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Ayuda al desarrollo


Objetivos del Milenio: ¿Mucho ruido y pocas nueces?


Por Frédéric Burnand, Ginebra


Haití, el país más pobre del hemisferio norte, se veía especialmente afectado por los Objetivos de Desarrollo del Milenio. (Thomas Kern)

Haití, el país más pobre del hemisferio norte, se veía especialmente afectado por los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

(Thomas Kern)

En 2015, la ONU prevé poner en marcha un ambicioso programa de “desarrollo sostenible”, que extenderá y mejorará los ocho Objetivos del Milenio. Pero, ¿qué queda de ese programa mundial de lucha contra la pobreza? Las respuestas de tres especialistas en economía del desarrollo.

La movilización comienza en 2000 con la adopción por parte de los 189 Estados miembros de la ONU, de la Declaración del Milenio que proclama la voluntad de los signatarios de hacer frente a la pobreza en el mundo. Un compromiso no vinculante enmarcado por los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

La consultora Nina Schneider, exjefa de política de desarrollo en Alliance Sud (una coalición de ONG suizas), acoge con satisfacción el principio del enfoque: “Los ODM han sido eficaces en la movilización de los gobiernos y la sociedad civil de todo el mundo en favor de un catálogo de prioridades sociales importantes. Las metas mensurables y con plazos definidos (2015) sirvieron para mejorar los servicios en la lucha contra la pobreza”.

Economista en materia de Desarrollo en el Instituto de Estudios Superiores Internacionales y de Desarrollo (IHEID, Ginebra), Jean-Michel Servet recuerda el contexto de esa iniciativa de la ONU: “En los años 90, el desarrollo se basó en gran medida en políticas neoliberales (sobre el Consenso de Washington, Ndlr). Se encontró que la atribución de la ayuda al desarrollo, fundada sobre esos principios, tenía efectos catastróficos con aumento de la pobreza. Los ODM han permitido una toma de conciencia de que los mercados no podían resolver todos los problemas relacionados con la pobreza”.

¿Con sus Objetivos del Milenio, la ONU y sus miembros han logrado invertir la tendencia? Nada es menos seguro.

La pobreza y sus múltiples factores

El primer objetivo, establecido 2000, era reducir a la mitad la tasa de pobreza extrema. “Es gracias al crecimiento económico de China que el conjunto de los países en transición y en desarrollo han logrado reducir a la mitad, ya en 2010, su tasa de pobreza, en comparación con 1990”, dice Nina Schneider.

Profesor en el IHEID, Jean-Louis Arcand es aún más escéptico: “Como economista del desarrollo y con amplia experiencia en el terreno, yo mismo, y muchos colegas, nos interrogamos sobre la utilidad de este tipo de ilusiones, ya que sabemos que se trata de ilusiones.   

“Tomemos, por ejemplo, la definición de pobreza extrema del Banco Mundial (BM), es decir, 1,25 dólares por día. Nos centramos entonces en los que ganan menos de esa cantidad. Pero, ¿qué hacemos con los que reciben 1,8 o un poco más? Hay una tendencia a focalizarse en categorías basadas en una característica, mientras que la situación es mucho más compleja.

“Para que un programa de lucha contra la pobreza funcione, debe incluir a las clases medias. Y eso es para que no se empantane el programa, como se ha visto en Argentina.

“Además, los ODM no hablan de la desigualdad y la redistribución”.

Más crítico respecto al actual sistema económico, su colega, Jean-Michel Servet añade: “Lo que no hemos querido ver es que la pobreza está determinada fundamentalmente por las desigualdades y la discriminación. Si no luchamos contra la discriminación en sí misma, se reproduce la pobreza”.

Nina Schneider agrega: “Los ODM también han sido contrarrestados por la política dominante de los países industrializados desde la década de 1990. Esta consiste en imponer reglas comerciales que le son favorables y a globalizar los mercados financieros desregulados. Esto ha obstaculizado el desarrollo de muchos países pobres, sumiendo al mundo en la peor crisis económica desde la década de 1930, y ha llevado a superar los límites ecológicos de nuestro planeta”.

