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Un sacerdote católico observa los daños provocados en el monasterio de Mar Elian, en la localidad siria de Al Quaryatayn, el 8 de abril de 2016 tras el paso por la ciudad del grupo yihadista Estado Islámico (EI), expulsado por las fuerzas del régimen

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Basam Dabas no se imaginó que fuera a sobrevivir y regresar a Al Qaryatayn cuando los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI) lo capturaron junto con cientos de cristianos en su ciudad, en el centro de Siria.

Ocho meses más tarde, de pie entre las ruinas de una de las dos iglesias del monasterio de Mar Elian, donde solía rezar, le cuesta creer que las fuerzas progubernamentales hayan conseguido expulsar al EI.

Al Qaryatayn fue durante mucho tiempo un símbolo de convivencia entre los musulmanes y los cristianos en Siria, pero todo cambió cuando los yihadistas desembarcaron en agosto pasado.

Basam Dabas es uno de los 270 cristianos capturados por el EI y llevados a 90 kilómetros al este, al desierto, donde permanecieron encarcelados en un calabozo.

"No se lo puede imaginar, sus comportamientos no son propios de seres humanos", cuenta a AFP este ingeniero de 55 años. "Cuesta creerse que yo siga vivo", reconoce.

La mayoría de los prisioneros quedaron en libertad al cabo de 25 días, sin que Dabas se lo explique. Él regresó a Al Qaryatayn pero huyó de la ciudad hacia un pueblo controlado por las fuerzas gubernamentales, cerca de la localidad de Homs. Unos días después de que su ciudad pasara a manos de las fuerzas prorrégimen, volvió a ella, como hicieron otras 30.000 personas.

El viernes, los soldados rusos distribuían bolsas de comida entre los civiles frente a un grupo de periodistas durante una visita organizada y supervisada por el ministerio de Defensa ruso.

- 'Muy doloroso' -

A su regreso, los habitantes se encuentran con calles alfombradas por escombros, casas destruidas y una ciudad fantasmal.

Cerca de una plaza central, Faisal Abdelrahim muestra su vivienda a los periodistas. El techo del comedor está agujereado, la cocina patas arriba y muchas cosas han sido robadas. "Me entristece ver esto, es muy doloroso", declara. "Esperemos que el ejército ruso y el sirio restablezcan la seguridad en la ciudad y podamos reconstruirla", añade.

La reconquista de Al Qaryatayn formó parte de una vasta ofensiva que permitió a las fuerzas prorrégimen, con la ayuda de Rusia, hacerse con el control de la ciudad de Palmira, a unos 100 kilómetros al nordeste.

"Hubo una batalla muy dura por el control de la ciudad pero, gracias a Dios, lo hemos conseguido con la ayuda de nuestros amigos", relata un coronel sirio. La situación todavía es frágil. Según el coronel, el EI tiene posiciones a tan sólo 10 o 15 km de allí.

Mustafa Shablak, un oficial del ejército retirado, regresó a la ciudad con su hermano. El resto de su familia se quedó en Homs. La mitad de su casa quedó destrozada y la ocupa una milicia progubernamental que se niega a irse. Para él, lo más importante es poder regresar a su ciudad natal sin tener que ver a los combatientes del EI. "Mientras la ciudad no esté en manos de esos criminales, todo va bien", asegura Shablak, que trabajaba en un comercio de reparaciones.

Mustafa Shablak es optimista: "Berlín estuvo arrasada durante un tiempo y ahora es una gran ciudad".

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