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Michaela Granello (I), 19 años y de Red Oak, toma fotos del creciente memorial frente al edificio sede de la Policía, Cuartel Jack Evans, el 11 de julio de 2016, en Dallas, Texas.

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Luego de que su manifestación del jueves acabara en un baño de sangre por el ataque de un francotirador, la comunidad negra de Dallas intenta movilizarse de nuevo para denunciar la brutalidad policial y romper el ciclo que va "de la escuela a la cárcel".

Un millar de personas aproximadamente se reunieron el domingo de noche en esta ciudad del sur de Estados Unidos, en la iglesia Friendship-West Baptist Church, tras el llamado del movimiento ciudadano Next Generation Action Network.

Esta asociación contribuyó a la organización de la manifestación el jueves, que terminó con la muerte de cinco policías, muy a pesar de los participantes.

Políticos, empresarios y militantes de la comunidad negra estaban presentes para reflexionar sobre lo que sigue: la construcción de un movimiento.

Pero la concentración estuvo también dedicada a todos aquellos anónimos que vinieron a expresar su hartazgo.

El lema, el mismo: la brutalidad policial. En especial la de Eric Casebolt, un policía blanco que tiró violentamente contra el suelo a una joven negra de 15 años durante una fiesta un tanto ruidosa, en junio de 2015, y amenazó con su arma a dos de los amigos de la adolescente, que no estaban armados.

A fines de junio de 2016, un jurado decidió no procesar a este policía de McKinney, un pueblo en los suburbios de Dallas, lo que provocó una ola de indignación.

Muchos reconocieron que no se trataba tanto de la policía de Dallas, que ha hecho un importante trabajo de purga desde hace varios años, como de los cuerpos policiales de otras ciudades en los alrededores.

El jefe de la policía de Dallas, David Brown, reconocido en un primer momento, también ha sido criticado.

Uno de los organizadores de la marcha del jueves recordó que su hermano, Mark, fue presentado como sospechoso por las autoridades, aunque luego la acusación fue levantada.

Mark llevaba un fusil de asalto durante la manifestación, lo que explica, en parte, la sospecha.

"Seguimos esperando una llamada, un correo electrónico o un tuit (de excusas), porque no podemos volver a casa", ya que fueron objeto de amenazas de muerte, según explica.

- Un plan de acción -

Los problemas no se limitan a la policía, afirmaron otros.

En varias ciudades de los suburbios de Dallas, negros e hispanos no son bienvenidos, según Carlos Quintanilla, presidente de la asociación Accion America.

En cuanto a los barrios donde predomina la población negra, muchos entrevistados mencionaron algunas escuelas donde hay roedores en la cafetería o moho en los salones de clase.

Entre ellas figuran la South Oak Cliff High School, la misma que frecuentó hace décadas el jefe de la policía, David Brown.

"Debemos enfrentar ese sistema, que crea un túnel de la escuela a la cárcel" en los barrios pobres donde los negros son mayoría, afirmó Dominique Alexander, fundador de Next Generation Action Network.

"Tenemos heridas en el alma", expresó por su parte el pastor del lugar, Frederick Haynes, que lleva una camiseta con el nombre Mohamed Ali y rindió homenaje a los policías muertos.

Y esta vez, "no podemos contentarnos con otro momento de comunión que será superficial".

"Nos hace falta un plan de acción", añade.

La gente se pregunta qué forma concreta tendrá esta acción.

Los representantes del mundo asociativo animan a votar, a escoger sus representantes, a asistir al lanzamiento de un movimiento, a aportar financieramente.

"Cuando pongo una foto (en su cuenta de Facebook), tengo 100 'me gusta'. Cuando llamo a una reunión, tengo cuatro", lamenta una joven mujer de largas trenzas presente en el evento.

La cita es para el próximo consejo municipal, el 3 de agosto, así como para una nueva reunión pública, el próximo jueves, con la esperanza de dar inicio a algo.

Porque fue atacada el jueves, "Dallas es el punto de partida del cambio", dice Royce West, senador demócrata del estado de Texas.

"No tenemos otra opción", dice a la AFP. "La pérdida de policías y ciudadanos crea la tormenta perfecta para un cambio".

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