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Carlos Iglesias


El reencuentro de Martín y Marcos en Uzwil


Por Rodrigo Carrizo Couto, Berna


Carlos Iglesias arropado por sus actores durante el rodaje de '2 francos, 40 pesetas'. ()

Carlos Iglesias arropado por sus actores durante el rodaje de '2 francos, 40 pesetas'.

El cineasta madrileño ha presentado en Berna la comedia ‘2 francos, 40 pesetas’, segunda parte de su exitosa opera prima ‘Un franco, 14 pesetas’. En esta nueva entrega, los exemigrantes españoles vuelven en 1974 a una Suiza cambiada y en plena crisis del petróleo.

Día de fiesta y acentos españoles en el Kino Kunstmuseum de Berna, donde un nutrido grupo de miembros de la colonia se ha dado cita para disfrutar de las nuevas aventuras de los ya célebres emigrantes Martín (Carlos Iglesias), Marcos (Javier Gutiérrez), sus amigos y familia.

“Esta nueva película nace a pedido de la gente, pues la primera parte les supo a poco y a menudo me preguntaban qué había sido de la vida de estos personajes”, explica Carlos Iglesias, acompañado de las actrices Isabel Blanco (Hanna) y Eloísa Vargas (Luisa), antes de la proyección al público que llena la sala.

Tiempos duros para la inmigración

Numerosos invitados al preestreno de 2 francos, 40 pesetas comentaron que “la historia se repite”, hoy se vuelven a ver inmigrantes españoles que buscan un futuro en Suiza. Pero los tiempos han cambiado.

El pasado 9 de febrero, los suizos aprobaron por un estrecho margen de votos la denominada iniciativa Contra la inmigración masiva que propuso la derecha conservadora y nacionalistas (SVP-UDC) para limitar la llegada de ciudadanos de la Unión Europea (UE).

La nueva regulación, que previsiblemente entrará en vigor dentro de tres años, aspira a reestablecer cupos y contingentes de trabajadores extranjeros, en función de las necesidades de la economía. Esta política inmigratoria ya fue aplicada en Suiza en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

“Ahora vemos a españoles que vienen con la mochila a Suiza, o durmiendo en el coche…y a lo que pillen”, comenta una invitada que no quiere dar su nombre. “Es algo que nunca antes se había visto por aquí”, opina otro veterano de la colonia española de Berna.

Según la prensa suiza, en algunos grupos de inmigrantes empieza a percibirse una creciente hostilidad hacia los recién llegados. ¿Algo así se nota en los españoles? “No. En absoluto. Creo que, a pesar de lo difícil que es todo, seguimos siendo abiertos y solidarios”, zanja otra las invitadas, que prefiere también mantener el anonimato.

Suizos alternativos y curas flamencos

2 francos, 40 pesetas comienza a finales del régimen franquista, en un Madrid ocupado por los grises y donde se respira la crisis laboral. Martín sobrevive haciendo chapuzas y las pasa moradas para llegar a fin de mes. Su hijo Pablo, de 19 años, decide volver a Suiza para visitar esa tierra idealizada donde él y sus padres vivieron en los años dorados.

Pero la Suiza soñada ya no es la que era, y Pablo se encontrará viviendo en Uzwil en una comunidad de hippies (“alternativos”, aclaran los interesados), donde descubrirá el fumar hierbas prohibidas y los placeres del sexo en brazos de una bella colombiano-suiza.

A partir de ahí descubrimos una galería de personajes entre los que figuran todos los entrañables emigrantes de la primera entrega. A ellos se suman un franquista con una maleta repleta de billetes para depositar en un banco suizo, una española casada con un suizo que mira por encima del hombro a los nuevos emigrantes y un cura demencial, aficionado a los licores y el flamenco. Juntos vivirán un bautizo de antología que recuerda los mejores tiempos de la gran comedia costumbrista española.

“Casi todos los personajes que aparecen en la cinta están sacados de la vida real. Son partes de mi propia historia, por ejemplo el cura que tenía por misión preservar la moral y las buenas costumbres de las jóvenes emigrantes españolas”, explica Carlos Iglesias, tras la proyección al público que aplaude entusiasta.

De hecho, el personaje del cura cantaor de flamenco y aficionado al alcohol protagoniza uno de los momentos más hilarantes de una película que arranca las carcajadas del público. “Los suizos creían que su cante flamenco eran quejidos por alguna enfermedad, y nos preguntaban muy preocupados si el cura se encontraba bien”, anota Carlos Iglesias.



Retrato de una época...

Para Carlos Iglesias ver esta película rodeado de gente que vivió en primera persona aquella época tiene un significado especial. “Mucho, sin duda alguna. Llevamos diez días por toda Suiza, mostrando la película a emigrantes antiguos y a españoles que han llegado hace dos meses. Y todos se conmueven y se ríen con ella. ¡También los suizos! Nos alegra mucho ver que incluso a ellos les entusiasma”, señala el guionista y director.

