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El presidente ruso, Vladimir Putin, habla durante una conferencia de prensa el 10 de agosto de 2016 en el Kremlin, Moscú

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Ucrania puso el jueves sus tropas en estado de alerta en la línea de demarcación con Crimea tras un brusco aumento de la tensión con Rusia, que aseguró haber desbaratado varios "atentados" instigados por Kiev en esta región.

Más de dos años después de la anexión por parte de Rusia de esta península ucraniana tras un referéndum considerado ilegal por los países occidentales, la denuncia de Moscú, desmentida por Kiev, dio lugar a un intercambio de acusaciones como no había ocurrido en meses.

"He ordenado a todas las unidades en las regiones situadas al nivel de la frontera administrativa con Crimea y a lo largo de la línea de frente en el Donbass (este de Ucrania) de entrar en estado de alerta", anunció el presidente ucraniano Petro Poroshenko en Twitter.

Horas antes, era Vladimir Putin quien, tras acusar a las autoridades ucranianas de "pasar al terror", reunía a su Consejo de Seguridad.

"Se han debatido medidas adicionales para garantizar la seguridad de los ciudadanos y de las infraestructuras vitales de Crimea", explicaba la presidencia rusa.

Un responsable de la OTAN bajo cobertura de anonimato explicó que la Alianza sigue "de cerca y con preocupación" la situación en la región.

En todo caso, argumentó, "Rusia no ha aportado ninguna prueba tangible de sus acusaciones".

- Movimiento de tropas -

El FSB (el servicio de inteligencia ruso) acusó a Kiev de haber preparado varias incursiones de "saboteadores-terroristas" que se saldaron con enfrentamientos armados y que costaron la vida, según Moscú, a un agente del FSB y a un militar ruso.

Según la inteligencia rusa, un primer grupo fue descubierto cerca de la ciudad de Armiansk, en Crimea, en la madrugada del 7 de agosto en posesión veinte artefactos explosivos caseros y varios kg de TNT. Otros dos grupos fueron interceptados la noche siguiente, apoyados por disparos del ejército ucraniano, según la misma fuente.

El presidente ucraniano, Petro Poroshenko, tachó las acusaciones de "absurdas y cínicas", considerándolas un "pretexto para nuevas amenazas militares contra Ucrania".

Moscú afirmó haber detenido a un oficial de la inteligencia militar ucraniana, Evguen Panov, calificado de "rehén" por el gobierno ucraniano. La televisión rusa mostró el supuesto interrogatorio al prisionero, que presentaba huellas de golpes, y que admitía haber sido reclutado por Kiev para atacar un ferry, una base de helicópteros, un depósito de petróleo y una fábrica química.

Por su parte, varios crimeos residentes cerca de la frontera ucraniana afirmaron, interrogados por la AFP, que habían presenciado importantes movimientos de vehículos militares en la zona en los últimos días.

Estados Unidos, a través de su embajador en Ucrania, Geoffrey Pyatt, señaló no haber "visto nada que corrobore las acusaciones de Rusia".

En un comunicado, el ministerio ruso de Relaciones Exteriores recomendó a los occidentales que apoya a Kiev que mostraran "sensatez".

En una entrevista telefónica con su homólogo francés Jean-Marc Ayrault, el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, llamó a Occidente a advertir a Ucrania "contra medidas peligrosas que podrían tener las peores consecuencias".

- Proceso de paz contestado -

Los guardias fronterizos ucranianos anunciaron que habían reforzado su dispositivo entre Ucrania y Crimea desde "el 7 de agosto, cuando aparecieron los primeros signos de tensión".

"Nos preparamos para todo", señaló a la AFP un alto responsable de los servicios de seguridad ucranianos, considerando que una invasión rusa era "posible". "Es una escalada, por supuesto", dijo.

El miércoles, Vladimir Putin instó a los occidentales a "presionar" a las autoridades de Kiev, "si quieren realmente alcanzar un arreglo pacífico" para el conflicto ucraniano.

"En estas condiciones, un encuentro en el 'formato Normandía' (Francia, Alemania, Rusia y Ucrania) en China (durante el G20, los días 4 y 5 de setiembre próximo), no tiene ningún sentido", estimó el presidente ruso.

Crimea fue anexada por Rusia en marzo de 2014 tras una intervención militar seguida de un referéndum de incorporación, denunciado como ilegal por Kiev y los países occidentales.

Esta anexión provocó las mayores tensiones entre las potencias occidentales y Rusia desde el final de la Guerra Fría y fue seguida por una ola de sanciones europeas y estadounidenses contra Moscú.

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