Navegación

Enlaces para saltar navegación

Principales funcionalidades

Arranque exitoso del acelerador LHC en el CERN

El éxito de la primera circulación de haces de protones en el acelerador arranca aplausos de los investigadores en el CERN.

(Keystone)

Miércoles, 10h28 en las salas de control del CERN: el primer haz de protones acaba de dar la vuelta al anillo de 27 kilómetros en el acelerador más grande del mundo. Los científicos se muestran satisfechos. Es el resultado de veinte años de labor, pero también el comienzo de una nueva era de descubrimientos.

Los científicos se muestran más bien modestos ante el triunfo. A la hora D, los aplausos en las salas de control del CERN son más bien discretos, como si la alegría fuese ante todo interior.

Físicos o ingenieros, esos hombres y esas mujeres que se congratulan, acaban, sin embargo, de hacer posible "un pequeño recorrido para un protón, pero un gran paso para la humanidad", para parafrasear una fórmula célebre.

Los medios de comunicación en todo el mundo le han dado al hecho un gran seguimiento. El antiguo Palacio del Equilibrio de la Expo 02, esa gran esfera de madera desplazada a las puertas de Ginebra, jamás ha vivido una presencia tan acusada de periodistas: fueron más de 300, y vinieron de todos los rincones del mundo.

En las pantallas gigantes, las comunicaciones técnicas, conferencias de prensa y transmisión en dúplex se sucedieron bajo el foco de las cámaras.

A las doce del mediodía, el equipo estadounidense de Fermilab brinda por este primer éxito del LHC. Es medianoche en Chicago, pero qué importa: los colegas del otro lado del Atlántico vinieron en pijama y gorro de dormir para saludar el acontecimiento en el cual también tuvieron su parte; al igual que los japoneses, los indios, los canadienses y otros especialistas venidos de otros rincones.

Un milmillonésimo de segundo

"Estaba seguro que iba a funcionar, pero no pensé que lo íbamos a conseguir tan rápido", señala Daniel Denegri, un veterano de la física de partículas del Centro Nacional Francés de la Investigación Científica (CNRS).

Menos de una hora hizo falta para llegar a dirigir un haz de partículas, primero en fracciones del trayecto y luego en vueltas completas al anillo. Todo funcionó mucho mejor que con el antiguo acelerador LEP, el predecesor del LHC, que necesitó de 12 horas para realizar una operación similar.

La hazaña es de una complejidad inaudita. Es fruto del trabajo de años de concepción, construcción y puesta a punto para llegar a sincronizar al milmillonésimo de segundo los miles de elementos que componen la máquina.

"El desafío principal consiste en mantener los protones en el interior del tubo", explica Daniel Denegri. Si salieran, podrían perforar un agujero en uno de los imanes gigantes que los dirigen.

En efecto, los tubos sólo sirven para crear el vacío en el cual circulan los haces. De hecho, si hubiera sido posible construir el LHC en el espacio, se hubiera podido prescindir de tal maquinaria.

El congelador más grande del mundo

"Esta máquina es seguramente más compleja que los cohetes que llevaron el hombre a la luna", explica John Ellis, un hombre de melena blanca e hirsuta con aspecto de viejo sabio y una camiseta cubierta de ecuaciones como las que se pueden ver en las 4.000 pizarras negras del CERN.

"Pero lo que acaba de suceder no es más que una etapa de un largo camino", añade este veterano de la física de partículas.

A la etapa siguiente se llega en la tarde, con la primera vuelta al anillo de un haz de partículas que circuló en sentido contrario del primero. En el tiempo entre ambas vueltas, los ingenieros han tenido que proceder a ciertos reajustes del sistema de refrigeración de los imanes, que, por si fuera poco, hace del CERN el congelador más grande del mundo.

Dentro de pocas semanas se harán colisionar los primeros haces en la dirección inversa. Se ha comenzado a niveles energéticos bajos antes de acelerar progresivamente la potencia.

Hay que contar con un período más o menos largo de ajuste y calibración de los cuatro grandes detectores de la máquina, que permitirán interpretar los resultados de las colisiones.

"Comenzaremos a hacer física real en algunos meses y en tres años el colisionador llegará a su régimen nominal", manifiesta Daniel Denegri. "Estoy convencido de que si el bosón de Higgs existe, esta máquina permitirá encontrarlo."

La búsqueda de esa partícula que explicaría por qué las otras tienen una masa, es efectivamente uno de los objetivos del nuevo acelerador. No obstante, también podría ser que esa partícula no exista. "Para este caso disponemos de teorías alternativas, y el LHC también permitiría verificarlas", asegura el físico francés.

El fin del mundo no será mañana

¿Y ese famoso agujero negro, que tantos temores ha provocado, y que podría nacer en el seno de la máquina para engullir la Tierra o incluso el universo?

"No existe ningún riesgo", reitera John Ellis. "Cada día nos bombardean partículas del espacio que son mucho más energéticas que nuestros protones y aún seguimos vivos."

Una certitud compartida por el conjunto de la comunidad de físicos que sabe que los minúsculos agujeros negros que el LHC podría tal vez crear, no alcanzarían jamás la masa requerida para devorar lo que fuera; además, desaparecerían en una fracción de segundo.

No obstante, en la misma mañana de este día histórico, un periódico gratuito lanza un foro Internet para preguntar a sus lectores lo que harían si el fin del mundo llegase mañana... En otra de sus páginas, el mismo diario nos explica que un agujero negro sólo podría formarse con el colapso de una estrella con una masa 25 veces superior a la de nuestro sol.

¿Dónde se encuentra el error?

swissinfo, Marc-André Miserez
(Traducción del francés: Antonio Suárez Varela)

E = MC2

El Gran Colisionador de Hadrones (LHC) se compone de dos tubos circulares de 27 kilómetros de circunferencia, en los cuales se hacen circular haces de protones a contracorriente antes de hacerlos colisionar.

Guiados y acelerandos por más de 1.800 imanes supraconductores, los protones alcanzan una velocidad próxima de la de la luz y almacenan una energía tan grande que sus colisiones crean nuevas partículas. La energía liberada se condensa en materia en virtud de la ecuación famosa de Einstein E = mc2.

Estas partículas son las mismas que existieron instantes después del Big Bang, la explosión inicial de la que nació el universo hace más de 13 mil millones de años.

Las partículas así creadas son tan pequeñas y sus vidas tan breves que, para poder ver sus trazas, hubo que construir detectores gigantes ultrasensibles. El más grande entre ellos, conocido por el acrónimo CM, pesa 12.500 toneladas; puede ser comparado con una cámara de foto numérica que toma 40 millones de imágenes 3D al segundo, con una resolución de 100 millones de píxeles.

Fin del recuadro
(swissinfo.ch)


Enlaces

Neuer Inhalt

Horizontal Line


swissinfo en español en Facebook

Únete a la nueva página de SWISSINFO EN ESPAÑOL en Facebook

Únete a la nueva página de SWISSINFO EN ESPAÑOL en Facebook

subscription form

Formulario para abonarse al Newsletter de swissinfo

Regístrese para recibir en su correo electrónico nuestro boletín semanal con una selección de los artículos más interesantes