“En esta entrega yo muestro una Suiza vista con ojos de alguien de 19 años. En la anterior tenía cuatro y no era consciente de muchas cosas; como que Suiza era un paraíso fiscal. De todas maneras, mantengo un respeto y un amor por este país que quedan absolutamente claros. De hecho, la escena en la que el personaje sube a los Alpes y dice no quisiera que Suiza me gustara tanto no pensé ponerla… Pero al final lo hice, porque es algo que sigo sintiendo aún hoy”.

La pregunta es si la película refleja de manera exacta la Suiza de aquellos tiempos. Muchos de los españoles presentes en Berna llegaron a Suiza en la misma época que el cineasta y recuerdan con claridad aquellos años.

“Vine en 1975 de vacaciones y, al igual que el chico protagonista, quise quedarme. Yo viví la época cuando un franco suizo eran veinticinco pesetas. La diferencia entre España y Suiza era enorme. Aquí todo era más liberal, más moderno, más abierto…y esa realidad Carlos sabe reflejarla estupendamente. La película es fantástica. La recomiendo”, afirma Amalia Jurado.

Una filmografía ‘Made in Switzerland’

Nacido en Madrid en 1955, Carlos Iglesias alcanza la fama con el personaje del obrero Benito en la serie televisiva Manos a la Obra. Gracias a esta popularidad, consigue financiación para un primer largometraje, basado en sus vivencias en la idílica Suiza de los años 60, a donde emigró con sus padres.

Un franco, 14 pesetas (2005), distinguida con tres premios en el Festival de Málaga, se convierte en un éxito de taquilla, con 300.000 entradas vendidas, y obtiene una nominación a los Premios Goya al Mejor Director Novel. Las posteriores proyecciones de la cinta en TVE permitieron que 15 millones de telespectadores vieran la opera prima de Carlos Iglesias.

Su segunda película de ficción, Ispansi, filmada en la región del Jura y La-Chaux-de-Fonds, es sin duda la más ambiciosa. Se trata de un drama épico ambientado en plena Segunda Guerra Mundial que narra las desventuras de los llamados Niños de la Guerra, que huyeron de la Guerra Civil Española para refugiarse en la Unión Soviética de Stalin. Carlos Iglesias logra transformar las ciudades y paisajes helvéticos en una dura Rusia en tiempos de guerra.

2 francos, 40 pesetas es la nueva entrega de las andanzas de Martín (Carlos Iglesias) y su amigo Marcos (Javier Gutiérrez) amigos. Escrita y dirigida por el cineasta madrileño, la cinta es una coproducción hispano suiza de Juan Gona (Madrid) y Dschointventschr (Zúrich) que ha recibido el apoyo del ente público suizo SRG SSR y del cantón de San Gall. Su estreno en salas comerciales helvéticas está previsto para el 12 de junio.

... y vivencias compartidas

“Nos ha hecho pasar un buen rato en el que hemos disfrutado de cada minuto. Es una película que parte de experiencias vividas por Carlos Iglesias, pero que hemos compartido muchos. Yo había visto la primera parte, así es que tenía muchas ganas de ver esta continuación, y en mi opinión supera a la precedente”, comenta a su vez el cónsul general de España en Berna, Arturo Pérez Martínez.

Un parecer con el que coinciden otros españoles presentes. “Me ha gustado más que la primera porque tiene un cierto punto de desdramatización, y es más objetiva en su visión de Suiza. Todo está más equilibrado y hay más distancia”, opina Teresa Palacios.

Pero no todos parecen haber disfrutado más con esta segunda entrega. “Yo soy de las pocas personas a las que le ha gustado más la primera. La he visto más tierna y más dulce. También pienso que debe ser más atractiva para los que la ven desde España, porque para nosotros es la vida de todos los días”, indica Lola Gómez.

¿Y los que no conocen Suiza también la disfrutan? “Muchísimo, porque la gente cada vez viaja más y todos tienen familiares que viven en el extranjero. Es una buena visión de lo que se pueden encontrar al emigrar”, valora esta española residente en Berna.

“Vine a Suiza a ver a mi sobrino, y me encantó descubrir este país con tanta libertad. Así que decidí quedarme, entre otras cosas, porque en Madrid estaba obligada a volver a casa a las 10 de la noche, mientras que aquí podía volver a las 3 de la mañana, y encima ganaba buen dinero”, comenta Ana Freije, que vive en Suiza desde hace 31 años.

Y la proverbial limpieza suiza, puntualiza, no es solo un tópico, sino una realidad: “Tras llegar a Suiza en los años setenta, un día tiré una colilla al suelo en la parada del autobús. Sin decir palabra, una señora mayor se levantó, la recogió del suelo y la tiró a la basura. Nunca he olvidado esa pequeña gran lección de civismo”.

Esta asturiana, que hoy es cocinera de la Embajada de España, concluye: “Quiero destacar que nunca me sentí extranjera en este país. Los suizos siempre nos han aceptado y tratado con absoluta educación”.

A partir del 12 de junio, la película de Carlos Iglesias comenzará su andadura en cines de toda Suiza. Queda ahora por ver si las aventuras de estos simpáticos inmigrantes son capaces de conmover a los suizos de la misma manera que lo hicieron con el público de la colonia española de Berna.

swissinfo.ch



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