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Familiares y amigos de las víctimas del atentado que dejó al menos 84 muertos, rinden homenaje a las personas fallecidas en el paseo marítimo de Niza, el 15 de julio de 2016

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Los vivos no querían soltarles las manos. Sabían que estaban muertos pero se agarraban desconsoladamente a ellos tras la masacre.

Horas después del inenarrable horror sufrido por las familias que se habían congregado para ver los fuegos artificiales de la fiesta nacional francesa en el paseo de los Ingleses de Niza, los cadáveres yacían en el mismo lugar donde cayeron tras ser arrollados por un camión.

Muchas personas estaban sentadas junto a los cuerpos, a veces solas, otras en pequeños grupos de familiares y amigos. Algunos recibían gestos de consuelo de desconocidos.

Y una víctima, un niño que como a otros muchos se le permitió trasnochar para asistir al espectáculo, yacía sobre el asfalto con una muñeca a su lado.

"Uno querría pensar que estando allí se podría hacer algo para ayudar", dijo el actor Tarubi Wahid Mosta, que trató de echar una mano. "Pero éramos inútiles".

Mucho después del amanecer, los muertos seguían esparcidos por el paseo marítimo debajo de sábanas blancas y azules.

"Todas estas familias que ya han pasado mucho tiempo a su lado probablemente -dado el horrible número de muertos- permanecerán horas en el suelo agarrados a las frías manos de cuerpos desmembrados por el camión. No se puede hablar con ellos o reconfortarlos", escribió hace horas el actor en Facebook.

"Esto es lo más duro, sentirse inútil en un momento tan horrible".

- Bebé perdido en medio del pánico -

Una de las fotografías que colgó muestra a una mujer con velo arrodillada junto a un cadáver.

"En medio de todo esto hay una familia musulmana (verdaderos musulmanes), uno de cuyos miembros no escapó a este camión loco", dijo. "Una vez más todo el mundo ha resultado afectado, creyentes o no".

En el exterior del hospital de Niza, una familia dijo a los reporteros que su madre, musulmana devota, fue la primera de las 84 víctimas del camión.

Niza es una ciudad que ama la diversión. Fue construida en gran medida para entretener a la aristocracia europea y los industriales que pasaban el invierno en la Riviera francesa en el siglo XIX.

Su carnaval es el tercero más importante del mundo, después de los de Venecia y Rio.

Los fuegos artificiales del 14 de julio son otra gran ocasión para una salida familiar.

Entre los muertos hay 10 niños y adolescentes. Otros más figuran entre los 50 heridos que están "entre la vida y la muerte", según el presidente francés François Hollande.

La violencia con la que el camión arrolló a la multitud fue tal que en medio del pánico una familia perdió a su bebé de ocho meses, que iba en sillita.

Fue hallado por una mujer que se lo llevó a su casa y lo reunió con sus padres gracias al mensaje con foto que difundieron en Facebook, dijo un amigo de la familia a la AFP.

Tras una noche de poco sueño y muchas lágrimas, a la ciudad le costaba aceptar el horror.

"Vi un montón de muertos delante de mí", dijo un jubilado llamado Charles que vive cerca de donde el camión empezó su mortífera embestida.

"No habrá más fiestas, más festivales. Pero si queremos hacer frente a los terroristas, la vida debe continuar", agregó.

"Esto no nos impedirá seguir viviendo nuestras vidas", dijo Jean, un astrónomo que se encontró en medio del pánico con su esposa Myriam, sus dos hijos y su perro.

Cuenta que el perro los condujo a un lugar seguro, un hotel donde les ofrecieron una habitación.

Temerosa de que hubiera otros agresores huidos, Myriam explicó a la AFP que encerró a los niños en un armario zapatero y esperaron tres horas antes de decidir que podían salir.

Pero la familia regresó al paseo de los Ingleses el viernes, "para que los niños no estuvieran aterrorizados", dijo Myriam.

El ataque estremeció incluso a quienes crecieron con la guerra. El presentador de MTV Líbano Jimmy Ghazal se tiró al suelo rezando por sobrevivir cuando el conductor del camión disparó contra la gente.

"¿Por qué vine de un país donde puedo morir a otro donde, sin intervención divina, también podría haber acabado cadáver en el suelo?", escribió en Facebook.

Muchas cafeterías y restaurantes estaban cerrados este viernes, lo mismo que el puesto de socorro de la playa.

Un socorrista, Mehdi Zid, de 21 años, explicó cómo la noche anterior ayudó a "cuatro o cinco personas que estaban paralizadas por la conmoción".

Él se resigna, convencido de que de todos modos es imposible parar a este tipo de individuos.

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