Sin seguir esta crítica radical de la economía, Jean-Louis Arcand apunta al funcionamiento de la ONU: “Cuando se fijan objetivos acordados en las salas de comité de Nueva York o Ginebra, se crean incitaciones a veces completamente pervertidas. Uno se centra en ciertos objetivos por razones políticas u otras, descuidando otros. Eso puede pervertir la aplicación de diferentes programas por la estrechez misma de los objetivos fijados”.

Los límites de la ayuda al desarrollo

Para el nuevo milenio

Durante la 69ª sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que se abre en Nueva York el 16 de septiembre, un grupo de trabajo se reunirá para hacer un balance de las negociaciones sobre los ‘Objetivos de Desarrollo Sostenible’ (ODD).

Este nuevo catálogo de medidas debe ser adoptado durante una cumbre mundial, con ocasión de la próxima Asamblea General de la ONU en septiembre de 2015.

Establecido en 2012, el grupo de trabajo está formado por representantes de 30 países. Suiza comparte curul con Alemania y Francia.

Fuente: ONU

Sin embargo, la ONU se enorgullece de una serie de avances. “Se han logrado progresos considerables en la consecución de los Objetivos del Milenio, y diversos objetivos específicos han sido alcanzados a escala mundial, así como en algunos países”, subrayó el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en su informe sobre los ODM en 2013.

“Los esfuerzos concertados de los gobiernos nacionales, de la comunidad internacional, de la sociedad civil y del sector privado han permitido dar esperanza y oportunidades a los individuos en todo el mundo”, insistió el mandatario de la ONU en el informe 2014.

Una afirmación que no convence a Jean Louis Arcand: “Ningún país del mundo ha salido de la pobreza merced a programas de ayuda al desarrollo financiados por el Banco Mundial o la Unión Europea. Los países que salen son aquellos en los que el sector privado y el entorno institucional son sólidos. No es un presupuesto de ayuda al desarrollo el que pone a un país en crecimiento”.

Sin embargo, fuentes sustanciales de financiamiento de los programas de desarrollo, el Banco Mundial (BM) y sus extensiones regionales han invertido mucho en la implementación de los ODM, como recuerda Nina Schneider. “Como donadores con fuertes capitales, esas instituciones financieras juegan un papel importante en la selección, el financiamiento y la evaluación de los programas. Son capaces de sancionar a los países que se niegan a poner en práctica sus principios y medidas. Pero contribuyen poco a un reparto equitativo de la carga  en el plano internacional o a la justicia fiscal, comercial y financiera”.

La falta de recursos financieros

Jean Michel Servet destaca el peso exorbitante de los actores financieros: “Todos actúan para que haya un mínimo de impuestos. Si no hay un retorno a algunos impuestos, no veo la forma de resolver los problemas señalados por la ONU. No es el mercado el que produce la democracia, sino el impuesto, a condición de que las asambleas parlamentarias lo decidan. ¿Cómo desarrollar la democracia si se debilita el Estado al reducir la punción fiscal?”

De hecho, los Estados que normalmente financian programas de desarrollo son reacios a aumentar su contribución, lo que ensombrece los próximos objetivos que deben adoptar los miembros de la ONU el próximo año, un nuevo catálogo cuya piedra angular será del desarrollo sostenible.

Un concepto de “cajón de sastre”, dice Jean-Louis Arcand, para destacar: “El verdadero poder económico lo tienen las multinacionales. Pero su responsabilidad social es también un punto de vista banal blandido por las Naciones Unidas. Lo esencial está en la capacidad de los países para poner en marcha un entorno institucional sólido y estimulante”.

Por su parte, Nina Schneider quiere creer en la utilidad de los nuevos objetivos de la ONU: “Una agenda global para el desarrollo post-2015, que tenga en cuenta las disparidades sociales y los límites del planeta, ofrece la oportunidad única de superar las deficiencias manifiestas de los ODM. Esta agenda debería basarse tanto en los derechos humanos como en los principios de Río de 1992.

“Sin una agenda semejante, el mundo se dirige hacia una creciente desestabilización social y ecológica, cuyas consecuencias sociales serán difíciles de gestionar políticamente”.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODD), en negociación, parecen apuntar en esa dirección. Impotente para lograr la paz en el mundo, la ONU se juega en ellos su credibilidad en materia de desarrollo. 


Traducción del francés: Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch

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