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Artista tejedora


"Si lo observa, el moho es muy hermoso"




 (swissinfo.ch)
(swissinfo.ch)

Dominique Kähler -alias Madame Tricot - tiene una pasión inusual: ama tejer formas de alimentos. Sus creaciones, que van desde salchichones y faisanes enteros, hasta delicados pastelillos ingleses, han generado mucho interés, lo que fascina a la psiquiatra jubilada.

Con su atuendo médico, Kähler, 65, me recibe en su oficina en Wil, cerca de San Gall. Luego de practicar la psiquiatría y la terapia natural durante 40 años, actualmente dedica dos días por semana a otra ocupación en el terreno de la salud: la terapia con sanguijuelas. Ella y su esposo fundaron el único criadero de estos gusanos en Suiza para fines clínicos.

Aprovechamos un espacio libre entre sus citas para beber un café. De cabello cano, maneras finas y cálidas, que deben ser muy apreciadas por sus pacientes, Kähler solo muestra un signo de su alter ego: su collar verde agua, tejido a mano, por supuesto. Tras observarlo de cerca lo inusual salta a la vista: dos ranas plásticas entre el tejido.

De hecho, con frecuencia se encuentra alguna característica fuera de lo común en las creaciones de Kähler. Por ejemplo, la cabeza de cerdo tejida, con fruta - también tejida-, en su hocico. Un refrigerador está repleto de carne, queso y limones; todos tejidos. Y si mira bien, dos salchichas mohecidas, entre los singulares comestibles.

“Es la razón filosófica por la que tejo comida”, indica la artista. “No quiero tejer ni animales vivos, ni gente. Considero irrespetuoso tratar de capturar la vida. Por eso tejo comida”.

¿Por qué la comida en particular? “Primero, porque tengo un buen conocimiento anatómico como doctora que soy. Segundo, la carne, si bien es de un animal muerto, en realidad, sigue, de algún modo viva; la podemos comer. Se ve bien y es posible tejerla”.

Fascinación por el moho

El moho le fascina especialmente a la profesional de la salud, por ser la frontera entre la vida y la muerte, símbolo del proceso de descomposición. Kähler se interesa por todas las etapas de este desarrollo, desde las primera esporas que surgen en la carne, hasta que esta queda recubierta por entero por estos hongos, atrayendo a las moscas.

En una reciente aparición televisiva, ella llevaba puesto su collar de salchichas enmohecidas tejidas, lo que encantó  al presentador del programa.

“Si observa el moho de cerca, es muy hermoso. Es como una flor. Puede ser verde o rojo, con una corona blanca. Cuando la gente mira el collar y se percata de lo que es, dicen, ‘¡Oh!, repugnante’, pero a mí me gusta esta ambigüedad. Depende del modo en el que usted vea las cosas”.

Hace apenas dos años, Kähler empezó con el tejido tridimensional de alimentos y su trabajo ya ha despertado un gran interés. Tejer parece estar de moda en Suiza, afirma.

Además de su aparición en TV, ha sido objeto de numerosos artículos en revistas y diarios. ‘Madame Tricot’, como la llaman, también es solicitada por los museos. Actualmente algunas de sus salchichas tejidas se presentan en el Museo Mühlerama en Zúrich.

El misterio del esqueleto… tejido

Y su refrigerador con alimentos se exhibe en la tienda Novalanawool en Winterthur. Pero justo allí fue robada una de sus creaciones: el esqueleto de un pescado. “Se trata de una pieza única. No creo que el ladrón quiera mostrarlo en público, porque yo nunca vendo mis piezas. Tal vez lo devuelve”, confiaba Kähler. Y así fue. La pieza fue restituida tan misteriosamente como desapareció, luego de un llamado para recuperarla, a través de los medios sociales en Internet.

Este esqueleto y un pescado entero (es decir, antes de haberlo comido) fueron las dos primeras piezas de alimentos que Madame Tricot realizó.

Con el impulso de su familia, continua creando. Le resulta difícil decir cuánto tiempo le toma hacer una pieza, comenta, porque siempre está tejiendo: en el tren, mientras cuida de sus dos nietas -tiene dos hijas- o mientras espera su comida en el restaurante.

Acaba de empezar a tejer un ‘Black pudding’, tras su reciente visita a Inglaterra para aprender sobre el tejido con maquinaria. Orgullosa, me muestra el encantador hilo de lana que utiliza para hacer este salchichón, una especialidad británica.

Nacida en el seno de una familia francesa en París, Kähler estudio Medicina para cumplir la voluntad de su padre, pero también cursó Historia del Arte en la Escuela del Louvre. El amor la trajo a Suiza. Obtuvo su naturalización hace 40 años.

A Kähler siempre le han gustado el tejido, los textiles… y la comida. “Crecí en una familia de gastrónomos y recibimos muy buenos conocimientos al respecto. No es lo mismo en Suiza, donde cocinar es menos espectacular. Sin un rey, aquí no hubo la ‘grande cuisine’. Esto lo extraño un poco”, indica. Esta es la razón que explica por qué sus piezas parecen conformar los alimentos requeridos para un gran festín, y con la ventaja de poder agregar a este banquete de aire francés una tarta victoriana; le gusta la tradición británica de los grandes pasteles, y todo este placer sin tener aumento de peso, bromea.

Tejer, calma

Cuando tiene tiempo, Kähler se ocupa de su jardín, pero considera que tejer es el mejor antídoto para el estrés.

Sostiene la filosofía de Rudolf Steiner de mantener una imagen en el cerebro durante varios minutos mientras se medita. Ella lo hace mientras teje: con la imagen, por ejemplo, de una cabeza de cerdo, mientas la reproduce en su tejido tridimensional.

No sigue un plan previo para tejer sus objetos: ella simplemente los crea y cada uno es único. “El trayecto es el destino” subraya. Cada alimento es hecho con emoción, y esta es la razón de que guste tanto a la gente, supone. “Ese es el secreto del arte”.

¿Y la psiquiatra recomienda el tejido como terapia?

“Sí, por supuesto. Esta filosofía de meditación también aplica para los pacientes. Con frecuencia, las cosas simples son las mejores”.


Traducción del inglés, Patricia Islas, swissinfo.ch



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