuralenko.

La campaña aérea de las fuerzas rusas, que comenzó en septiembre de 2015, ha permitido al ejército del presidente Bashar Al Asad afianzarse en una posición de fuerza respecto a la oposición y a los rebeldes.

- Papel 'pacificador' -

Desde la decisión del presidente ruso, Vladimir Putin, de retirar parcialmente sus tropas a mediados de marzo, Moscú se presenta como el principal pacificador en el terreno.

Según el general Konashenkov, más de 90 localidades y pueblos, y 52 grupos rebeldes firmaron treguas locales con las fuerzas gubernamentales, apoyadas por Moscú. Asegura que tras estos acuerdos, más de 7.000 combatientes entregaron sus armas. "Es mucho", se felicitó.

En la localidad de Kawkab, en la provincia central de Hama, soldados rusos acompañan a un anciano, con un kufiya en la cabeza, para firmar un acuerdo local. Esto permitirá el regreso de los vecinos a su localidad, retomada hace un año a los yihadistas de Al Nosra.

Los habitantes bailan al lado de los soldados sirios, alzando sus kalashnikov, mientras los niños muestran banderas sirias y fotografías del presidente Bashar Al Asad. En una esquina, los militares rusos descargan camiones llenos de ayuda humanitaria.

"Cerca de 10.000 habitantes vivían aquí. No sé cuántos han vuelto pero estoy seguro que, en cuatro días, estarán todos aquí", afirma el responsable local, el jeque Ahmad Mubarak. Hasta ahora, los vecinos no se atrevían a volver porque tenían miedo, según él. "Rusia ha tenido un papel significativo en el proceso de paz y, de todos los países, es el que más ayuda ha aportado", asegura Mubarak.

Aunque Rusia sea una pieza clave en las negociaciones entre el régimen y la oposición en las conversaciones de paz en Ginebra, siempre ha rechazado cualquier propuesta que incluya la partida del presidente Asad. Insiste más bien en que Occidente, que apoya a la oposición, tendría que concentrar sus esfuerzos en detener la guerra, que ha dejado más de 270.000 muertos en cinco años.

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