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Búnkeres suizos Solo los ministros tenían habitación individual

El subsuelo de Suiza oculta una gigantesca red subterránea. De conectar todos esos pasajes, se podría formar un túnel de 3 780 kilómetros, la distancia que separa a Zúrich de Teherán. Una dimensión colosal si se considera la minúscula talla del país.

Entrada a la 'Ventana de Bedretto'. Con sus 5,5 km es el túnel ferroviario más largo no utilizado de Suiza. Une los cantons del Valais y del Tesino.

Entrada a la 'Ventana de Bedretto'. Con sus 5,5 km es el túnel ferroviario más largo no utilizado de Suiza. Une los cantons del Valais y del Tesino.

(kusterfreyfotografie.ch)

Recién publicado, ‘Die Schweiz unter Tag’Enlace externo (La Suiza subterránea) es un libro apasionante y mordaz. Apasionante, puesto que doce reportajes nos proponen un viaje de exploración a través de cámaras de tesoros, centrales hidroeléctricas, laboratorios de alta tecnología, hospitales, túneles y cuevas secretas, incluido el búnker ‘súpersecreto’ del Consejo Federal (Gobierno). Mordaz, ya que desvela una extraordinaria mirada defensiva de Suiza sobre el mundo.

Jost Auf der Maur: "Quien se interese en Suiza, debe considerar también el país artificial que se construyó bajo tierra". 

(Tom Haller/Echtzeit Verlag)

El refugio más grande del país

La Suiza subterránea es curiosa. Con 360 000 refugios privados y 2 300 instalaciones de protección civil, hay suficiente lugar para albergar a toda la población en caso de catástrofe. Verdaderas ciudades subterráneas sirven como refugios. Aún existentes, las construcciones de protección civil pueden ser visitadas.

Por ejemplo, la ciudad-bunker de Sonnenberg, cerca de Lucerna, construida a lo largo de seis años e inaugurada en 1976, fue ideada para hacer frente a una eventual tercera guerra mundial, y para dar cabida a 20 000 personas. “Si quisiéramos hacerla estallar, habría que volar la mitad de la ciudad de Lucerna”, señala Jost Auf der Maur. El autor del libro que nos ocupa comenta con cierta ironía: “Suiza colonizó descendiendo hacia el centro de la tierra”.

¿Suiza no confía en el mundo?

Jost Auf der Maur es un agudo observador de las curiosidades a menudo poco visibles de su país. Su texto permite advertir la manera en que esta imponente construcción subterránea representa una reacción psicológica del país al mundo que se encuentra en la superficie.

Su fascinante exploración penetra no solamente en las profundidades de la tierra, sino también de la historia y la mentalidad de una Suiza que por mucho tiempo ha estado estrechamente vinculada a esta infraestructura hermética y subterránea.

Este gigantesco sistema de protección plantea inevitablemente una pregunta poco halagüeña: ¿Suiza desconfía tanto del futuro? “No obstante, yo siempre he querido descender a este mundo subterráneo porque es representativo de Suiza, y una peculiaridad de dimensiones inimaginables”, explica el autor en su libro.

El búnker del Gobierno

Un capítulo entero está dedicado al búnker del Consejo Federal construido en Amsteg, cantón de Uri. Lo que se esconde detrás de los acantilados es difícil de creer. Este “corazón de piedra” de Suiza habría podido salvar a los ministros durante la Segunda Guerra Mundial. “3 000 metros cuadrados de espacio residencial y de oficinas en dos plantas, una sede del Gobierno en las montañas”. Y todo ello con las instalaciones y el confort necesarios. Hay tres clases de dormitorios: para el Consejo Federal (habitación individual), los funcionarios (habitación doble), el personal de servicio (literas).

En 2002, la instalación fue vendida “por unas migajas”. El nuevo propietario la convirtió en depósito de seguridad, como lo explica el libro, donde guarda oro, plata, diamantes, dinero en efectivo, obras de arte y otras piezas preciosas. Un tesoro que no corre el riesgo de acabar “bajo los fastidiosos controles de las autoridad de supervisión de los mercados financieros”.

10 000 muertos

Escritor y periodista, Jost Auf der Maur recuerda también que la construcción de esta obra monumental costó la vida de 10 000 personas, mientras que otras 50 000 quedaron marcadas de por vida. “Estas cifras son comparables a las de una guerra. Las personas que hicieron esa guerra por nosotros venían casi todas del extranjero. Y es hora de que les rindamos homenaje”. 

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Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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