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Marcha en Montreal en ocasión de la apertura del Foro Social Mundial, el 9 de agosto de 2016

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Una gran marcha colorida y festiva dio inicio el martes en Montreal al Foro Social Mundial (FSM), cuya 12ª edición se celebra por primera vez en un país rico con la intención de superar la división entre el Norte y el Sur.

Unas 5.000 personas marcharon, cantando y bailando, por las calles de la ciudad, con pancartas en las que se leían mensajes como: "No puedo creer que todavía necesito protestar por el medioambiente y la justicia".

El número de intelectuales o altermundialistas será menor en la capital de Quebec que en las grandes reuniones de Porto Alegre (sur de Brasil), donde se celebró el primer FSM en 2001, aunque los organizadores rechazan que haya un estancamiento del movimiento.

"Es equivocado decir que el Foro Social Mundial se está estancando, yo más bien noto una vitalidad creciente", con foros locales o regionales, consideró Carminda Mac Lorin, coordinadora del FSM de Montreal.

Los objetivos también han evolucionado a lo largo de los años, y de la lucha contra la globalización se ha pasado a cuestiones que no diferencian entre ricos y pobres ni entre sociedades, como la lucha contra la evasión fiscal, el calentamiento climático y la acogida de refugiados que huyen de los conflictos.

"Hay que superar la fractura entre el Norte y el Sur [...], las desigualdades sociales aumentan en todas partes", indicó por su parte Raphaël Canet, otro de los organizadores de esta edición.

El activista brasileño Chico Whitaker, cofundador del FSM, subrayó la necesidad de encontrar soluciones ante problemas idénticos en cualquier parte del mundo.

"Los problemas que vivimos en el Tercer Mundo se viven de la misma manera en los países industrializados", indicó Whitaker, exmiembro del Partido de los Trabajadores del expresidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva.

- Baja participación -

El presidente de la ONG Mujeres, Poder y Desarrollo, el guineano Fatoumata Cherif, lamentó la poca movilización del MSF. "No hay muchos africanos, y con la asistencia de delegados solo de países del Norte no veo cómo podría ser el Foro Social Mundial", opinó el activista.

Como en ediciones anteriores, la participación es fundamentalmente regional, debido a los costos de desplazamiento y alojamiento para los visitantes extranjeros.

El foro también tiene menos asistencia debido a la denegación de visas de más 230 invitados, entre ellos figuras como la maliense Aminata Traoré, el presidente del sindicato palestino, Imad Temiza, o Rogerio Batista, del sindicato brasileño CUT.

Para la activista Dominique Pilhon, de Attac-France, la negativa a otorgar visas es una "elección política" que "deshonra al gobierno canadiense" por ir "en contra del FSM y de militantes que luchan por los derechos humanos".

Durante el FSM, los talleres en torno al calentamiento global abundarán, incluyendo una conferencia de la activista canadiense Naomi Klein; y se debatirá sobre los flujos migratorios, las desigualdades en los ingresos -un tema recurrente del FSM-, y la economía solidaria, entre otros temas.

Este año, el FSM eligió como sede Montreal -por primera vez en un país miembro del G7- debido a la presencia de una sociedad civil activa y militante, según los organizadores.

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