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Un saudí pasa por una gasolinera en la ciudad del mar Rojo Yedá, el 28 de diciembre de 2015

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Arabia Saudí, primer exportador mundial de petróleo, ha abandonado su tradicional papel de regulador para lanzarse a una encarnizada batalla por el control del mercado, pese al derrumbe de los precios del barril.

Riad ejerció toda su influencia para que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) decidiera en noviembre de 2014 mantener una oferta excesiva desde todos los puntos de vista. La cotización del barril cayó desde entonces desde los 110 dólares a los 30.

A causa de esa decisión, el reino perdió en dos años 250.000 millones de dólares y en 2015 registró un déficit presupuestario récord, de 98.000 millones de dólares. También otros países petroleros se vieron tremendamente afectados por esa estrategia.

La idea era sacar del mercado a productores con métodos de extracción costosos -principalmente el petróleo de esquisto de EEUU- y obligar a Rusia, primer productor mundial de crudo (que no es miembro de la OPEP) y a Irán a reducir su producción.

Pero esa política no surtió en estos catorce meses todos los efectos esperados: los precios han alcanzado los niveles más bajos de los últimos trece años, el mercado sigue inundado por la oferta y la guerra de precios no da tregua, sin esperanzas de encontrar una solución inmediata.

"Los saudíes saben muy bien que si reducen la producción, el impacto no será muy grande en los precios porque otros productores como Irán, Irak o Rusia los reemplazarán", explica Jean-François Seznec, un especialista de la universidad estadounidense de Georgetown. Por eso, quieren "que los productores sigan padeciendo hasta que acepten recortar la producción de forma concertada", agregó el experto, en declaraciones a AFP.

Arabia Saudí, segundo productor mundial del carburante (por delante de EEUU), invirtió estos últimos años miles de millones de dólares para acrecentar su capacidad de producción, hasta los 12,5 millones de barriles diarios (mbd). Es además el único productor con capacidad de almacenamiento, lo cual le permite influir en las fluctuaciones de precios aumentando o disminuyendo su producción.

Su suelo contiene las segundas reservas mundiales de petróleo crudo (estimadas en 268.000 millones de barriles) y las quintas de gas (8,5 billones de m3). Y su tecnología le permite producir petróleo a un costo muy bajo, de 10 dólares el barril, según la consultora privada Rystad Energy.

- Defender su parte de mercado -

"Los principales objetivos de Arabia Saudí son la estabilización del mercado petrolero y la preservación de su parte de mercado", afirmó el especialista kuwaití Kamel al Harami. Por eso, "el reino no podía tolerar la competencia de productores con costes elevados", agregó.

Arabia Saudí y sus vecinos del Golfo, miembros de la OPEP, tienen un amplio margen de maniobra para resistir al derrumbe de los precios. Según el presidente de la petrolera francesa Total, Patrick Pouyanné, Riad descarta reducir a corto plazo su producción, dado que tiene "costos más bajos que los demás y, al fin y al cabo, una capacidad mayor de resistencia".

Pero ese esquema deberá tener ahora en cuenta un "factor geopolítico muy importante", con el retorno de Irán al mercado tras el fin de las sanciones impuestas por los países occidentales a Teherán por su programa nuclear, apuntó Pouyanné al margen del reciente Foro de Davos (Suiza).

El presidente de la compañía saudí Aramco, Jaled Faleh, afirma que la monarquía tiene otros medios para resistir durante años a una presión a la baja de las cotizaciones. "Disponemos de tecnologías que nos permiten mantener bajos costos de producción", declaró Faleh el lunes en un simposio en Riad.

- ¿Un mal cálculo? -

Pero hay quienes cuestionan esa estrategia. Según Harami, Riad y la OPEP hicieron un mal cálculo, dado que "el petróleo de esquisto demostró más resistencia de la prevista".

El hundimiento de los precios contrajo la producción de esquisto y de otros productos con costos elevados, pero no los sacó del mercado.

El rey Salmán profundizó esa estrategia desde que accedió al trono, hace un año, y está decidido a "defender sus intereses en los planos interno y externo", guste o no a los demás países, afirmó un diplomático occidental en Riad.

Por su parte, Seznec está convencido de que el monarca acabará ganando el duelo: "Pronto habrá un arreglo con los productores que no son miembros de la OPEP, que no pueden seguir desangrándose", asegura.

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